Evitar pandemias, proteger la biodiversidad y fomentar ecosistemas sostenibles es una obligación, porque al ritmo actual, en las próximas décadas perderemos una de cada ocho especies del planeta.

Debemos repensar nuestros modelos de producción y consumo. La pandemia de COVID–19 nos enseña que la salud del planeta está en nuestras manos. Indica recientemente un estudio de la Universidad de Cambridge, y António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, que ahora más que nunca es necesaria la solidaridad y la ambición de transitar hacia una economía sostenible, resiliente y baja en emisiones de carbono. Los modelos de producción y consumo desmedido deben dejar paso a un sistema que garantice la dignidad de todas las personas y el uso sostenible de los recursos para las siguientes generaciones. Algunas propuestas son el uso de energías renovables y el fomento del comercio justo. El 75 % de las enfermedades nuevas que infectan a las personas proviene de animales, la viruela del mono, la gripe porcina, la gripe aviar, el ébola, el VIH, la salmonelosis, hidatidosis, el MERS, el SARS, etc.; y del COVID–19, una investigación de la Universidad de Harvard dice que la mortalidad por la pandemia es mayor en la población expuesta a elevados índices de contaminación.

La alteración climática, el sobrecalentamiento global, la explosión demográfica y el exceso de automotores están acabando con el planeta y con nuestro escudo protector contra bacterias, hongos y virus que estaban destinados para especies animales y vegetales que ya no existen porque las hemos destruido; estos como la KPC, la cándida auris, COVID–19, respectivamente, al saltar directo a la especie humana lo hacen con más agresividad y letalidad, por lo cual los científicos prevén que las futuras pandemias serán más letales que el COVID. (O)

Francisco Plaza Bohórquez, doctor en Medicina, Guayaquil