En medio de una cultura que suele obsesionarse con el éxito temprano, surge una reflexión que invita a replanteártelo todo. Roberto Gómez Bolaños, recordado mundialmente como Chespirito, dejó una idea que va más allá del entretenimiento: la verdadera juventud no depende de los años, sino de la capacidad de soñar y proponerse objetivos.
Cuando se le preguntó qué consejo ofrecería a las nuevas generaciones, su respuesta fue tan simple como reveladora: tener proyectos. En su visión, una persona sigue siendo joven mientras conserva metas y aspiraciones. Quien deja de soñar, aunque tenga pocos años de vida, empieza a envejecer por dentro.
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Lejos de ser solo palabras, su trayectoria respalda ese pensamiento. Bolaños alcanzó sus mayores éxitos en una etapa de la vida en la que muchos creen haber llegado tarde. Fue después de los 40 años cuando dio vida a personajes que marcarían la historia de la TV en América Latina. Su legado cruzó fronteras y también rompió con el mito de que el tiempo es un enemigo para comenzar.
Esta perspectiva conduce a una reflexión más profunda. Muchas veces se asocia la pobreza únicamente con la falta de recursos materiales, pero existe otra forma menos evidente: aquella que nace cuando se pierde la motivación.
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A diferencia de las fórmulas rápidas que hoy abundan sobre el éxito, la vida de Chespirito evidencia el valor de la constancia, la creatividad y la visión a largo plazo. Su fortuna más grande no fue únicamente económica, sino el impacto cultural que dejó.
Al final, la enseñanza es contundente: no es determinante lo que se posee en el presente, sino la magnitud de lo que se aspira a construir. Porque cuando se dejan de fijar metas se detiene el crecimiento personal, y es ahí donde comienza la carencia. (O)
Elio Roberto Ortega Icaza, mediador y abogado criminalista, El Coca