Los pasos fronterizos de Zapotillo, Espíndola y Macará – La Tina, ubicados en la zona andina que conecta la provincia de Loja con el departamento de Piura, y de La Balsa, que une Zamora Chinchipe, en Ecuador, con el departamento de Amazonas, en Perú, se encuentran actualmente suspendidos. La ausencia de políticas de desarrollo complementarias convierte las medidas de control en factores que profundizan la vulnerabilidad social en zonas fronterizas, especialmente en territorios rurales con escasa diversificación productiva.
Frente a ello se vuelve indispensable avanzar hacia un enfoque integral de desarrollo fronterizo y seguridad nacional, que reconozca la participación local y la presencia efectiva del Estado con inversión y mejoramiento de las condiciones de vida de la población fronteriza.
La presencia del Estado en zonas fronterizas no puede reducirse a intervenciones esporádicas de carácter coercitivo ni a despliegues uniformados de corta duración que responde más a una lógica de visibilidad política que a estrategias sostenidas de transformación territorial.
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El cierre de la frontera sur de Ecuador, particularmente en la provincia de Loja, se mantiene vigente desde el 24 de diciembre de 2025 por disposición del Gobierno nacional, lo que ha generado una crítica situación económica en la zona. El Gobierno nacional ha decidido mantener el cierre, argumentando la necesidad de frenar el crimen organizado, el contrabando y la minería ilegal.
Únicamente los pasos internacionales de Rumichaca (norte) y Huaquillas (sur) están abiertos, dejando inhabilitados los pasos en Loja, como Macará y Zapotillo.
El cierre persiste tras más de 100 días, causando pérdidas comerciales y turísticas de hasta el 80 % en Macará y Zapotillo. Las autoridades locales han exigido la reapertura, señalando que la economía fronteriza depende del intercambio binacional. La medida, enfocada en la seguridad, ha estrangulado el comercio local, aumentando el desempleo y fomentando pasos informales.
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Los principales perjuicios incluyen: paralización de la actividad comercial y turística en cantones como Macará y Zapotillo, dependientes del intercambio con el norte peruano; afectación directa a emprendedores, pequeños comerciantes, transportistas y al sector hotelero y de servicios de la provincia de Loja; la suspensión del flujo vehicular y de personas en puntos estratégicos ha generado incertidumbre y una “asfixia económica” en los territorios fronterizos. Además, el cierre ha generado un profundo malestar en las comunidades que subsisten del comercio binacional, solicitando la apertura inmediata de los pasos fronterizos. Por su parte, la población y autoridades locales denuncian que la medida fue tomada sin un sustento técnico claro y sin fecha definida para la reapertura, generando descontento. El cierre obliga a comerciantes a utilizar el paso de Huaquillas, lo que implica un recorrido de alrededor de 230 km adicionales, elevando los costos operativos. Los habitantes de Macará solicitan la reapertura de la frontera, pedido al que me sumo con todo respeto y patriotismo, pues es vital mantener las fronteras vivas garantizando su bienestar y desarrollo. (O)
Alfredo Suquilanda Valdivieso, doctor en Jurisprudencia, Quito

















