Definitivamente constatamos una interdependencia planetaria, algo que ya se dejaba entrever en el documento del gran Giovanni Battista Montini, El progreso de los pueblos, en el que invitaba a la justicia, la paz y la solidaridad.

Ahora, se nos invita al humanismo solidario o pleno, ya que atravesamos múltiples crisis que ahondan las inequidades y muestran la injusta distribución de los bienes de la tierra. Antes, esta problemática, la tentación, es la indiferencia; pero hay que reconocer que este mundo actual también nos muestra iniciativas esperanzadoras. Como ya nos decía Joseph Ratzinger, la cuestión social ahora es una cuestión antropológica por lo cual se propone para desarrollar el humanismo pleno: humanizar la educación (poniendo en el centro a la persona y no un sistema económico), propiciar una cultura del diálogo (construyendo puentes en lugar de levantar muros), globalizar la esperanza, caminar hacia una verdadera inclusión y promover redes de cooperación.

Así no dejaremos a nadie a la vera del camino, porque en palabras de John F. Kennedy, “si una sociedad no puede ayudar a sus muchos pobres, tampoco podrá salvar a sus pocos ricos”. (O)

Cristhiam Armando Carpio Castro, Daule