Con profunda gratitud y amor escribo esta carta a la ciudad de Guayaquil por cumplir el 9 de octubre pasado 206 años de independencia, representada en la estatua de la Libertad, que luce con gran nobleza su corona y con los brazos abiertos para recibirnos a todos los que desde cualquier parte del Ecuador llegamos llenos de ilusiones y grandes metas que cumplir.

No hay ciudad comparable con la Perla del Pacífico, ciudad que nos acogió y acoge a todas las personas que por cualquier circunstancia nos decidimos a vivir en ella.

Te llamamos “la ciudad de las grandes oportunidades y libertades”, no en vano te decimos ciudad del río grande y del estero, del cerro y el malecón, de las iglesias más bellas que visitamos con amor.

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Los patriotas que lucharon por conseguir las grandes metas de libertad y honor no se equivocaron en tener pensamientos y acciones libertarias de prosperidad con grandes sueños de que un día, no muy lejano, sería la ciudad de luz que da claridad de pensamientos a quienes llegamos como migrantes con deseos de luchar y triunfar en esta noble y bendita ciudad.

En el parque Centenario, en una columna están impresos los nombres de los grandes héroes que lucharon por la independencia de esta tierra bendita: Olmedo, Febres-Cordero, Villamil, Antepara, etc. Hoy esos nombres están grabados en los corazones de todos los habitantes de Guayaquil, con bellas y grandes letras de colores celeste y blanco, recordándonos que el color celeste indica que el cielo está cerca de nosotros y el blanco que lo alcanzaremos con el amor y la gratitud de todos los habitantes de esta noble y libérrima tierra.

Siguiendo los pasos de estos héroes luchamos a diario por engrandecer esta preciosa tierra de Guayas y Quil y del migrante trabajador que sale a trabajar día tras día. (O)

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Alicia de Jesús Carriel Salazar, docente jubilada, Guayaquil