La estupenda nueva cadena de supermercados, que ha venido a dar alegrías al país con productos de calidad y precios bajos, debe urgentemente pensar en dar trabajo a un guardia de seguridad privado en cada local, habida cuenta que las tiendas cierran a altas horas de la noche y así disminuir notablemente la probabilidad de que haya otra persona asesinada por parte de estos desalmados delincuentes, que además no tienen hora para buscarse vaga y cobardemente la plata para vivir su desgraciada vida.
Que la sangre derramada por David y sus ilusiones truncadas sirvan para mejorar la seguridad, las condiciones de trabajo de los empleados, así como para dar empleo a más familias. Otro tema que cabe revisar es la carga horaria del excelente personal que atiende y saluda a cada cliente en su ingreso. Debe haber más relevos. Las ventas de esta gran cadena superaron millones de dólares el año pasado. Es insólito que deban ocurrir estas desgracias para que se piense en los empleados de estas grandes empresas.
Igual caso de malas condiciones de trabajo son los de aquellas personas que pasan paradas, sin poderse sentar en la otra gran cadena de supermercados que, en cambio, vendió miles de millones de dólares el año pasado. Cuán poca empatía de quienes la suerte les sonríe, y Dios permite su crecimiento y expansión. ¿Hasta cuándo pensamos de verdad en la gente que pone su sudor, su don de gentes e inteligencia, y que arriesga su físico, y como vemos su vida, por trabajar en condiciones tan poco estimulantes y seguras? (O)
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Diego Fabián Valdivieso Anda, economista, Quito




















