Hasta los setenta años afrontamos las cambiantes realidades y oportunidades que nos da la vida, desiguales para cada uno. Para algunos el primer quinquenio de los setenta es como los sesenta. Para todos, ambos quinquenios traen menos salud y menos capacidad productiva. Forzándolos paulatinamente a replantear sus vidas. A diferenciar, con franqueza y honestidad, lo que aún pueden hacer y lo que ya no. A no sustentar el futuro en quimeras, sino aprovecharlo agradable y productivamente, recogiendo oportunidades de acuerdo con salud y circunstancias.

Retirarse a tiempo

Teniendo claro con qué recursos van a vivir desde entonces y qué hacer si se afectan, gastando lo indispensable, pero sin mezquindades, proveyendo para la esposa. Ayudando a los hijos, ya con rumbo propio. Dando tiempo a los nietos, en su mundo tan difícil de comprender sin criticar, sin aburrirlos con largas remembranzas.

Metamorfosis que deshonra y socava los derechos de sus jubilados

La década de los ochenta pocos la terminan, se cosecha lo sembrado. Estaré más solo, mi mundo se estrechará, así que tengo que vivirla con ilusión y cuidado, dando tiempo a lo que me gusta y alegra, me trae provecho y hago bien, descartando lo que me aburre y angustia. Comiendo lo que me gusta, usando bastón cuando sea necesario, volviendo a leer lo que me gustó, compartiendo con amigos y con pasatiempos; dejando ejemplo y recuerdos para los seres queridos. (O)

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Joaquín Martínez Amador, Guayaquil