En este momento, han pasado muchos años desde que entró en rigor la Ley Orgánica de Educación Intercultural; estamos hablando del año 2010. Muchos profesores graduados en la Universidad de Guayaquil, en las diferentes especializaciones, tienen años laborando en unidades educativas, antes llamadas colegios fiscales, y en escuelas de Guayaquil y del Ecuador.
Todos estos años que han pasado, muchos de ellos con título profesional, con título de docente, no han podido ingresar a obtener un nombramiento y solo han podido trabajar con el contrato ocasional que da el Ministerio de Educación por medio del distrito, donde ganan un sueldo, le dan el área donde tiene que trabajar, las horas que tiene que estar, pero no le reconocen sus años laborados, que creo yo que es algo ilegal.
El contrato ocasional no se puede renovar cada año; eso es antijurídico. El ministerio lo sabe, pero no hacen nada las autoridades pertinentes de cada Gobierno. Estos maestros que tienen tantos años hace mucho tiempo que se ganaron el puesto con su nombramiento. No puede ser posible que, teniendo 15 o 20 años de trayectoria, tengas que concursar para poder tener nombramiento. ¿Dónde están los derechos? Hay muchos de ellos que ya se van a jubilar por la edad y no tienen la seguridad social. Por eso es que el maestro ecuatoriano vive en indefensión.
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Si queremos una educación de calidad, debemos tener alguna consideración por esos maestros que han sacrificado su vida estudiando por vocación. Lamentablemente, el magisterio se ha llenado de profesores que no tienen títulos; y, lo peor de todo, los verdaderos maestros, que tienen títulos, pasaron cinco años en la Facultad de Filosofía y se graduaron, siguen siendo contratados, y a los que entraron sin título ahora el ministerio les da un año, año y medio para que obtengan un título de educación. Eso no es justo. Eso es un maltrato a la psicología del verdadero maestro. ¿Cómo en un año vas a obtener lo que los otros en cinco años estudiaron pedagogía y didáctica?
Ahora cualquiera es contratado sin vocación para ejercer la docencia. Lo sorprendente es que al maestro se le ponen cargas que no son de su especialización. En este país se cree que el profesor de Filosofía puede dar Matemáticas, Inglés o Química. Eso es algo totalmente fuera de contexto.
Es necesario que se respeten los derechos de los maestros y que se le dé su nombramiento, ya que este se lo ganó por los años de trabajo en las instituciones públicas.
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El Estado tiene que reconocer a esos profesores los años en que no les ha pagado lo que tenía que haberles dado por honor, por dignidad, por respeto, por solidaridad con esos maestros que han educado a muchos profesionales, pero que lamentablemente con las nuevas leyes están imposibilitados de enseñar.
Autoridades, ustedes tienen la decisión de cambiar esta educación. La educación debe ser de calidad y no de cantidad. (O)
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Alexander Wladimir Frías Gómez, maestro y abogado, Guayaquil


















