Viajé a mi entrañable Guayaquil con mi hija de catorce años, quien no volvía desde hace casi 3 años y tenía deseos de encontrarse con sus amigas. La ciudad nos sorprendió por su crecimiento, nuevas construcciones; luces led de colores engalanaron nuestro sector en la avenida León Febres-Cordero. Nuestra estadía fue placentera.
Ya de regreso a Estados Unidos, de madrugada, pretendimos desayunar en la sala de espera del aeropuerto de Guayaquil, un sánduche de pan cruasán con jamón y queso: $7 y pico, decía la carta. Y un “desayuno” con “café”, que aparte de lo mencionado solo incluyó un revoltillo de huevo simple, y para mi hija lo mismo, pero en lugar de café un vaso pequeño de chocolate, incluidas dos botellas de 500 cc de agua. La cuenta fue de $27,20 más impuestos.
Fue inevitable comparar con un consumo de 7 días antes en el aeropuerto de Miami, donde por la comida y dos bebidas para tres personas pagué $ 30, incluidos los taxes o impuestos. ¿Qué ente regula los precios de venta en el interior del aeropuerto José Joaquín de Olmedo de Guayaquil? Fuimos anteriormente a un restaurante, chifa, del norte de Guayaquil, pedí la carta y cuando pregunté por qué incorporan un listado de precios en efectivo y otro recargado el valor con tarjeta entre 20 y 22% más, con respecto al valor de pago en efectivo, me dijo que el señor oriental, dueño del negocio, así lo decidió, copiando a otros negocios. Le indiqué que mi pago era con tarjeta de débito y no veía el porqué del alza, y que le haga conocer al propietario la queja de un (posiblemente haya más) cliente. Y qué comentar de las “maravillas” de comerciantes o sistema financiero que recarga las transacciones online que son más seguras y eficientes (que portar el dinero en efectivo), como se hace en otros países, donde la banca está en función de los clientes. (O)
Roddy Herrera Viteri, Spring Hill, Florida, EE. UU.