Un apartado especial merece la burocracia cultural en este país. Con mucha ilusión emprendí la cansada tarea de ingresar al sistema de RUAC (Registro Único de Artistas y Gestores Culturales) para participar en el Festival de Artes Vivas de Loja 2020 (Ministerio de Cultura y Patrimonio ). La publicidad que hicieron, y el ánimo que me dieron mis compañeras de danza fue el impulso que necesitaba.
Esto fue la prueba a la paciencia, desgaste físico, mental, moral: llené páginas de información, números requeridos para realizar show (en vivo por internet); molesté a muchos amigos no solo bailaores de danza flamenca sino también técnicos, fotógrafos, etc., para que ingresaran al RUAC, para inscribirlos en la propuesta; pedí cotizaciones, fechas en el teatro; creé los videos y enlaces requeridos... Una falla en el sistema borró la información ingresada. Llamadas, mensajes.., para saber cómo llenar, qué colocar..., y en esto llegábamos al límite de la fecha con el corazón en vilo porque no se retrasara más el envío; hasta que alguien ajeno a la organización se apiadó y ayudó que todo estuviera correcto. Con fe esperaba el resultado que se daría el 6 de octubre, y no había información de los ganadores de la financiación. Obtuve los resultados gracias a amigos y conocidos que los recibieron y compartieron, no salimos seleccionadas; no obstante, aún no tengo las calificaciones del jurado y la notificación de que no fuimos seleccionadas. A sabiendas de que la información fue subida a YouTube, pude constatar que ninguno de nuestros videos, a excepción de mi CV y la carta de autorización de uso del show, habían sido vistos. Estaría de acuerdo que nos califiquen con justicia siempre que se hayan tomado el tiempo de revisar cada uno de nuestros videos. No es la primera ocasión que empresas gubernamentales cometen este tipo de atropellos. (O)
Alessandra Fernández Reyes, Guayaquil