Hay cosas en la vida que se hacen por elemental sentido común. Como académico, les digo a mis estudiantes que no hay necesidad de haber estado en Harvard para aplicar estas dos palabras: sentido común.
Por ello es que lo reitero permanentemente que cuando una persona asume un cargo de responsabilidad y liderazgo debe de conocer los principios básicos de administración. Tener claro la misión y visión, los principios y valores de esa organización y sobre todo tener claro la tarea que se está imponiendo: como persona, como funcionario, como ejecutivo. No es lo mismo haber sido futbolista que ser administrador. Hace poco, la entidad futbolística más popular del país fue auditada por una firma de reconocido prestigio internacional y salieron a la luz una serie de obligaciones no contabilizadas y otras que como entidad las tienen que asumir sus representantes legales y miembros de su directorio actual, en el orden de casi 53 millones de dólares. Hoy, en cambio, aparece otra nueva obligación por un deportista que regresó al club y que está en su plantilla por una venta efectuada hace dos años, y que el club de origen del deportista reclama hoy en día por sus derechos económicos. La pregunta es, ¿y los administradores y abogados no sabían que esto podía pasar?, ¿cuándo recibieron el dinero del club extranjero, por qué no pagaron inmediatamente la parte proporcional al club de origen del deportista? Ahora se debe de cancelar: 1 % de interés mensual desde febrero del 2019; una multa de 172 000 dólares; y 20 000 dólares de costas procesales. ¿Creen ustedes que todo esto se pudo evitar, estimados ciudadanos y amantes del fútbol? (O)
Roberto Flores Torres, ingeniero comercial, Guayaquil








