Los jóvenes de esta nueva generación pasan la mayor parte de su tiempo conectados en la web.
Es así como con las nuevas plataformas que brindan contenidos por demanda 24/7, ahora los medios tradicionales con sus rígidas estructuras horarias encuentran dificultades en ofrecerles a sus nuevos usuarios lo que piden: velocidad, flexibilidad e innovación constante. Esto ha conllevado que muchos canales en el país estén dirigiendo su atención a las redes sociales en busca de jóvenes que, mediante cortas apariciones en sus programas, satisfagan a los hambrientos nuevos usuarios ávidos de novedad. Pero ¿a qué precio? Hay jóvenes que en sus páginas web cuentan con miles de seguidores; ¿haciendo qué?, muchas veces tan solo exponiendo al público sus vidas privadas hasta presentarse haciendo sus “necesidades” básicas, con el fin de alimentar el morbo de la gente. ¿Ese es el modelo que se quiere presentar como ejemplo a seguir para las nuevas generaciones? Espero que no.
Los medios tradicionales tienen la responsabilidad ética de ofrecer contenido que sirva para el desarrollo de sus usuarios, no deben enfocarse en tratar de subir su tan desprestigiado rating que solo ha logrado que presenten contenidos vacíos. Es indignante ver cómo hacen eco de la vida de personas que por prestarse para cinco minutos de fama, exponen sus vidas sin tener dignidad. Eso es lo que el público pide, siempre se tiene la opción de cambiar de canal, ¿y los que no tienen esa opción? Los niños pasan horas frente al televisor viendo este tipo de contenido y pensando que para ser famosos solo basta que causen gracia, mostrar las piernas; para volverte influencer solo necesitas hacer mímica detrás de un video montado para entretener a las masas. ¿Y los valores? ¿Y el pudor? ¿Ahora quién los debe enseñar? Por supuesto, es responsabilidad de los padres enseñar los valores a sus hijos, eso no debe ser responsabilidad de los medios, ni de las instituciones educativas; pero en estos tiempos donde el embarazo adolescente se ha vuelto algo normalizado en la sociedad, y la drogadicción de menores de 13 años es un secreto a voces, y salir en cámaras “mostrándote”, haciendo ridiculeces, es visto por los jóvenes como lo “cool”. Deberían replantear su papel los medios de comunicación tradicionales, volviéndose parte de la solución y no parte del problema.(O)
Francisco Andrés Ramírez Parrales,
ingeniero, avenida Samborondón









