Los ciudadanos tenemos el derecho a estar informados, conociendo todas las aristas de los sucesos que nos afectan como país. Es importante que se les brinde el mismo espacio a todos los protagonistas, pero lo esencial es que se tengan en cuenta las ideas, de esta manera ahorraremos peroratas sin pies ni cabeza, cuyo fin próximo es probablemente visualizar una causa, pero su fin último no es más que por medio de gritos darse a conocer.
Los periodistas de esta nueva era tienen una doble misión: convertirse en el canal para transmitir mensajes de manera objetiva y luchar contra su inherente subjetividad; para lograr estas dos tareas y colocar la primera piedra de un nuevo tipo de comunicación, es esencial que se autoeduquen para no caer en la trampa de pensar que la realidad solo la poseen los que más gritan o mejor saben lanzar una piedra, si no entender que la realidad es un conjunto de sucesos interconectados que muchas veces son interpretados de acuerdo a la cultura del lugar donde se presenta, y luego es convertida en un mensaje que puede ser aprovechado por cualquiera con malicia, para cortarlo en partes y usar solo la que convenga a sus intereses. El ciudadano se informa por fragmentos de información muchas veces reenviados sin pensar desde WhatsApp o compartidos en una red social. Debido a esto es que medios tradicionales por la lentitud en ocasiones en informar porque contrastan y verifican la información antes de transmitirla, se están volviendo obsoletos. Respecto a los nuevos medios digitales, aprovechando la inmediatez, atragantan con información fugaz que luego de 5 minutos es tratada como si nunca hubiera existido, disminuyendo el debate a frases e imágenes descontextualizadas que se viralizan. La solución está en la educación que nos permite abrir los ojos.(O)
Francisco Andrés Ramírez Parrales,
ingeniero, Samborondón









