Cien años de J. D. Salinger

8 de Febrero, 2019
8 Feb 2019
8 de Febrero, 2019 - 00h01
8 Feb 2019

En el primer día de este año se cumplieron cien años del nacimiento del escritor norteamericano J. D. Salinger (1919-2010), un autor fundamental de todas las épocas por la calidad, el impacto y la trascendencia de su obra narrativa. A pesar de lo que sabemos de la vida del escritor, que es bastante, él sigue siendo una de las figuras más misteriosas de la literatura contemporánea. Aunque su primer cuento publicado es de 1940, es después de su retorno de la Segunda Guerra Mundial –fue soldado de contrainteligencia– que se va afinando su escritura, hija del trauma del horror de las batallas.

Su obra más célebre, la novela El guardián entre el centeno (1951), fue en parte borroneada en los pequeños momentos de calma entre combate y combate, pues Salinger fue de los primeros hombres que conocieron el infierno de los campos de concentración nazis, y eso marcó definitivamente su existencia posterior, en la que lo más notorio fue el progresivo proceso de reclusión en que escogió vivir. Su colección Nueve cuentos (1953) ha sido celebrada como una de las más grandes muestras del arte de la narración corta, en la que nos presenta a la familia Glass, de la que se va a ocupar en varios relatos hasta 1965.

En el libro J. D. Salinger: una vida oculta, de Kenneth Slawenski, se traza un respetuoso recorrido del correlato entre vida y obra. Llama la atención que, en la preparación de la publicación de su tan esperada novela, ya Salinger hubiera rechazado la publicidad y la fama que conllevaban ser un escritor. El éxito de El guardián entre el centeno fue inmediato y nunca ha dejado de apasionar a varias generaciones. Sin embargo, Salinger –que había profundizado su camino hacia la fe vedántica y la figura de Jesús– fue concibiendo la escritura literaria como si fuera una meditación espiritual.

De hecho, muchos de los episodios de la familia Glass que aparecen en las novelas Franny (1955), Levantad, carpinteros, la viga del tejado (1955), Zooey (1957) y Seymour: una introducción (1959), se esclarecen a la luz de “ofrecer iluminación espiritual a través de su obra”, según Slawenski. Por eso, paradójicamente, buscó atenuar su ego lo más que pudo: las portadas de sus libros no tienen imágenes y eliminaron la tradicional fotografía del autor. Lo cierto es que más y más personas han sido atraídas por el empuje vital y la fuerza espiritual de sus ficciones.

J. D. Salinger es ya un clásico. En la década de los setenta, cuando había renunciado a publicar –que no a escribir–, uno de sus lectores más atentos fue el escritor guayaquileño Jorge Velasco Mackenzie, quien divulgó con entusiasmo a Salinger entre nosotros. Con una vida familiar muy compleja, su hija Margaret ha dado testimonios desgarradores de cómo fue crecer con un padre como él. Cuando él murió, en 2010, su hijo Matthew afirmó: “Salinger dijo que estaba aquí pero que no pertenecía a este mundo. Su cuerpo se ha ido, pero la familia espera que ahora se encuentre con aquellos a los que ama, ya sean figuras religiosas o históricas, amigos o personajes de ficción”. Feliz cumpleaños. (O)

Cien años de J. D. Salinger
Cien años de J. D. Salinger
2019-02-08T00:01:26-05:00
El Universo

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