Batman, el Capitán América, Thor, Spiderman, Deadpool, Donald Trump, Venom, luchadores de la WWE, futbolistas del astillero, políticos locales y regionales, entre otras figuras de héroes y villanos, posan en puertas y balcones en espera del momento de arder en llamas y llevarse consigo un año nefasto en el que la corrupción acapara titulares de diarios, noticiarios, discusiones de parques, esquinas, y colma la paciencia de un pueblo cabreado del desorden político-administrativo imperante como herencia de gobiernos anteriores y desaciertos del actual. Pese al intento de reordenamiento y cirugía mayor anunciada, algunos poderes del Estado nadan en desconcierto, discrepancias, enfrentamientos, acefalías.

El 2018 empezó con nuevos entramados de corrupción investigados por Fiscalía y fenecerá entre más casos bochornosos en las altas esferas, donde el nivel de cinismo para justificar lo injustificable y defender lo indefendible nos hizo perder la capacidad de asombro. Nada presagia un 2019 alentador, regenerador de confianza en el cuerpo político de nuestra nación en proceso de compleja purga. Surgen inauditos lamentos callejeros como: “con la partidocracia estábamos mejor”, aunque muchos de esos políticos colapsaron el país y provocaron emigración masiva; “con los militares estábamos mejor”, por la delincuencia, vulnerabilidad ciudadana y los jóvenes perdidos en las drogas; incluso hay quienes aseguran: “Con Correa estábamos mejor”, por una época de bonanza económica, tratando de desligar al expresidente de responsabilidad en la presente crisis, pese a muchos dardos apuntando en su contra.

Se ha develado cómo operaron ciertos funcionarios a través de corruptelas sistemáticas diseminadas en diversos organismos estatales, contaminando todo a su alcance. Nunca habíamos escuchado tanto sobre sobornos, tráfico de influencias, peculados, abuso de funciones, enriquecimiento ilícito, colusión, obstrucción a la justicia, nepotismo, diezmos; vicios que debilitan el tejido social y frenan el verdadero desarrollo, edificable únicamente sobre economías sólidas, ordenadas, gobiernos honestos, burocracias incorruptibles, una base social crítica organizada, seguridad ciudadana garantizada. Junto a los superhéroes debemos reducir a cenizas esas malas prácticas políticas, la deshonestidad y podredumbre enquistada en varias entidades públicas y privadas, ese hábito político clientelista que utiliza e idiotiza al pueblo, limita su pensamiento crítico y lo hace sumiso y cómplice de su propia instrumentalización y miseria.

¿Qué monigote puede simbolizar un año que destapó tanta inmundicia, con la clase política cuestionada, la economía preocupante, la delincuencia causando terror y el pueblo poseído de reacciones injustificadas por desconfianza en la Justicia y la institucionalidad? ¿Qué podemos esperar del próximo año electoral en el que algunos políticos pretenden eternizarse en el poder? Ojalá el 2019 entrante traiga prosperidad; ofertas laborales; mejora en las atenciones hospitalarias; estudiantes satisfechos en sus aspiraciones; seguridad urbana, rural y fronteriza; campañas preventivas contra las drogas, la violencia y el femicidio; sapiencia gubernamental para reflotar una nave encallada. Porque si viene cargado de mayor carestía de la vida, condenables abusos hacia los vendedores ambulantes, inseguridad, caos, odios, estúpidas xenofobias, zozobra por el petróleo en picada, desorden institucional, nuevos casos de corrupción y salvatajes milagrosos hundiéndonos más, mejor lo quemamos de una vez en la mismísima hoguera del 2018 saliente. (O)