La voz interior nunca se equivoca, cuando la persona se va en contra de ella se degrada la conexión con el alma. La persona mientras esté intoxicada por la fama del mundo y la belleza externa no entenderá el llamado de Dios, para sentir eso tiene que pedir que la ilumine y no le permita escapar a su voluntad; con lo que podrá cumplir con el plan que Dios tiene para cada persona.
La meditación y oración es una profunda certeza de la presencia de Dios. La misericordia nos da sentido común, sano juicio, permite equivocarnos menos.
Cuando meditamos ante Dios se aclaran las dudas. Admitir el fracaso y decir “soy débil, necesito ayuda”, eso le duele a nuestro ego. Si comenzamos a rezar nos empezamos a liberar de falsos egos. Solo estando conscientes de lo indefensos que estamos es que comenzará el cambio, con la oración, con Dios y nos estamos preparando el momento de la única verdad que es el juicio final.(O)
Colón Quiroz Ferruzola, Guayaquil









