Como es bien sabido por quienes se dedican al cultivo de arroz, la cosecha se avecina. Y ya se están empezando a escuchar los discursos recurrentes de dueños de piladoras, el más repetido, “tengan cuidado que los precios van a bajar y como no hay efectivo para comprar, nos van a tener que fiar”.

Ya sabemos que los precios se irán al piso nuevamente, como siempre ha sucedido por esta época, mucho más ahora que las cosechas en Samborondón, Daule y Babahoyo van a salir al mismo tiempo. Pero no se puede culpar a industriales, ellos también dependen de quienes les compran el producto procesado (arroz pilado); además los precios bajan debido a que existe una sobreoferta. Sucede que aún hay contrabando –secreto a voces–, y la entrega de kits o equipos tecnológicos que ya ha sido eliminada (quizás porque al Gobierno supuestamente se le está acabando la plata), aunque es cierto que elevó la producción de los agricultores, nunca vino acompañada de un plan para comercializar y exportar. La comercialización es fundamental, porque de qué sirve producir más, si el mercado ecuatoriano no puede absorber todo ese producto. Ahí entonces donde tenía que intervenir la UNA EP –Unidad Nacional de Almacenamiento–, para regular los precios absorbiendo el excedente en el pueblo. Ya lo denuncié en la cosecha pasada, por este mismo espacio de lectores, pero lo resumo: falta capacidad operativa, existe mal manejo de empleados. Son fallas que no se han podido superar en detrimento de las necesidades del agricultor.

Se han dado pequeñas manifestaciones sin ser tomadas en serio. También volverán a visitarnos nuevas autoridades –porque cada cierto tiempo van cambiando los rostros– para decirnos: “Estamos trabajando en eso”; como siempre. Se han de volver a cerrar pasos de vías, haya encarcelados como la última vez, en Samborondón, y todo volverá a ser reportado por los medios. Pero el cambio real, profundo, no aparece. Lo recomendable es que seamos proactivos, no esperar que aparezcan los problemas que ya están muy avisados, para empezar a tomar acciones; y me refiero a todos: agricultores, autoridades, prensa. El sector arrocero merece cambios, que los dignatarios se interesen por soluciones, que funcionarios sepan hacer su trabajo, es decir que conozcan bien este sector, porque cómo personas de traje, corbata y escritorio pueden entender los problemas, los sentimientos de los agricultores curtidos por el sol, quienes se levantan a las 05:00, se ponen botas, cogen sus machetes, llevan un pan, un guineo, un botellón de agua, y se meten a trabajar.(O)

Francisco Andrés Ramírez Parrales,
arrocero, Samborondón