¡Libres, sin miedo!

5 de Julio, 2018
5 Jul 2018
5 de Julio, 2018 - 00h56
5 Jul 2018

Cuando se quiere, siempre hay tiempo; y como solo se ama lo que se conoce, me gusta recorrer mi ciudad para respirarla. Tengo algunos lugares a los que me gusta regresar, por ejemplo, estoy encantada con las esculturas de la Plaza de la Administración. Un desfile de figuras que simbolizan valores guayaquileños y, además, en un guiño de apoyo al género femenino, todas están personificadas por mujeres. Mi favorita, Libertad.

Este monumento destaca a una mujer que levanta su mano izquierda sosteniendo un libro, mientras con la derecha empuña un azadón haciendo descansar la punta en el piso. Tiene su cabeza altiva, mirando de frente el porvenir. Es la representación clara de Guayaquil, una ciudad que consigue su progreso en libertad, a través del esfuerzo permanente de su pueblo en comunión con el apoyo para la educación. En la parte posterior hay una placa en la que se puede leer “Reconocemos dignidad, pensar en grande. ¡En nosotros, Libertad, no es utopía! Somos como queremos ser ¡Libres, sin miedo! Para vivir, para amar ¡Libres, sin miedo! Para crecer y avanzar ¡Libres, sin miedo! Y hasta para morir ¡Libres, sin miedo!”. Me conmueve profundamente cada palabra porque define plenamente el espíritu del guayaco.

Quien nace en Guayaquil está hecho de una madera diferente. Se nota hasta en el caminar, la postura erguida, orgulloso de su herencia huancavilca. No tiene miedo a los desafíos, dice siempre que sí y luego resuelve cómo cumplir, pero cumple. Ríe a carcajadas en público, pero llora en privado. Su familia es puntal fundamental para campear tempestades. Abraza cálidamente a los visitantes y cobija al migrante. Acepta como hermano al vecino de otras provincias y comparte comida y trabajo. Por herencia genética, necesita estar frente al río Guayas para pensar, suspirar, besar, soñar, soltar problemas, sentir cómo la ciudad late en su sangre y el viento despeina prejuicios, ayudándolo a adaptarse a los giros del mundo moderno.

No importa la situación económica ni el estatus social, cuando suena la voz de Julio Jaramillo cantando “tú eres perla que surgiste del más grande e ignoto mar…”, la piel se eriza, y si luego viene Guayaquileño, madera de guerrero, llega una necesidad imperiosa de bailar, el pecho no cabe para el orgullo que se siente por haber nacido aquí. Es un sentimiento inefable que se recibe en la cuna. Sus habitantes, son hombres y mujeres acostumbrados a luchar por defender la libertad. Históricamente es una ciudad que ha sabido renacer de las cenizas, brindar apoyo logístico y económico a diferentes lugares del país para que logren autonomía. Por esto, cuando Olmedo, Antepara, Roca, Villamil y otros líderes crearon la consigna “Guayaquil por la patria”, sabían bien su sentido íntimo y profundo. Fue y seguirá siendo grito de combate, tarea sociopolítica y objetivo histórico.

Finalmente, en este mes, cuando celebramos un año más de su proceso fundacional, aparte de vestirnos de blanco y celeste, es importante enseñarles a nuestros hijos el orgullo que significa ser guayaquileños. Es momento de hacer la diferencia. Aprovechemos días de descanso para pasear y recordar que en Guayaquil vivimos y amamos ¡libres, sin miedo! (O)

¡Libres, sin miedo!
Cuando se quiere, siempre hay tiempo; y como solo se ama lo que se conoce, me gusta recorrer mi ciudad para respirarla.
2018-07-05T00:56:09-05:00
El Universo

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