Los ausentes

12 de Diciembre, 2016
12 Dic 2016
12 de Diciembre, 2016 - 00h07
12 Dic 2016

En este año de ausencias Bob Dylan no estuvo en la reunión de premios Nobel convocada por Barack Obama y ni en la entrega de estos premios en Suecia. Un rey y el presidente de la mayor potencia del planeta desairados por Apolo, el dios de la música y la poesía. El silencio, el ocultamiento y el misterio son atributos de los dioses. Dylan forma una diada suprema con Leonard Cohen, con quien se parecían y se diferenciaban absolutamente. Descubiertos por el mismo empresario, tenían voces de registro bajo, eran judíos y ambos merecieron un premio Príncipe de Asturias. Mas, si ponemos atención, vemos que al canadiense Cohen le dieron el Asturias de las Letras, mientras que al americano le concedieron el de las Artes. Sin creer que un premio, ni aun uno de tanto prestigio como este, sea una calificación definitiva, la diferencia estuvo bien establecida y es que Cohen fue más literato. Fue un gran poeta que compuso muy buena música, mientras que Dylan es un gran músico que escribe letras de alta y tremenda poesía. Parecería que no les gustaba demasiado a los dos que los asociaran pero era inevitable, Cohen contaba que Dylan le dijo en una ocasión “muy bien, Leonard, tú eres el número uno, pero yo soy el cero”.

También las ausencias de las que hablamos son de dos tipos radicalmente diferentes. A la de los desplantes de Dylan, Cohen le opone la definitiva, la de la muerte. Me parece que el sonriente, discreto y elegante poeta representaba muy bien el espíritu de su ciudad natal, de Montreal. De esa Montreal que hace medio siglo se me metió como un trozo de hielo cálido en el corazón, urbe elegante, simpática y discreta sí las hay. El poeta expresó muchas veces su intensa relación con la hermosa dama del San Lorenzo: “No sé qué es esto, pero son sentimientos que se hacen más intensos mientras voy envejeciendo” y decía que siempre volvía allá para renovarse. Ahora ha retornado para la renovación absoluta del gran tránsito.

Ochenta y dos años no puede tener alguien que fue símbolo de nuestra generación, la que nunca envejecerá, pero la ancianidad no es prerrequisito forzoso para la muerte. No, no puede ser, si apenas en octubre publicó You Want It Darker. Pero era un cantar de ave herida. Pocas semanas antes había fallecido Marianne Ihlen, la más constante y conspicua de sus musas, inspiradora de la famosa So Long, Marianne. En una carta que alcanzó a llegar para provocar la última sonrisa en su amada agonizante le decía: “Te sigo tan de cerca que si estiras tu mano podrías alcanzar la mía”. Nacido en una familia hebrea de estirpe sacerdotal, moriría consagrado como monje zen, se consideraba sobre todo un buscador espiritual, sensación que su música ratifica con fuerza. En su último disco, que remonta con intensidad a sus raíces judías, incluye la respuesta de Abraham al llamado: “Aquí estoy, aquí estoy. Estoy listo, mi Señor”...(O)

Los ausentes
En este año de ausencias Bob Dylan no estuvo en la reunión de premios Nobel convocada por Barack Obama y ni en la entrega de estos premios en Suecia.
2016-12-12T21:32:15-05:00
El Universo

Te recomendamos