Esta semana se cumplen 50 años de la muerte de mi abuelo, Juan Tanca Marengo, histórico creador de la Sociedad de Lucha contra el Cáncer (Solca), institución emblemática de la iniciativa privada con fines sociales. Sé por muchos relatos que fue un personaje multifacético, un científico brillante y un gran padre. Sé también que entre sus muchas pasiones intelectuales se encontraba la política. Era un lector incansable, y colaboró en altos cargos del Gobierno, muy comprometido siempre con su entorno. Por eso me pregunto: ¿qué diría el doctor Tanca sobre la actual situación política del Ecuador? He leído sus escritos buscando una respuesta, y creo que la encontré.

En primer lugar, hay algo seguro: rechazaría tajantemente el populismo y la polarización que vivimos. Todos sabemos lo que pasa los sábados en la mañana, durante el Enlace Ciudadano. El presidente destina 4 horas a enardecer al público, a satanizar al sector privado y a calumniar a sus opositores, ofreciendo por otro lado muchas cosas con dinero ajeno. En 1952, Juan Tanca decía que estas estrategias apelan a la ignorancia y a los sentimientos más bestiales de las masas. Porque eran señuelos de una clase política que solo ofrecía espejismos. Él proponía que la política fuera manejada con responsabilidad, ética y profesionalismo.

Segundo: le diría al Gobierno que la verdadera solidaridad no se impone. En 1951, mi abuelo fundó Solca, una institución privada con finalidad de servicio público. El doctor mostró su lado emprendedor, aunque con fines filantrópicos. Generó valor a un sector vulnerable de la sociedad sin quitar nada a nadie. Tenía claro que el Estado debía tener un rol subsidiario, que la sociedad civil debía ser la protagonista, dado que ahí se encuentra la esencia de la auténtica responsabilidad social. Demostró con hechos, no solo con palabras, que se puede dar salud a los más pobres sin necesidad de engordar un ineficiente aparato estatal y de subir impuestos que desincentiven la creación de riqueza. Finalmente, yo creo que el doctor le daría un sabio consejo al presidente: que archive las enmiendas, que no busque alterar las reglas del juego para perpetuarse. Le advertiría que es sano dejar el cargo porque nadie es imprescindible, que no se deje llevar por la soberbia. Quizá el presidente Correa le respondería con algún insulto, lo tacharía de “golpista”, le diría que el pasado no volverá, y lo mandaría a ganar elecciones. Quién sabe. Pero eso a Juan Tanca Marengo poco le hubiera afectado.

Él creía firmemente en la democracia: “Lo mejor que pudo haberme sucedido fue ejercer una alta dignidad, desde la cual tuve el honor de servir a mi patria sin ser tocado por las tentaciones del poder”.

Mi abuelo fue mucho más que un médico, fue quizá el intelectual más importante que tuvo Ecuador en su época, un emprendedor social de enorme trascendencia hasta la actualidad, cuyo legado está más vivo que nunca. Sus ideas de libertad y democracia se plasmaron en sus proyectos de vida, los cuales hoy son emblemas del país. Él demostró además que se puede ser político sin dejar de ser un caballero, sin necesidad de convertirse en un déspota. Medio siglo después de su partida, haríamos bien en seguir su ejemplo.(O)

Arianna Tanca Macchiavello, Guayaquil