Hoy, como todos los sábados de Semana Santa, la etnia tsáchila, a la que pertenecen moradores de siete comunas, celebra su tradicional fiesta llamada Kasama, palabra que traducida textualmente significa “nuevo día” y en la cosmovisión de los tsáchilas es, en realidad, el inicio de un nuevo año. Es una celebración en familia, en la que se expresan deseos de prosperidad, afecto y amistad, y se aprovecha para hacer las paces si ha habido resentimientos. También es una oportunidad para agradecer a la naturaleza, las plantas, los animales, los ríos.

Es la única fiesta que celebran y durante ella disfrutan de todas las expresiones de su cultura ancestral, desde la música hasta la comida, pasando por las artesanías que exhiben con orgullo. El malá es la bebida especial, se prepara con anticipación porque debe fermentarse, se hace con caña de azúcar y maíz molido.

Aunque esperan, principalmente, a los miembros de las comunas, están dispuestos a recibir a personas de otras culturas y es una ocasión propicia para el conocimiento e intercambio en un país que se define como intercultural.