Las manifestaciones de la violencia en cualquier ámbito y en cualquier dimensión produce, generalmente, una reacción de rechazo e indignación, pero es tan abundante y cruda la exposición en los medio de comunicación, cine, prensa, televisión, que podríamos habernos fabricado una nueva piel para aislarnos del dolor, la angustia, la injusticia de los innumerables y diversos hechos violentos que ocurren en el mundo, como la reciente crueldad de la represión en Egipto o en Siria.
En las películas más taquilleras de acción o suspenso, con efectos especiales, es casi infaltable la sangre, la crueldad, el horror… como si hubiera una intención deliberada de causar insensibilidad en las nuevas generaciones que consumen estos productos…
Vivimos, sin embargo, atemorizados, resguardándonos por la inseguridad de nuestra ciudad y país. La vida se ha convertido en una mercancía cada vez más barata con el sicariato infantil y juvenil…
Por otro lado el Ecuador dejó de ser un territorio de paso de la droga para caer en el consumo cada vez mayor que afecta mucho más a los jóvenes.
Es violencia y abuso que, impunemente, se regalen dosis de droga, altamente adictiva, en muchos barrios marginales a los adolescentes para luego convertirlos en consumidores adictos, traficantes, mulas o sicarios.
Algunos padres de familia están más atentos a estos peligros y se preocupan por cuidar y formar a sus hijos; otros se dan por vencidos o empiezan a luchar cuando ya es tarde…
Aunque no existan políticas públicas exitosas para la prevención del consumo de drogas, es sin duda, en el seno familiar donde se puede alertar y preparar a los futuros jóvenes para superar estas amenazas, cuando hay el esfuerzo constante por mantener una comunicación adecuada a fin de hacerlos sentirse exigidos pero amados y protegidos, con sentido de pertenencia a su familia.
‘¿Con quién andan nuestros hijos?’ fue el nombre de una dramática película mexicana ya vieja, pero cuya pregunta vale en todo tiempo y lugar… Los padres no pueden desentenderse de las relaciones que hacen sus hijos adolescentes, deben conocer sus amistades, el ambiente en el cual se mueven generando confianza sin pérdida del respeto a las normas familiares.
Es muy importante evitar que los hijos crezcan con resentimientos, que se les impida expresar lo que sienten porque no hay diálogo ni empatía o simplemente porque se consideran “tonterías” los reclamos de los pequeños…
Las necesidades familiares no son únicamente económicas y aunque el suplir estas exige a los padres un gasto considerable de tiempo, el mejor empleado será siempre el que dedican para cultivar las buenas relaciones y la comunicación que son la base esencial para construir la paz al interior de los hogares y en la sociedad.
Hay que ganarle a las propuestas del mal, los padres no pueden ser meros espectadores sino los protagonistas de la educación de sus hijos y los formadores del corazón, como dice el papa Francisco. No hay manera de lavarse las manos en una tarea fundamental e impostergable.










