Maniatados, a orillas del estero Salado, fueron hallados dos cadáveres hace aproximadamente un mes en el Guasmo. Los cuerpos, según información de la Policía, tenían signos de violencia.

Una de las víctimas era Joel Panchana, de 26 años, quien estaba reportado como desaparecido en el sector luego de que había salido a laborar en su tricimoto.

El hallazgo, que se dio en la cooperativa Velasco Ibarra, fue uno de los casos registrados en el último mes en el Distrito Sur, uno de los más violentos y conflictivos después del Nueva Prosperina.

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El Distrito Sur abarca dentro de la ciudad varios circuitos, como el Centenario, Guasmo, Floresta, Unión de Bananeros, Puná y 7 Lagos.

El circuito Guasmo es el que concentra la mayor parte del índice de violencia, en zonas como Guasmo Sur, Guasmo Central, La Cristal y Playita. Esto a pesar de que constantemente existe despliegue militar y policial para controles a vehículos.

Guayaquil, Samborondón y Durán suman 1.000 muertes violentas en casi 9 meses, el 128 % más que en el 2021

Entre el 1 de enero y el 14 de septiembre de 2022, el número de homicidios en el Distrito Sur escaló a 151. La cifra es un 57 % mayor si se la compara con la del 2021, cuando el número de muertes se ubicó en 96.

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A inicios de este mes, en la cooperativa Dignidad Popular, de las Malvinas, sur de Guayaquil, dos integrantes de una familia fueron baleados en una misma semana. Los familiares llegaban de sepultar a un pariente cuando llegaron victimarios y abrieron fuego contra ellos.

Como producto del ataque, cuatro personas (una mujer y tres hombres) quedaron heridas; una de ellas murió en el hospital Teodoro Maldonado Carbo, del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS).

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Las muertes violentas en la Zona 8, que comprende Guayaquil, Durán y Samborondón, superan las 1.000.

La realidad que vive el Distrito Sur comparte ciertas coincidencias con lo que pasa en los distritos Esteros, Pascuales y Portete. En estos sectores los asesinatos se duplicaron, pasando de 44 a 110 en Esteros, de 43 a 106 en Pascuales y de 47 a 105 en Portete.

La sumatoria de muertes violentas en 2022 en estos cuatro distritos comprende el 47 % de las registradas en la Zona 8 (Guayaquil, Durán y Samborondón).

El incremento de las muertes en estas zonas se ha dado aun cuando se han ejecutado, como acciones para mermar la ola de violencia, estados de excepción focalizados. En abril de este año, el Gobierno nacional decretó un estado de excepción por 60 días en las provincias del Guayas, Manabí y Esmeraldas, por la inseguridad.

El toque de queda y la restricción de movilidad de peatones y automotores se implementó en las parroquias Ximena y Pascuales, jurisdicciones que engloban cooperativas y ciudadelas concentradas en distritos como Esteros y Pascuales, dos de los que más registro de muertes llevan en 2022.

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Durante el tiempo del estado de excepción, según cifras del Gobierno, las muertes violentas se redujeron; de igual manera otros delitos frecuentes, como robo a personas, a domicilios, entre otros.

Para Lautaro Ojeda, catedrático e investigador social, aunque se han implementado medidas gubernamentales para mermar los índices delictivos y de violencia, aún no son acciones que solucionen los problemas estructurales de estas zonas. Por ello, las muertes violentas continúan al alza.

La disputa de poder, tanto para expendio como para la distribución, es la causa principal para los atentados a personas. En zonas como Bastión Popular y Pascuales incluso se ha registrado la colocación de explosivos ligados a esta problemática. En febrero, por ejemplo, un joven fue decapitado con explosivos en el bloque 2 de Bastión Popular.

Una coincidencia entre Esteros y Portete es que grupos delincuenciales usan el ramal del estero Salado para el traslado de alcaloides para contaminar buques que zarpan de puertos marítimos del sur porteño.

Ojeda dice que el Estado ha sido superado en su capacidad de enfrentamiento. Ello ha llevado a que se ejecuten acciones coyunturales y advenedizas. “El Gobierno en su conjunto con las fuerzas del orden no disponen de una visión de mediano y largo plazo. Si a esto se añade la falta (y) precariedad de diagnósticos profundos y cualitativos de lo que ocurre en estas zonas, se vuelve más difícil plantear posibles soluciones”, señala.

En ese sentido, afirma que dejar de lado la problemática de inequidad, falta de empleo y de educación en los pobladores de esas zonas no permite tomar decisiones acertadas por parte de las autoridades, tanto locales como nacionales. “Hay un caldo de cultivo propicio para que se masifique el ingreso o la captación de la gente más joven a grupos delincuenciales”, puntualiza. (I)