Obispos de Ecuador y Colombia dirigieron una carta al cardenal Luis Gerardo Cabrera Herrera, arzobispo de Guayaquil y presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, en la que expresan su preocupación por la grave situación humanitaria y social que atraviesan las comunidades de la frontera colombo-ecuatoriana.
El documento, fechado el 30 de enero, advierte sobre el deterioro de las condiciones de seguridad y convivencia en los departamentos colombianos de Nariño y Putumayo, así como en las provincias ecuatorianas de Carchi, Esmeraldas y Sucumbíos.
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Según los firmantes, en los últimos meses se ha intensificado la presencia, circulación y disputa territorial de grupos armados y estructuras criminales, lo que ha generado un clima persistente de temor, restricciones a la movilidad, afectaciones ambientales y graves riesgos para líderes sociales, comunidades indígenas, campesinas y población migrante. También alertan sobre el debilitamiento del tejido social y comunitario en estas zonas de frontera.
La carta señala que este escenario se ve agravado por decisiones económicas adoptadas por los Gobiernos de Colombia y Ecuador, así como por operaciones militares en ambos lados de la frontera, todo ello en medio de procesos de diálogo de paz con grupos armados que operan en el sur de Colombia y en un contexto internacional que —según advierten— debilita el respeto al derecho internacional.
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Pedido a la Iglesia para mediar y proteger a las comunidades
Desde su labor pastoral y humanitaria, los obispos aseguran que las afectaciones en las comunidades persisten y podrían profundizarse, derivando en nuevos desplazamientos forzados, rupturas familiares y aumento de la pobreza, si no se actúa de forma preventiva y coordinada.
Por ello, solicitan al cardenal Cabrera que, desde la misión pastoral de la Iglesia en Ecuador y Colombia, se impulsen acciones como la apertura de espacios de escucha, mediación y articulación humanitaria en los territorios fronterizos; gestiones ante autoridades civiles para garantizar la protección de la población civil y el respeto al derecho internacional humanitario; y un diálogo de incidencia con actores políticos para fortalecer la construcción de paz desde estas regiones binacionales.
Además, plantean la necesidad de una mirada pastoral integral que reconozca la dimensión binacional de la frontera y promueva acciones coordinadas entre las iglesias de ambos países.
El documento está suscrito por:
- José Saúl Grisales, obispo de Ipiales (Colombia)
- Carlos Vipi Narsaje, obispo de Tulcán (Ecuador)
- Jean Carlos Cárdenas Toro, obispo de Pasto y administrador apostólico de Mocoa-Sibundoy (Colombia)
- Antonio Crameri, obispo del Vicariato Apostólico de Esmeraldas (Ecuador)
- Franklin Misael Betancourt, obispo de Tumaco (Colombia)
- Vicente Figueroa, obispo del Vicariato Apostólico de San Miguel de Sucumbíos (Ecuador)
- Joaquín Humberto Pinzón, obispo del Vicariato Apostólico de Puerto Leguízamo–Solano (Colombia)
En el cierre de la carta, los religiosos confían en que la voz de la Iglesia, inspirada en el Evangelio de la paz y la dignidad humana, pueda contribuir a desactivar las lógicas de violencia y prevenir mayores sufrimientos para las comunidades más vulnerables de la frontera colombo-ecuatoriana.
(I)