Cerca de cumplir dos años de pandemia, el mundo sigue enfrentando nuevos brotes de coronavirus provocados por la aparición de variantes, aunque, al parecer, las últimas serían menos fuertes.

La aparición de la variante ómicron, reportada por primera vez en Sudáfrica, es la culpable del incremento vertiginoso de casos, mientras en Francia esta semana aparecía otra bautizada como IHU.

“Es el resultado inevitable de acaparar vacunas y dejar a África por fuera”, llegó a afirmar Ayoade Olatunbosun-Alakija, vocera de la Alianza Africana para la Entrega de Vacunas, a fines de 2021.

En una entrevista con BBC afirmó que si el coronavirus hubiera aparecido en África en vez de China, el resto del mundo cerraba el continente y no se habría desarrollado una respuesta tan rápido. Pone como muestra las restricciones que se impusieron rápido a países africanos por la variante ómicron en noviembre.

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Al igual que en el resto de continentes, África ha empezado 2022 sumergida de lleno en una ola nueva de infecciones de coronavirus, con la mayoría de los países registrando un rápido ascenso de casos mientras las autoridades intentan acercarse al objetivo de vacunar al 70 % de la población del continente a finales de este año, cifra que demuestra el retraso en este tema con poco más del 10 % de la población inmunizada.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la actualidad los países de África -hogar del 16 % de la población global, es decir, unos 1.300 millones de personas- únicamente han administrado el 3 % de las vacunas contra el coronavirus repartidas por todo el planeta.

En ese escenario, los trabajadores sanitarios de África han diseñado estrategias creativas para acelerar las tendencias de los últimos meses e intentar eliminar los rumores falsos sobre esta epidemia, recoge Efe.

En Nairobi, la capital keniana, los enfermeros ahora reparten vacunas en las calles más frecuentadas, bajo la sombra de carpas improvisadas y, en ocasiones, rodeados de colas multitudinarias.

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También, en el norte de Kenia, una zona semidesértica y fronteriza con Etiopía, las autoridades locales inmunizaron a numerosos pastores seminómadas porque decidieron ofrecerles vacunas contra el coronavirus al mismo tiempo que otras para proteger la salud de sus camellos.

Mientras que en Liberia los enfermeros vacunan a los ciudadanos en iglesias, mezquitas y mercados, y en Uganda lo hacen en la entrada de restaurantes, estadios deportivos y otros lugares de reunión populares.

Si bien durante los primeros meses de esta pandemia algunos gobiernos del continente africano negaron la existencia del COVID-19 dentro de sus territorios, como ocurrió en Burundi o Tanzania, ahora todos los mandatarios del continente piden al unísono a los ciudadanos que acudan a vacunarse.

El presidente de Senegal, Macky Sall, ha demandado respeto “a las normas sanitarias”, incluidas “el uso de mascarillas y la vacunación”, e indicó que esta era la única manera de evitar la multiplicación de “casos graves” y hospitalizaciones.

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Sin embargo, a pesar de esos mensajes y los esfuerzos de los trabajadores sanitarios, África todavía tiene muchas barreras que superar para alcanzar el objetivo de la Unión Africana (UA): inmunizar a al menos el 70 % de su población en 2022.

Según John Nkengasong, director de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de la Unión Africana (África CDC), quien anunció esa hoja de ruta a finales del año pasado, la inmunización masiva del continente es el único camino para tener bajo control la pandemia de COVID-19.

El número de dosis que recibe el continente ha crecido en los últimos meses, pero África sigue encontrando en esta carrera contra reloj tiene obstáculos internos -como la reticencia de muchos ciudadanos para inmunizarse- y externos -una distribución desigual de las vacunas que prioriza a los países del norte global-.

El representante de la OMS en Uganda, el doctor Yonas Tegegn, no tiene dudas: este continente tiene la capacidad de alcanzar el objetivo de la UA gracias a la experiencia acumulada en sus luchas contra otras enfermedades, como el sarampión.

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Para la doctora Phionah Atuhebwe, una experta ugandesa en programas de inmunización, toda la humanidad tiene mucho en juego en África, región que suma más de 9,7 millones de positivos y cerca de 229.000 muertes, según los últimos datos oficiales recopilados por África CDC.

“El COVID-19 no conoce fronteras -recordó Atuhebwe-. Si un único país se retrasa en la inmunización, este virus tendrá espacio para mutar en variantes más peligrosas. Dejando a un lado las razones éticas, este es el motivo por el que los países de ingresos altos deben ayudar a las naciones de ingresos bajos”.

El doctor Fernando Espinoza, director del Centro de Investigaciones y Consultorías UEES, indica que pese a iniciativas como Covax, la comunidad internacional no ha tenido la eficiencia de entregar vacunas gratis a África, provocando la situación actual.

Añade que en el mundo el 50 % de la población está vacunado completamente y hay que trabajar en eso, no solo en África sino también en países como India (el segundo país más poblado), que tiene más accesibilidad, pero hay otros temas culturales que impiden que el número de inmunizados crezca. Y, en cualquier parte, una persona no vacunada que contrae el virus puede provocar nuevas mutaciones, que pueden ser más agresivas o más mortales, sin olvidar el riesgo para ellos. Aunque también recuerda que la mortalidad de este virus no llega al 5 %, algo que se debe tener en cuenta para tomar decisiones.

Para Josefina Coloma, médica e investigadora de la Universidad de Berkeley, lo preocupante de todo un continente sub vacunado es la falta de solidaridad global, el individualismo y los intereses de las farmacéuticas de vender sus formulaciones a los países más poderosos. El 2022 se perfila con más esperanza para una distribución equitativa de las vacunas, con Covax, más donantes y con la noticia de la nueva vacuna Corbevax que ha sido entregada al mundo libre de patentes.

Coloma agrega que es aún más preocupante lo que pasa en países como EE. UU. con millones de personas que se rehusan a la vacuna, politización de la salud publica y campañas de vacunación que van en ciclos muy largos, por lo que no se logra una protección sincronizada.

Andrew Pollard, uno de los científicos que ayudaron a desarrollar la vacuna de AstraZeneca-Oxford contra el coronavirus, dijo a The Daily Telegraph que por el hecho de que no se ha logrado vacunar con una dosis a las personas en África, no será posible una cuarta dosis, como ya se está hablando en algunos países.

Pollar añadió que no se puede estar vacunando a todo el planeta cada seis meses. (I)