De acuerdo con el recuento realizado hasta este martes, la mitad de la población de la Unión Europea está ya totalmente vacunada contra el coronavirus, el mismo día en que las autoridades chinas decidieron hacer pasar test a todos los habitantes de Wuhan, la ciudad donde apareció por primera vez el virus.

Mientras la variante delta, altamente contagiosa, está llevando a cada vez más países a imponer restricciones, 223,8 millones de ciudadanos de la Unión Europea han recibido dos dosis de la vacuna, una dosis única después de haberse recuperado del virus o bien una vacuna monodosis, según el recuento efectuado por AFP, tomando cifras hasta las 11:00 de hoy.

En todo el mundo, la pandemia ha provocado, al menos, 4′234.618 muertes y casi 200 millones de contagios. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el número de muertos podría ser entre dos y tres veces mayor.

El resurgimiento del virus, que está afectando a países que creían haber pasado lo peor, se ve favorecido por el descenso de las tasas de vacunación y por nuevas mutaciones más peligrosas.

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Mientras que en China, donde el COVID-19 apareció a finales de 2019 en la ciudad de Wuhan (centro), creía haberlo prácticamente erradicado porque durante meses no hubo ninguna contaminación local. Pero ahora la cepa delta se está extendiendo por decenas de ciudades en todo el país tras infectar a trabajadores de limpieza de aviones en el aeropuerto de Nanjing (este).

En Wuhan, la primera ciudad del mundo que fue puesta en cuarentena, el 23 de enero de 2020, los 11 millones de habitantes serán sometidos a test de coronavirus durante 76 días.

En toda China, el régimen comunista está aplicando medidas radicales similares a las de principios de 2020, con el confinamiento de ciertas ciudades, restricciones a los viajes y controles generalizados.

En Australia, los militares se desplegaron en las calles de Sídney, la mayor ciudad del país, que se encuentra en la sexta semana de un confinamiento que se prolongará hasta finales de mes.

Desde mediados de junio se registraron más de 3.600 casos en la ciudad. Solo el 15 % de los 25 millones de habitantes de Australia recibieron dos dosis de la vacuna.

El COVID-19 sigue afectando a países en los que los programas de vacunación habían tenido un éxito relativo, como Estados Unidos, afectado por la variante delta y donde las hospitalizaciones están alcanzando niveles comparables a los de la ola del verano pasado.

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El lunes el país alcanzó, con un mes de retraso, el objetivo fijado por el presidente Joe Biden de que el 70 % de los adultos hubieran recibido al menos una dosis de la vacuna el 4 de julio, día festivo en Estados Unidos.

La ralentización de la campaña de vacunación, especialmente en el sur y el medio oeste, tradicionalmente conservadores, así como entre las poblaciones más jóvenes y pobres y las minorías étnicas impidió alcanzar ese objetivo.

Sin erradicar el virus

“Estos casos se concentran en las comunidades con menores tasas de vacunación”, dijo a la prensa Jeff Zients, coordinador de la Casa Blanca para la pandemia.

“Uno de cada tres casos en todo el país se ha registrado en Florida y Texas en la última semana”, añadió.

Frente a la variante delta, algunos países están empezando a aplicar vacunas de refuerzo, que según algunas compañías farmacéuticas podrían mejorar la inmunidad de las variantes más infecciosas, como la delta.

Alemania anunció el lunes que ofrecerá a partir del 1 de septiembre una dosis de refuerzo a los ancianos y a la población vulnerable, así como a las personas que no hayan recibido una vacuna de ARN mensajero.

Esta decisión es “en interés de la atención sanitaria preventiva”, dijo el Ministerio de Sanidad.

Suecia también tiene previsto ofrecer una dosis de refuerzo de la vacuna a “una gran parte de la población” en 2022, aunque podría empezar con las poblaciones vulnerables a finales de este año.

“Nuestra evaluación es que no es posible erradicar el virus y que, por tanto, la labor de vacunación debe ser a largo plazo y centrarse en la reducción de las enfermedades graves y de la mortalidad”, dijo el epidemiólogo jefe sueco Anders Tegnell. (I)