El crimen del presidente Jovenel Moise, ejecutado la madrugada del miércoles en su domicilio por un comando de extranjeros, desestabiliza aún más al país más pobre de las Américas, que ya estaba sumido en una crisis política y de inseguridad, plagado de pandillas que entre otros delitos se dedican a los secuestros extorsivos.

A las interrogantes sobre la búsqueda de los autores del ataque se suman las referentes al futuro del país, empezando por su gobernanza.

Dos hombres pretenden actualmente conducir el país de 11 millones de habitantes, la mitad de los cuales tiene menos de 20 años.

Una de los últimas decisiones políticas de Moise, de 53 años, fue designar el lunes a Ariel Henry como nuevo primer ministro. Pero Henry aún no había asumido el cargo.

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Y horas después del asesinato, fue el primer ministro en funciones, Claude Joseph, quien impuso el estado de sitio y reforzó las potestades del Poder Ejecutivo. Se supone que esto último debería durar 15 días.

“¿Hay varios primeros ministros nombrados en el país?”, se preguntó Henry y aseguró que Joseph era solo ministro de Relaciones Exteriores.

La oposición también acusó a Joseph de acaparar el poder.

Primer ministro al mando

Helen La Lime, enviada de la ONU a Haití, estimó que Joseph representa a la autoridad responsable mientras Henry no había prestado juramento, en alusión a un artículo de la Constitución haitiana que establece que en caso de vacante presidencial, “el Consejo de Ministros, bajo la presidencia del Primer Ministro, ejerce el poder ejecutivo hasta la elección de otro presidente”.

“Si efectivamente hay un cambio en este procedimiento, debe ser el resultado de un acuerdo político entre las partes interesadas”, sostuvo La Lime, indicando que Joseph se había declarado “abierto al diálogo”.

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Indicó también que durante una entrevista con Joseph el miércoles, éste no había cuestionado el próximo calendario electoral.

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Pero el defensor de los derechos humanos Gédeon Jean calificó ante la AFP de “sospechoso” el afán del primer ministro en funciones por declarar el estado de sitio y esa suspicacia lo lleva a “prever un intento de golpe de Estado”.

Y Haití ya estaba sumido en una crisis institucional. El asesinado Jovenel Moise no convocó a elecciones tras su arribo al poder en 2017 y el país carece de Parlamento desde enero de 2020.

Acusado de inacción ante la crisis y enfrentado a buena parte de la sociedad civil, Moise gobernaba principalmente por decreto.

Próximas elecciones presidenciales

El nombramiento del nuevo primer ministro era el resultado de conversaciones de Moise con otros partidos aliados y de la oposición moderada para formar un Gobierno de consenso, de cara a los últimos meses de su mandato, que debía concluir el 7 de febrero de 2022.

Varios partidos de oposición, en su mayoría de izquierdas, no se han sumado a estas conversaciones puesto que no reconocen la legitimidad de Moise, al considerar que su mandato concluyó en febrero de 2021.

Las autoridades electorales han convocado para el próximo 26 de septiembre elecciones presidenciales y legislativas, y además un referéndum para votar una nueva Constitución, cuya adopción es impulsada por Moise.

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De forma paralela, Haití atraviesa una honda crisis de seguridad, que se ha agravado en especial desde comienzos de junio por luchas territoriales entre las bandas armadas que se disputan el control de los barrios más pobres de Puerto Príncipe. (I)