Este viernes el izquierdista Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) de Nicaragua cumplió 60 años de su nacimiento con poder absoluto, aplastando a sus rivales internos, gobernando mediante la represión y el miedo, aislado y enfrentado con Occidente, y con el apoyo de Rusia, Cuba, Venezuela, Irán y Taiwán.

Dirigidos por el presidente del país, el exguerrillero Daniel Ortega, que retornó al poder en 2007, el partido gobernante de Nicaragua ha pasado de ser un símbolo de la revolución en América Latina a una organización controlada por un caudillo y una familia, casi igual a la dictadura de la familia de los Somoza, a la que el FSLN derrocó con las fuerzas de las armas hace 42 años, según sus críticos.

Expulsados por la Internacional Socialista de sus filas por las violaciones de derechos humanos y de los valores democráticos cometidas por el Gobierno sandinista en el marco del estallido de las protestas masivas de 2018 -desencadenadas por una controversial reforma al sistema de seguridad social- el FSLN instaura ahora en Nicaragua “un Estado policial”, dijo a Efe el sociólogo nicaragüense José Luis Rocha.

“El FSLN se hizo el harakiri con su manejo sangriento de la rebelión de 2018”, señaló Rocha, investigador asociado de la jesuita Universidad Centroamericana (UCA) y autor de “Autoconvocados y conectados: los universitarios en la revuelta de abril en Nicaragua”.

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¿Cómo nació el FSLN?

Inspirado por la revolución cubana de Fidel Castro y en la figura de Augusto C. Sandino (1895-1934), un héroe nacional que encabezó un ejército irregular que luchó contra la ocupación de tropas estadounidenses en Nicaragua entre 1927 y 1934, el FSLN nació un 23 de julio de 1961 como un movimiento guerrillero marxista leninista.

En sus seis décadas han estado 25 años en el poder, 17 años gobernando “desde abajo” (sin ser electos), y 18 como el movimiento guerrillero que derrocó a la dictadura de los Somoza, y que inspiró a otras fuerzas en América Latina.

“El FSLN cumple 60 años. En julio de 1961 culminó un proceso de unidad de las organizaciones juveniles antisomocistas para alumbrar a la organización revolucionaria más importante en la historia de Nicaragua y Centroamérica”, escribió el ideólogo sandinista William Grigsby, en ocasión de la efemérides.

“Eran una mezcla de jóvenes de diferentes orígenes que se asumieron como discípulos del general Augusto C. Sandino, optaron por la lucha armada y adoptaron una estrategia de lucha guerrillera prolongada hasta desembocar en la insurrección”, explicó.

Hoy día, según Grigsby, el FSLN es “el más poderoso instrumento político militar jamás creado en nuestra historia”.

¿Involución?

El FSLN, que nació como movimiento guerrillero, se transformó en un partido político, “pero esa transformación no afectó un elemento que le es consustancial hasta ahora: los mecanismos de la democracia electoral son para el FSLN solo uno entre otros instrumentos para acceder al poder y retenerlo”, apuntó Rocha.

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“La democracia -su simulacro- no es un fin por sí misma, sino un medio, junto a las organizaciones de base, las armas, las conspiraciones y el espionaje, entre otros medios de los que el FSLN se sirve para sostenerse en el poder”, sostuvo.

Según el sociólogo, “el FSLN no busca competir con rivales políticos, sino aplastar a quienes considera enemigos y cuyas disensiones estima como amenazas letales”.

“En ese sentido el FSLN no evolucionó. Se quedó anquilosado en los usos y costumbres de un movimiento que desde sus inicios tuvo que operar en la clandestinidad y entrenar a su militancia en la obediencia ciega a una cadena de mando piramidal”, valoró.

A su juicio, ni en la primera etapa revolucionaria (1979-1990) el FSLN “supo respetar la distintas posiciones que tenían sus aliados en la lucha antisomocista” y se arrogaron “el papel de vanguardia” y desestimaron los aportes de otros grupos.

“En la actualidad una pareja autocrática (Daniel Ortega y su esposa Rosario Murillo) decide e impone”, puntualizó.

Nueva dinastía

El FSLN, según el fundador de la Juventud Sandinista Gonzalo Carrión, actualmente disidente, “es una organización que “ha ido para atrás en pleno siglo XXI”, es “controlada familiarmente” por los Ortega Murillo y, a diferencia de un partido político, “sigue una tendencia militar y dinástica”.

Carrión dijo a Efe que el FSLN es un partido jerárquicamente estructurado para la conspiración “en obediencia a una familia”, que “no es nada de moderno, ni democrático, y no aporta al desarrollo del país”, por el contrario, agregó, “representa mucho retroceso en Nicaragua”.

“Ese partido está dominado por espías, conspiradores, de estar acosando al vecino, delatando. Es un partido que no duerme por garantizarse en el poder y hacer daño a la sociedad”, alegó Carrión, para quien “el sandinismo hoy es el otro extremo de lo que alguna vez significó hace 42 años” cuando derrocaron a los Somoza.

A partir de 1990, cuando Ortega fue derrotado en las urnas por Violeta Barrios de Chamorro, el FSLN se convirtió en una plataforma de acumulación de capital para su cúpula, y la llamada “piñata sandinista”, una repartición de bienes y propiedades confiscadas a la familia Somoza y a sus allegados, así como a opositores, “hipotecó la ética del FSLN para siempre”, anotó el sociólogo.

EL FSLN Y LA “MILITARIZACIÓN” DEL ESTADO

Ahora el FSLN carece de una reflexión teórica sobre su papel y sobre el proyecto que quiere impulsar, indicó Rocha.

“Actualmente, el FSLN privilegia la conspiración e instaura un Estado policial. Esa opción ha significado una militarización del Estado”, razonó.

Explicó que a generales y coroneles se les ofrece un retiro dorado como ministros y viceministros, y “profundizando esa línea, han elevado a los mayores puestos a exmiembros de la Seguridad del Estado y de la contrainteligencia militar”, que ocupan los altos mandos en la Policía y el Ejército, y están presentes como jueces, fiscales y magistrados.

“El Estado entero es un brazo militarizado y lo es con los miembros de la Policía y el Ejército que se consagraron a la persecución política. Esas opciones nos envían claras señales del sistema que se ha estado edificando”, argumentó.

Por tanto, a juicio de Rocha, eso mantiene y confirma, con muchos más motivos, “la percepción de siempre: el FSLN instaura la noche oscura” en Nicaragua. EFE