Trabajar de lunes a sábado ha sido para varias generaciones de mexicanos lo habitual.

Las leyes laborales que rigen en el país tienen más de un siglo, ya que fueron elaboradas tras la Revolución Mexicana para garantizar a los obreros algunos beneficios, como las jornadas de 8 horas y el descanso dominical.

Pero mientras en muchos países del mundo se redujo la semana laboral a 40 horas (o menos), en México -y otros países de América Latina y el mundo- ese beneficio no fue implementado.

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Pero ahora las cosas en México podrían cambiar: el Congreso está discutiendo una reforma de la ley laboral para reducir a 40 horas la semana de trabajo.

La iniciativa impulsada por el gobierno quiere darles a los trabajadores más tiempo libre, lo que podría aumentar su productividad.

Pero algunos legisladores y organizaciones de trabajadores y sindicatos consideran que lo que está proponiendo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum es engañoso.

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Señalan que no haya una especificación directa en la ley de que el trabajador pueda descansar dos días a la semana y que eso puede hacer que la semana laboral de 40 horas se siga distribuyendo en seis días, eliminando la esperanza de tener libres 48 horas completas.

También aseguran que algunos de los derechos de los trabajadores vigentes, como los pagos por horas extra, están en juego con la reforma de la ley.

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“No agregar el segundo día de descanso obligatorio es un punto de por sí mismo muy problemático”, dice Rodolfo Gómez, portavoz de la organización Frente Nacional por las 40 Horas.

“Sería un gran retroceso de los derechos laborales. Agregaría más precarización al trabajador de la que tiene. Y dejaría claro de qué lado está el gobierno, con los patrones”, señala a BBC Mundo.

Las manufacturas son uno de los sectores que más emplean en México. Getty Images

México, entre los que más horas trabajan

En México, desde la promulgación de la Constitución de 1917, que fue producto de la lucha revolucionaria, se establecieron jornadas de 8 horas con un día de descanso. Es decir, 48 horas a la semana.

Los mexicanos se han quedado desde entonces entre los trabajadores del mundo con menos horas libres.

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Entre los 40 Estados que forman parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), los de América Latina -México, Colombia. Costa Rica y Chile- han aparecido en la última década entre los que tienen un promedio de horas a la semana más elevado, con entre 42 y 45.

Los trabajadores de Países Bajos son los que menos horas de trabajo a la semana tienen, con 30,1 horas. El promedio de todos los países de la OCDE es de 37 horas.

En el caso de Colombia y Chile, sus legisladores han reformado las leyes recientemente para reducir gradualmente la jornada semanal hasta las 40 horas, algo que no ha sucedido ni en México ni Costa Rica, que hasta ahora permiten las 48 horas a lo largo de seis días (o turnos más largos con más días de descanso).

En México, hasta 2024 la ley solo garantizaba seis días de vacaciones al año, uno de los niveles más bajos del mundo (ahora son un mínimo de 12), lo que también se traducía en más horas trabajadas al año. Y, según datos oficiales, casi el 15% de los trabajadores activos en México trabaja más de 48 horas a la semana.

Además, el país tiene a más del 50% de su población en edad laboral trabajando en la economía informal, lo que les resta derechos y protección social.

La realidad es que trabajar más horas no se traduce en una mayor productividad. De hecho, México se encuentra entre los países que menos productividad por horas trabajadas tiene entre los países de la OCDE.

La industrialización del país en el siglo XX generó empleos, pero con salarios bajos que obligaban a trabajar jornadas largas. Getty Images

¿Qué ha pasado en otros países?

La experiencia de otros países demuestra que un trabajador con un descanso apropiado, jornadas distribuidas más equitativamente y mejores incentivos salariales y capacitación llega a tener una mayor productividad.

Stefano Scarpetta, director de Empleo, Trabajo y Asuntos Sociales de la OCDE, dice que avanzar gradualmente hacia una semana laboral de 40 horas puede ser una medida acertada para México, “siempre que se aplique con cautela y se acompañe de medidas complementarias”.

“México es actualmente uno de los países de la OCDE con más horas de trabajo, pero los niveles de productividad siguen siendo comparativamente bajos. Esto sugiere que el simple hecho de trabajar más horas no se traduce necesariamente en un mejor rendimiento económico”, señala a BBC Mundo.

El experto indica que hay lecciones de reformas pasadas.

Una es la necesidad de una aplicación gradual, que permita la adaptación de la reducción de horas de trabajo a lo largo de varios años para facilitar la adaptación de los empleadores. En el caso de México, la reforma plantea reducir dos horas por año a partir de 2027 y hasta 2030.

Más de la mitad de la población económicamente activa en México tiene un empleo informal. Getty Images

En la implementación, por otra parte, debe garantizarse que haya un “seguimiento adecuado” de las horas trabajadas para evitar que el beneficio quede “en el papel”. Que los trabajadores tengan un control electrónico del tiempo trabajado ayuda a que haya un registro adecuado de sus 40 horas trabajadas.

También reducir las horas sin implementar otras medidas complementarias podría dificultar el cambio, según Scarpetta: “Tiende a funcionar mejor cuando las empresas invierten en capacitación, digitalización y cambios organizativos”.

Y abrir los cambios al diálogo entre patrones y empleados es algo necesario, pues “tiende a facilitar los ajustes”.

“Existen pruebas sólidas en todos los países de la OCDE de que, a partir de cierto punto, trabajar más horas reduce la productividad en lugar de aumentarla. Cuando las personas trabajan muchas horas, se acumula el cansancio, aumentan los índices de error y se resiente la innovación. El riesgo de accidentes, incluidos los mortales, aumenta”, explica Scarpetta.

“Sin embargo, la productividad no aumenta automáticamente por el simple hecho de trabajar menos. La productividad proviene de las capacidades, la tecnología y la organización eficiente del trabajo, no simplemente del tiempo dedicado al trabajo. Los trabajadores que descansan lo suficiente y tienen un equilibrio adecuado tienden a estar más sanos, más concentrados y más comprometidos”, continúa.

“La cuestión no es trabajar menos por trabajar menos, sino trabajar de forma más inteligente, garantizando que las horas sean razonables, se respeten y se combinen con las inversiones adecuadas para impulsar la eficiencia”.

El registro del tiempo es clave en la implementación de reducción de horas en la semana laboral, advierte la OCDE. Getty Images

El complicado camino a las 40 horas

La presidenta Claudia Sheinbaum, al asumir el gobierno en 2024, puso entre sus 100 objetivos de gobierno la reducción “paulatina” de la jornada semanal laboral.

Como cuando se incrementaron los salarios mínimos de manera pronunciada a partir de 2018, los sectores patronales han argumentado que los cambios deberían hacerse gradualmente para proteger a las empresas, principalmente las micro, pequeñas y medianas (micropymes).

Organismos como la Confederación Patronal de la República Mexicana han advertido que las empresas tendrán que absorber los costes de sostener los salarios al tiempo que ven reducida la disponibilidad de tiempo de los empleados.

“Lo único que queda es la productividad y eficiencia, ya sea con automatización o capacitación para que las horas que queden de la semana sean más eficientes para poder tener la misma productividad en la semana”, dijo el presidente del organismo, José Enrique Carrasco Encinas.

La patronal ha dicho que no se opondrá a los cambios y ha pedido incentivos al gobierno para conseguir la aplicación gradual hasta 2030.

Las mujeres suelen tener menos tiempo libre al tener que combinar el trabajo, los traslados y las actividades domésticas. Getty Images

Pero tanto activistas como algunos legisladores de oposición han advertido que la redacción de la nueva ley, que no garantiza dos días de descanso, sino solamente un límite semanal de 40 horas, puede hacer que los empleadores solo las redistribuyan en los seis días. Los turnos de lunes a sábado, entonces, se mantendrían sin violar la ley.

“Si para completar su semana, [el empleado] tiene que trabajar, por ejemplo, solo seis horas, es muy complicado asegurarse que el patrón va a respetarle solo ese tiempo y no le va a hacer trabajar de más”, advierte Rodolfo Gómez, del Frente por las 40 horas.

Si no existe una contabilidad precisa de horas de trabajo, como recomienda la OCDE, quedará a discreción de los empleadores la repartición de las cargas de trabajo.

La reforma también modifica los esquemas de tiempo extra y sus remuneraciones. Hasta ahora, los empleados podían trabajar tres horas extra al día, tres veces a la semana, a cambio de un 200% de sueldo adicional. A partir de la décima hora, el beneficio es de 300% hasta un máximo de 12 horas al día.

Pero la nueva ley solo señala que el límite de horas extra será de 12, lo cual elimina el pago triple al alcanzar ese máximo. Esto, según Gómez y otros críticos de la reforma, favorece al empleador y perjudica los ingresos de los trabajadores que son empleados más allá de las 8 horas al día.

“Es un engaño, es una falacia y es un retroceso en los derechos laborales hasta este momento. Es una traición totalmente a la clase trabajadora. Es una grosería lo que están haciendo”, dice Gómez.

En la discusión de la reforma en el Senado, los legisladores aprobaron por unanimidad la reforma, a pesar de que algunos senadores advirtieron que había problemáticas con las redefiniciones a la ley.

El proyecto fue enviado a la Cámara de Diputados para su ratificación. (I)