Este miércoles 28 de julio, Pedro Castillo (izquierda) asume la presidencia de Perú, lo que confirma un nuevo giro político en la región.

Castillo llegó al poder inesperadamente tras dar la sorpresa en primera vuelta y ganar por 40.000 votos (en un padrón de 25 millones) a Keiko Fujimori.

A comienzos de año, este profesor de escuela rural y líder sindical del magisterio era un desconocido para los peruanos y no entraba en las quinielas para ser el nuevo presidente; pero su cara casi anónima y su programa reformista caló en un país hastiado de su clase política tradicional y desesperado por la pandemia, según EFE.

Para Héctor Villalobos, editor de política del diario peruano El Comercio, hasta el último continuaba la incertidumbre respecto a lo que podría ser su política de gobierno en general, y en especial en el ámbito económico. Añade que no estaba aún definido si el ministro de Economía sería Pedro Francke, quien es economista de izquierda moderada y que se integró al equipo de Castillo luego del pase a segunda vuelta, ya que genera cierta confianza en los sectores empresariales por acercarse más al centro y respetar el libre mercado, la inversión privada, pero sin dejar a un lado las políticas sociales.

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Francke es el encargado del plan económico y es parte del equipo de transición, y los medios peruanos lo ven como el próximo ministro de Economía si no hay ninguna sorpresa. Pero hay voces dentro del partido de Castillo, Perú Libre (marxista-leninista), que no lo quieren, como su líder Vladimir Cerrón, quien lo ha criticado abiertamente y que prefiere a gente con sus ideales antes que a tecnócratas de grupos aliados.

“No sabemos hasta qué punto esta fricción entre el partido que llevó al poder a Castillo y los nuevos aliados termine perjudicando esta sensación de orden que hasta el momento existe”, dice Villalobos.

Hay que recordar que Castillo se adhirió a Perú Libre para participar en las elecciones, por lo que es un invitado en el partido; aunque de los 37 legisladores que tendrá en el Congreso, liderado por la oposición, una parte le responde al partido y otra a él. De ahí que a veces se tema un quiebre, que sería muy perjudicial para la gobernabilidad, el mayor problema de muchos de sus antecesores en el Palacio de Pizarro.

El rey Felipe VI (d) en su encuentro hoy martes con el presidente electo, Pedro Castillo, durante la visita del monarca a Perú para asistir a la toma de posesión del nuevo presidente peruano. EFE/Casa Real/Francisco Gómez Foto: EFE

El analista peruano José Carlos Requena comenta que la mejor palabra para definir este momento es incertidumbre.

En las calles, los peruanos reciben al profesor Castillo enfrentados entre la esperanza (34 %) y la incertidumbre (29 %), entre la confianza (16 %) y el miedo (15 %), según una encuesta del Instituto de Estudios Peruanos.

“(Hay) una sensación de intranquilidad muy preocupante que esperemos que se despeje pronto con los anuncios oficiales... Por lo menos en los mensajes iniciales ha habido un movimiento más hacia el centro, digamos, llamando a la pluralidad y unión”, dice Requena, quien añade que lo más complicado es que ya hay dentro del oficialismo cinco y seis que presionan, el más ruidoso el caso de Cerrón. En consecuencia, la radicalidad o moderación del giro que quiera dar al país el Ejecutivo va a tener que ver con los roles que se terminen viendo en los espacios de decisión, como los ministerios.

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“Yo me inclino a pensar que va a ser un cambio moderado, con mucha retórica sin embargo, pero en general con algo más de moderación (que lo dicho al inicio de la campaña)”, apunta Requena.

Durante las últimas dos décadas, Perú ha sido uno de los principales destinos de inversiones extranjeras en la región, y con el nuevo Gobierno el sector empresarial se mantiene a la espera. Pero el posible nombramiento de Francke y el pedido de Castillo al presidente del Banco Central, Julio Velarde, a que se mantenga en su puesto pueden ayudar a calmar las aguas.

“Velarde tiene quince años en el cargo y ha sido uno de los elementos más importantes en la disciplina macroeconómica que el país ha tenido. Han pasado varios Gobiernos y él se ha mantenido en su cargo. El Banco Central es un ente autónomo y ha tenido un comportamiento sólido en lo técnico que ha sido parte fundamental del equilibrio y atracción de inversiones. Esa es la importancia (de Velarde) como mensaje al entorno internacional”, afirma Requena, para quien el ámbito económico no deja de ser el máximo factor de incertidumbre, pero sí es obvio que se esperan cambios, la idea es que no sean tan radicales y no dejen el pragmatismo.

Después de tres décadas de estabilidad económica en Perú, el flamante gobierno del izquierdista Pedro Castillo plantea una serie de propuestas que mantienen en alerta a los agentes económicos, ante la incertidumbre sobre el futuro de las inversiones y el crecimiento en el país. EFE/ARCHIVO Foto: EFE

Entre las necesidades de los peruanos, según especialistas, luego de 20 años de relativo avance económico, está tener un mejor Estado, que más allá del tamaño sea capaz de brindar o garantizar el acceso a los servicios básicos y de manejar eficientemente el monopolio, como en seguridad y justicia.

Para Requena, propuestas como el llamado a una Constituyente —una de las promesas de Castillo— generarían más incertidumbre que otra cosa. “La prioridad ahora tiene que ver con la pandemia, sobre todo en el lado sanitario y de recuperación económica, y eso pasa en el mediano y largo plazo por una mejora en los servicios que el Estado puede brindar”, en un país donde alrededor de un tercio de la población vive en pobreza.

Para el académico peruano Carlos Meléndez, profesor de la universidad chilena Diego Portales, en cualquier caso va a ser un Gobierno de izquierda, inédito en las últimas décadas en el país. Y pese a las diferentes pugnas entre Perú Libre y los nuevos aliados, todos comparten un sentido de izquierda de mayor intervención del Estado en la economía y a favor de reformas constitucionales, ya sean moderadas o totales.

Agrega que, aunque sea Francke el ministro de Economía, se va a seguir una política de redistribución y mayor gasto social. Además apunta que en el Gabinete se podrá observar mayor presencia de sindicatos y sociedad civil movilizada, por ejemplo, del magisterio de educación o centrales de trabajadores.

“El cambio con un Gobierno de izquierda no solo viene por su concepción de la economía, sino también por la presión que pueden ejercer determinados sectores de la sociedad civil, en este caso, los sindicatos. En la carteras de educación, trabajo, agricultura, producción, vamos a ver ese tipo de influencia que va a tener la rama sindical”, dice Meléndez.

El especialista comenta que en Perú se vive una división. La costa, Lima y el norte, conectados a través de la Panamericana con una agroindustria vinculada a la exportación, son los sectores más modernizados de la economía. Mientras que en el resto del país, sobre todo en la zona andina, están las inversiones mineras e hidrocarburos; allí el modelo de crecimiento no ha permitido un modelo de redistribución por un problema que cubre a todas las partes, la informalidad, que a su vez es una salida para la población de menos recursos en la zona de Lima y costa norte, pero que no ayuda mucho en el resto del territorio.

Esto sin contar con que ambas partes tienen diferencias en lo político y modelos de crecimiento económico por el tipo de recursos y actividades económicas que desarrollan.

“El tema de la informalidad es el elefante en la sala en Perú. No existe otro país con los niveles de crecimiento económico y con tanta informalidad a la vez. Más del 70 o 72 % de la población económicamente activa está relacionada con el sector informal”, indica Meléndez.

El cambio de mando de hoy tendrá una fuerte carga simbólica, pues en el mismo día que Perú conmemora los 200 años de su independencia, por primera vez en la historia del país llega a la jefatura del Estado alguien surgido directamente del campo andino, ajeno por completo a sus élites políticas históricas, muy inquietas ante su irrupción. (I)