En lo que se ha denominado “la elección más fraccionada en la historia” de Perú, debido a que la distancia entre el primer y el séptimo candidato de los 18 que buscan la Presidencia del país es de apenas cuatro puntos, más de 25 millones de ciudadanos están convocados a las urnas este domingo para ejercer su derecho al voto.

Los peruanos deberán escoger entre diez candidatos de derecha o centroderecha, cuatro de izquierda, tres nacionalistas y uno de centro a su nuevo gobernante, pero, según los sondeos, ninguno supera el 10% de intención de voto, lo que vaticina una definición en segunda vuelta el 6 de junio. El mandatario interino saliente, Francisco Sagasti, no se repostula.

El analista político Mauricio Zavaleta dice que “estas postulaciones son muestra de que el panorama político de Perú está inclinado a la derecha y que las izquierdas son más bien escasas”.

Para esta reñida contienda, la campaña electoral se ha desarrollado en medio de los embates de la segunda ola de la pandemia, que elevó los contagios a cifras alarmantes en los últimos días, mientras la incertidumbre electoral agita los mercados, llevando el precio del dólar a un récord de 3,8 soles.

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Según la encuesta de la consultora Ipsos divulgada el domingo pasado, antes de la prohibición de nuevos sondeos y que muestra que no existe ningún favorito, el exlegislador centroderechista Yonhy Lescano ocupa el primer lugar con apenas el 10% de la intención de voto, seguido por la antropóloga de izquierda Verónika Mendoza y el economista de derecha Hernando de Soto, ambos con 9%.

La reducida diferencia de intención de voto abre la posibilidad para que otros candidatos tengan también la opción de pasar al balotaje. Este es el caso del exfutbolista George Forsyth (centroderecha), del empresario Rafael López Aliaga (ultraderecha), del maestro Pedro Castillo (izquierda) y de Keiko Fujimori (derecha populista), hija del expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), actualmente preso, quien se postula por tercera vez, ahora con un partido debilitado.

No obstante, las encuestas y los expertos coinciden en que Lescano sería el ganador en una hipotética segunda vuelta ante cualquier otro rival.

Lescano tiene una posición que bebe tanto de la izquierda como de la derecha conservadora y que parece no ser antipática del todo para nadie.

“No es un candidato progresista, es conservador en lo social y heterodoxo en lo económico. Pero es también una figura que apela a la reivindicación nacional, ‘antimperialista’ en lenguaje del siglo XX, pero en el seno de un partido de centroderecha reformista como Acción Popular”, dice Zavaleta.

Los peruanos han mostrado apatía hacia estos comicios que deben poner fin a un quinquenio marcado por las convulsiones y en los que además será renovado el Congreso unicameral de 130 miembros, tras recurrentes crisis políticas desde 2016 que alcanzaron su clímax en noviembre pasado, con tres presidentes en cinco días.

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Para estas legislativas se estima que puedan entrar hasta doce agrupaciones distintas que quedarán muy lejos de alcanzar una mayoría suficiente para controlar la cámara.

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“Lo que se ve, y lo vemos varios analistas, es esto. Lo más probable es que quienes pasen a segunda ronda sean las minorías menos minoritarias. Y el Congreso estará altamente fragmentado, como el actual o más aún”, dice el politólogo Sandro Venturo y agrega que es casi seguro que exista “un ganador sin equipo de gobierno, con un débil partido detrás y sin capacidad de articular alianzas”.

Para Venturo, “todos los candidatos están buscando conectar con el hartazgo ciudadano” y dice que ninguno logra posicionarse con un liderazgo atractivo, masivo, lo que se traduce en que la oferta política en Perú es deplorable.

“La gente demanda un Estado eficiente, una economía que crezca, pero la clase política no consigue empaquetarlo de una forma creíble ni solvente”, apunta el experto.

El 28% de la población de los más de 33 millones de habitantes dice no saber por quién votar, en un país donde el sufragio es obligatorio.

Y aunque prime el desinterés, los candidatos no descartaron celebrar mítines con cientos de personas mientras el país registra un récord de casi 13.000 casos de coronavirus y 300 fallecidos cada día y hasta tres presidenciables dijeron haber contraído el COVID-19. Perú registra más de 1,5 millones de personas y casi 55.000 muertos.

En Perú, desde antes de la campaña electoral ya era difícil evitar las aglomeraciones debido al 70% de informalidad laboral que existe agravada por el coronavirus que provocó también que la economía peruana se contrajera en 2020 en 11,12%, la peor cifra en tres décadas.

Y es a esa realidad que ahora vive el país a la que la clase política debe enfrentarse y tratar de dar salida a múltiples problemas de toda índole, algunos antiguos y otros derivados de la pandemia, como la salud asfixiada, la educación olvidada, la corrupción y el desempleo, actualmente cuatro millones de peruanos perdieron sus empleos y cinco millones pasaron a ser pobres. Un tercio del total de habitantes vive en la pobreza, según datos oficiales.

La votación de este domingo se desarrollará en todas las ciudades y pueblos de la selva amazónica, la sierra andina y la costa, y en cuanto al voto exterior, los peruanos que residan en Venezuela y Chile no podrán sufragar.

Está previsto que los primeros resultados oficiales presidenciales se conozcan hacia la medianoche y que el escrutinio de la parlamentaria demore un par de días. (I)

Francisco Durán Arp Nissen, docente de la Pontificia Universidad Católica del Perú y experto en política: El mayor problema es que la clase política debe ganar prestigio apenas empiece a gobernar

La clase política, donde hay una combinación de nuevas y viejas fuerzas, sean de centro, derecha o izquierda, llega teniendo grandes retos en un momento de muchas dudas y cuestionamientos.

Los retos son la crisis sanitaria, aún sin vías de solución, la reconstrucción de un sistema de salud pública, la reactivación económica (quizás sobre nuevas premisas, no tanto siguiendo los dictados del mercado sino los del Estado, sin necesariamente implicar fuerte intervencionismo sino orientación), las mejoras institucionales para reducir la corrupción y la falta de compromiso del Estado con los más necesitados.

La lista es larga, pero así están estos tiempos. La cuestión que se define este domingo, donde muy probablemente se pase a segunda vuelta, es si el país va a la continuidad u opta por el cambio. También se decidirá si se decide entre dos mujeres, entre dos hombres o entre una mujer y un hombre, aspecto del cambio que es también importante considerar. Pero el mayor problema es que la clase política, vieja y nueva, mejore su rendimiento y gane prestigio apenas empiece a gobernar, lo que ahora implica concertar debido a un alto grado de dispersión política. (O)