Sin una guerra, pero con una crisis económica, social y política que ha empobrecido la vida en el país -algo agravado por la pandemia-, Venezuela podría terminar el año como el mayor problema migratorio del mundo.

Así lo afirmó el mes pasado la ministra de Desarrollo Internacional de Canadá, Karina Gould, quien será la anfitriona de la Conferencia Internacional de Donantes en Solidaridad con los Refugiados y Migrantes Venezolanos, en junio.

“La crisis migratoria de los venezolanos, principalmente en la región andina, puede convertirse en la mayor crisis migratoria del mundo a finales de este año. Necesita y requiere una respuesta y apoyo financiero por parte del mundo para ayudar a los países que acogen a los migrantes. Es fundamental una respuesta multilateral”, dijo en esa ocasión Gould.

Más de 5,4 millones de venezolanos han migrado de su país desde 2015 hasta 2020 y se han quedado en la región, según la Plataforma de Coordinación para Refugiados y Migrantes Venezolanos de Acnur, situación que ha llegado a ser calificada como una crisis humanitaria aunque el gobierno de Nicolás Maduro lo niega.

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De ese número -que representa las cifras oficiales de los países, porque podrían ser más-, 2,4 millones cuentan con permisos de residencia o estancia temporal, 143.000 con algún tipo de permiso temporal.

De acuerdo con la ONU, más de 800.000 han solicitado asilo alrededor del mundo.

El país que más migrantes venezolanos tiene es Colombia, donde hay 1,7 millones -número calculado hasta el 31 de diciembre de 2020-, según las autoridades de migración de ese país.

Para atender a esa población migrante, el pasado 1 de marzo el presidente colombiano, Iván Duque, firmó un decreto que creaba el Estatuto de Protección Temporal para migrantes venezolanos, que duraría diez años. Esto permite acogerlos legalmente.

De acuerdo con una encuesta sobre la calidad de vida y la integración de los migrantes desarrollada por el Proyecto Migración Venezuela, publicada por El Nacional, 77,5% de los venezolanos no espera retornar.

Es algo parecido a los TPS de Estados Unidos, que también ese mes otorgó esa categoría de ‘protegidos’ a los venezolanos que siguen en el país indocumentados y que el volver a sus países implica peligro. Según las autoridades de ese país, los beneficiarios son 320.000. Tiene una vigencia inicial de 18 meses, aunque podría prorrogarse.

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El segundo país con más venezolanos es Perú, donde están más de 1 millón y en el que incluso este fenómeno migratorio ha sido uno de los temas más abordados en las elecciones generales del domingo. Llegando algunos candidatos incluso a promover la xenofobia.

Según Acnur, nueve de cada diez venezolanos en Perú entraron legalmente, pero el 53% no tiene papeles actualmente.

El tercero es Chile, donde hay cerca de 450.000 inmigrantes venezolanos. El Gobierno del país planea deportar a 1.000 de ellos por vía aérea este año, por no haber cumplido las medidas de ingreso legal al país.

El país que sigue es Ecuador, donde estarían alrededor de 443.000 venezolanos, según la plataforma.

Desde que comenzó el éxodo venezolano, más de 1,7 millones de migrantes han pasado por Ecuador, si bien la inmensa mayoría ha seguido su viaje a otras regiones al sur del continente, según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Los destinos habituales han sido Perú y Chile.

Quieren volver

Tanto en Ecuador como en otros países de la región, muchos venezolanos están pensando seriamente en volver a su país, puesto que para muchos su difícil situación se ha complicado por la pandemia de coronavirus.

El venezolano Luis Giménez, que preside en Guayaquil la Fundación Manos Venezolanas, comenta que varios personas le han dicho que piensan mucho en volver, puesto que se hace muy difícil pagar el alquiler, conseguir trabajo, no ser explotados con trabajos de muchas horas y poca paga, y laborar solo para pagar cosas.

“Sientes que tu vida gira en torno al trabajo que estás haciendo y no le ves el queso a la tostada... es terrible porque esa persona siente que está trabajando no para vivir sino que vive para trabajar”, dice Giménez, quien añade que personas locales también aprovechan esto por la pandemia.

Según lo que escucha de sus compatriotas cuando entrega algún kit de ayuda o en alguna actividad de la fundación, ellos tienen el deseo de que cuando lo del coronavirus pase puedan regresar a Venezuela, porque están cansados de que todo lo que tienen son gastos que no llegan a cubrir y no les queda nada, cuando la idea de migrar es para tener una mejor calidad de vida.

La ahora fundación empezó en la cuarentena como un comité de defensa de migrantes venezolanos que tuvo el apoyo de Cruz Roja, Banco de Alimentos y del Comité por los Derechos Humanos, con los que hizo llegar kits de alimentos a migrantes venezolanos.

“Yo creo que cuando se abran las fronteras muchísimos venezolanos van a terminar regresándose a pesar de que todavía esté Maduro en el poder, porque lo que están pasando en otros países es muy difícil, no tienen un techo seguro... si bien es cierto acá comen un poco mejor que lo que hoy comerías en Venezuela, la preocupación principal es cómo pago el alquiler si no tengo un empleo”, comenta Giménez, quien agrega que lo que pasa en la parte política en Ecuador y otros países es muy parecido a lo que pasó en 1998 en Venezuela, aunque espera que no pase.

Una gran parte de los inmigrantes venezolanos en la región vive en pobreza multidimensional e inseguridad alimentaria. Mientras, en su país, las cosas siguen igual aunque con una economía que en la práctica se ha dolarizado ante la caída del bolívar.

Su régimen sigue en el poder con el apoyo de las fuerzas armadas y aliados, lo que hace pensar que pese a las sanciones y presión que hay y que pueden venir aún no se avizora una pronta solución de las causas y consecuencias de la crisis venezolana. (I)