“Ayudar a construir algo en la Luna sería genial”: Christina Birch, al igual que los otros nueve astronautas en formación recién seleccionados por la Nasa, ya sueña con aportar su granito de arena en el regreso de los estadounidenses al suelo lunar.

Durante los dos intensos años de entrenamiento que les esperan, el satélite natural de la Tierra estará sin duda alguna en la mente de todos. Y claramente estaba en el centro de los intereses de la agencia espacial al momento de elegir a estos diez estadounidenses, de muy diversos perfiles.

Entre ellos destacan varios científicos de alto nivel. Chris Williams, de 38 años, es un físico médico que ha trabajado principalmente en perfeccionar la radiación para brindar una mejor atención a los pacientes con cáncer.

“Me inspiraron mucho las misiones lunares cuando era un niño, por lo que el programa Artemisa de la Nasa, para volver a la Luna de forma sostenible, es algo que realmente me apasiona y en lo que me emocionaría mucho participar”, aseguró a la AFP.

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Birch, en tanto, tiene un doctorado en ingeniería biológica. Su sueño espacial surgió de la mano con su trabajo en el laboratorio: “Al hacer estos experimentos con células y proteínas, y ver que experimentos similares se estaban haciendo en la estación espacial, me dije: ‘Bueno, yo tengo esas habilidades’”.

Además -y como si fuera poco- esta mujer de 35 años ha ganado medallas con el equipo estadounidense de ciclismo en pista en campeonatos mundiales.

“Yo adoro tener un programa de entrenamiento y trabajar para alcanzar una meta muy grande. Eso es algo a lo que realmente me acostumbré al buscar calificar para los Juegos Olímpicos”, explica.

Sin embargo, no tiene ninguna experiencia de vuelo -al contrario de los numerosos pilotos experimentados también incluidos en el grupo- y espera con impaciencia el entrenamiento en los jets.

“Lo más rápido que he ido es en la pista de un velódromo, propulsada por mí misma”, cuenta.

“Aventura emocionante”

La Nasa se ha fijado el objetivo de volver a enviar personas a la Luna a partir de 2025, y de establecer una base que pueda servir para preparar los viajes a Marte. Para hacerlo, ha contratado los servicios de la empresa privada SpaceX, que debe proporcionar el módulo de alunizaje.

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Y uno de los diez futuros astronautas seleccionados es precisamente un empleado de SpaceX.

Anil Menon, el decano de la nueva promoción con 45 años, ha trabajado como médico para las diferentes misiones de la empresa de Elon Musk que han enviado personas a la Estación Espacial Internacional.

Esta fue su quinta candidatura para convertirse en astronauta.

“Será increíble experimentarlo físicamente yo mismo”, dice. “Como médico, lo veo de una forma muy diferente, (...) y pienso que el conocimiento médico va a permitir que las personas se mantengan sanas y a salvo al ir hasta allí”, dijo refiriéndose a la Luna y después a Marte.

Este hijo de padres originarios de India y Ucrania está habituado a trabajar en complicadas condiciones de emergencia. En 2010 acudió a Haití para ayudar tras el devastador terremoto que sacudió a ese país. Y en 2015 aterrizó por azar en Nepal pocos minutos antes de otro sismo, donde también ayudó a atender a los pacientes que abarrotaron los centros de salud locales.

Los futuros astronautas se mudan a Texas para cursar su formación, que recibirán en el centro espacial Johnson. Se entrenarán en salidas al espacio, desarrollarán habilidades en robótica, aprenderán a hacer funcionar la Estación Espacial Internacional, así como también a hablar ruso.

“Será un gran cambio para nuestras familias, pero es una nueva aventura muy emocionante”, asegura Williams. (I)