Fue una de las mayores hazañas de la Segunda Guerra Mundial sobre las costas de Dunkerque, Francia. La noche del 26 de mayo de 1940, comenzaba la operación Dínamo, que puso en marcha a la “Armada Mosquito”, como la había bautizado Winston Churchill, integrada por 800 embarcaciones, en gran parte requisadas en las costas inglesas para poder salvar al ejército. Cuánto duró la batalla, qué significó para los aliados y cuántas vidas se salvaron.

En mayo de 1940, la máquina bélica del Tercer Reich avanzaba frenéticamente. Ocupada Polonia el primero de septiembre del 39, todo el campo era susceptible de más invasiones.

La blitzkrieg (guerra relámpago de aviones y tanques) había aplastado el 10 de mayo a Bélgica, Holanda, Luxemburgo y Francia con 141 divisiones, 14 mil cañones, 2.550 tanques y 4.020 aviones. La resistencia no fue poca: las fuerzas aliadas, sumada Inglaterra, alcanzaban esas cifras, sin embargo, en menos de un mes, la blitzkrieg, por su mortífera velocidad, quebró todas las barreras defensivas en la llamada “La batalla por Francia”.

El alto mando británico debía evitar una orgía de sangre y para eso ordenó el repliegue de sus casi 400 mil hombres que luchaban en tierra francesa, que se refugiaban y quedaban acorralados en el bolsón de mar que rodeaba el puerto de Dunkerque.

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Las únicas posibilidades para ellos eran: la evacuación o muerte.

Desde el 20 de mayo, la Corona británica hizo arder sus genes marinos. Todo barco -toda cosa capaz de flotar- fue requisado entre Londres y el sur del país para salvar esas vidas. La cruzada se llamó Operación Dínamo, al mando del almirante Bertram Ramsay, pero inspirada por la férrea decisión del mariscal de campo John Vereker Gort.

“Los oficiales del Almirantazgo, registrando varios astilleros, lograron 40 lanchas a motor, botes salvavidas de los transatlánticos, remolcadores, veleros, barcos y botes pesqueros, y hasta yates –grandes y mínimos– de placer. Todo para salvar a nuestro querido ejército”, narró Churchill en sus memorias: seis volúmenes que ganarían el premio Nobel de Literatura en 1953.

Así comenzaba a nacer la frase que el primer ministro hizo célebre en septiembre de 1941, después de que los ingleses (y los londinenses, sobre todo) soportaran, día y noche, los letales bombardeos nazis: “Nunca tantos debieron tanto a tan pocos”, dedicada a las hazañas de los pilotos de la Corona en la Batalla de Inglaterra.

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En total fueron 800 embarcaciones las que partieron hacia Dunkerque el 27 de mayo por la noche. El primer ministro la había bautizado como “La armada mosquito”, por su capacidad para moverse rápido, en silencio, atacar, huir, volver a atacar, enloqueciendo al enemigo.

Esa gesta contó –cuestión polémica– con uno de los tantos errores de Adolf Hitler, que poco o nada tenía de estratega: solo su pavorosa maquinaria bélica y humana.

El 24 de mayo, con las tropas enemigas inermes en Dunkerque, Lille, Boulogne y Callais, en lugar de asestarles el golpe final, le ordenó al general Gerd von Rundstedt, jefe de los vehículos blindados del grupo de ejércitos A de la Wehrmacht (todas las fuerzas unificadas), detener a los tanques panzer en las puertas de Dunkerque. Parálisis casi decisiva para el éxito de la Operación Dínamo.

El 26 de mayo, a las once de la noche, comenzó la operación Dínamo. Llegó a Dover, desde el continente, el primer grupo de tropas, recibido con un infernal fuego de artillería, bombardeo aéreo, y la metralla en picada de los veloces aviones Stuka.

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Miles de soldados ingleses, franceses y belgas formaron una desesperada fila en la playa, esperando ayuda: la evacuación parecía imposible… Para peor, las bombas nazis devastaron el puerto de Dunkerque, solo navegable con marea alta para los 40 destructores y los 130 barcos mercantes y de pasajeros alistados por la Royal Navy para la evacuación.

La Batalla de Dunkerque en sí misma (en la pura acción) duró apenas 10 días: del 26 de mayo al 4 de junio de 1940. Pero sus hechos y su resultado la elevaron al máximo Parnaso de la guerra. Porque en esas 240 horas quedó expuesta toda la materia del horror (aquella última palabra de Kurtz, el terrible personaje de Conrad en su libro El corazón de las tinieblas): la guerra en su total caleidoscopio de locura, coraje, sacrificio, sangre y muerte, crueldad, sadismo…: lo peor y lo mejor de la especie humana.

Un resultado en el que nadie en Inglaterra creyó, y que rozó el milagro: más de 200 mil soldados británicos y más de 100 mil de sus pares franceses y belgas que nunca vieron a la muerte tan cerca, regresaron a sus tierras y a sus casas. (I)