¿Sabías que el volumen de tu voz está influido por el clima? Las personas que viven en climas cálidos suelen hablar más alto que aquellas que viven en climas fríos. Así lo ha corroborado un estudio de la Universidad de Kiel, publicado en PNAS Nexus.

“En general, los idiomas de las regiones más cálidas son más ruidosos que los de las regiones más frías”, explicó el doctor Soren Wichmann, líder del equipo de investigadores y lingüistas. Según el experto, se trata de cómo la temperatura promedio del ambiente influye en el volumen del habla.

La teoría se basa en que al hablar estamos rodeados de aire, y las ondas sonoras de nuestra voz viajan a través de ese aire. De tal forma, las propiedades del aire determinan cómo lo escucha nuestro interlocutor.

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Cuando el aire es caliente, solemos alzar nuestras voces.

“Por un lado, la sequedad del aire frío supone un desafío para la producción de sonidos sonoros, que requieren la vibración de las cuerdas vocales. Por otro lado, el aire caliente tiende a limitar los sonidos sordos absorbiendo su energía de alta frecuencia”, comenta Wichmann.

La sonoridad en climas cálidos

El equipo de investigación descubrió que las regiones alrededor de la línea ecuatorial, en el hemisferio sur del planeta, tienen una sonoridad promedio alta. Esta se refiere al volumen de ciertos sonidos del habla.

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Sin embargo, regiones más hacia el hemisferio norte del planeta tienen una baja sonoridad.

“Pudimos establecer una relación clara entre la sonoridad media de las familias lingüísticas y la temperatura media anual”, indicó el lingüista a cargo del proyecto. Pero señaló que hay excepciones a la regla, como en ciertas zonas de América Central y del sudeste asiático continental, que suelen tener sonoridad más baja.

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De acuerdo con Wichmann, esta investigación es parte de una serie de cuestionamientos a las concepciones que se tienen de lingüística.

“Durante mucho tiempo, la investigación asumió que las estructuras lingüísticas son autónomas y no están influenciadas de ninguna manera por el entorno social o natural. Estudios más recientes, incluido el nuestro, comienzan a cuestionar esto”, afirmó. (I)