La carrera por el Palacio de Pizarro llegaba a su final el lunes, cuando faltaba poco para cerrar el escrutinio de la segunda vuelta electoral, que deja a Pedro Castillo (izquierda populista) en el primer lugar y a Keiko Fujimori (derecha populista) en segundo lugar por tercera vez consecutiva.

Hasta la tarde del lunes, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe) de Perú mostraba a Castillo con el 50,17% y a Fujimori con el 49,84% de los votos, cuando faltaba solo el 6% de las actas.

Castillo, maestro de escuela rural, de 51 años, tomó la delantera en los votos alrededor del mediodía. Fue subiendo a medida que se hacía el conteo de las actas de mesas de las zonas rurales y selváticas. También puede ser clave el voto en el exterior, con un millón de electores, y que puede tardar hasta quince días en procesarse. Para algunos expertos, esto podría ser la salvación de Fujimori (46 años).

Fernando Tuesta, exjefe de la Onpe, explicó a la AFP que “el acta mata el voto. Cada acta electoral son en promedio entre 200 o 300 votos”, por lo tanto, indicó, “no hay opción de fraude, porque en cada etapa del proceso de escrutinio hay personeros del partido”.

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Tuesta agregaba que sería difícil llegar al 100% de los votos escrutados el lunes, y lo más probable era que el martes se definiera al vencedor.

Para Fujimori, si pierde el balotaje no solo le implicaría su tercera derrota en las urnas, sino que tendrá que ir a juicio con riesgo de terminar en la cárcel. Ella está bajo la lupa de la Fiscalía por el caso de los aportes ilegales del gigante brasileño de la construcción Odebrecht, un escándalo que salpicó además a cuatro expresidentes peruanos. Ya estuvo 16 meses en prisión preventiva por esta causa.

En la otra mano está Castillo, que salió del anonimato hace cuatro años al liderar una huelga de maestros y que, de vencer, sería el primer mandatario peruano sin lazos con las élites política, económica y cultural.

Castillo “sería el primer presidente pobre del Perú”, definió el analista Hugo Otero a la AFP.

La calma que reinó en las primeras horas del día en Tacabamba (capital del distrito homónimo ubicado en la provincia de Chota, en el departamento de Cajamarca), donde hace base Castillo, se revirtió al mediodía del lunes. Mientras que en la capital del país, Lima, aún había quien no se resigna y ve “opciones matemáticas” para que Fujimori retome el liderazgo en el conteo, una opción que parece desdibujarse a cada minuto, según EFE.

Al final parece que el “antifujimorismo”, la laxa coalición político-ciudadana que se articula en función a su rechazo a Keiko Fujimori y su padre, el expresidente Alberto Fujimori (1990-2000), sigue siendo la principal fuerza política y, de hecho, la más influyente del país; sobrepasando incluso al miedo al socialismo y al comunismo que representa Castillo para varios sectores.

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En tanto, el actual presidente, Francisco Sagasti, dijo que el ajustado resultado es un llamado a la “reconciliación y a la unidad nacional”, así como un mandato “imperativo para ponerse de acuerdo sobre el rumbo que tenemos que tomar el Perú”, recoge Peru21.

El nuevo presidente asumirá el 28 de julio el poder de un país que ha tenido cuatro mandatarios desde 2018 y que registra la mayor tasa de mortalidad del mundo por la pandemia, con más de 185.000 muertos en una población de 33 millones de habitantes.

La crisis sanitaria obligó el año pasado a semiparalizar la economía por más de 100 días, lo que acarreó una recesión y una caída del PIB de 11,12% en 2020.

Además, la victoria de Castillo haría que Perú vuelva a tener un presidente de izquierda luego de cinco años, cuando dejó el poder Ollanta Humala, aunque pese a su ideología mantuvo el sistema económico. El último presidente que puso medidas de izquierda en sí fue Alan García en su primer mandato (1985-1990), pues en el segundo (2006-2011), en cambio, también defendió el sistema.

Una misión de observación electoral de la Organización de Estados Americanos (OEA) está en Perú vigilando los comicios, al mando de Rubén Ramírez, excanciller de Paraguay, y ha respaldado hasta ahora la labor de las autoridades electorales peruanas.

Zonas rurales, realidad paralela

Perú tiene dos realidades paralelas: la costa norte del Pacífico y Lima, por un lado, y el resto del territorio, por otro. Si bien esa división ya se venía articulando y subrayando hace años, el voto parece zanjar la discusión.

Lima, el Callao y las regiones de La Libertad, Lambayeque, Tumbes y Piura, así como Ica (en menor medida) han votado ampliamente por Fujimori y sus propuestas de continuismo económico pro libre mercado.

Son zonas que han aprovechado las políticas económicas de los últimos 30 años, que concentran los flujos comerciales y la inversión agroindustrial, tienen mejores vías de comunicación y están más densamente pobladas.

Son también zonas con mayor población de origen europeo o mestizo y donde la violencia política de los años 80 y 90 del siglo pasado fue menor.

Del otro lado está el interior, particularmente las regiones altoandinas del sur, con una altísima población de pueblos originarios, que fueron devastadas durante el terrorismo y que atesoran ingentes recursos mineros y energéticos, pero a las que el desarrollo económico dejó de lado.

El voto por Castillo allí es abrumador: Puno (89%), Cuzco (82,9%), Apurímac (81%) y Ayacucho (81%), recoge EFE.

Mercados responden mal

La bolsa de Lima abrió el lunes con una fuerte baja, mientras el dólar se empinaba a un precio récord de 3,94 soles ante la incertidumbre por el conteo del balotaje presidencial.

El índice S&P/BVL Perú General, el más representativo de la bolsa limeña, caía 7,22% hacia el mediodía. Todos los índice sectoriales bajaban, con las caídas más pronunciadas en el industrial (-11,75%) y construcción (-11,04%).

Mientras, el precio del dólar viene incrementándose en Perú por la incertidumbre política desde los días previos a la primera vuelta electoral del 11 de abril, en la que Castillo dio el batacazo entre 18 candidatos a la Presidencia.

Los mercados miran con desconfianza las propuestas de Castillo, quien promueve darle mayor protagonismo al Estado en la economía. (I)