Gane quien gane finalmente en las elecciones generales peruanas que se disputaron el domingo, ya sea la izquierda radical o la derecha autoritaria, el resultado traerá también la certeza de que el pensamiento conservador, tradicional, hostil a la equidad de género y los derechos a las minorías sexuales es el ganador de los comicios.

“Claramente, el pensamiento conservador, que es también el machismo y el patriarcado, ha salido bien librado en estas elecciones. Nos queda saber quién está en la segunda vuelta, pero entre los cuatro primeros puestos todos tienen el factor común del conservadurismo recalcitrante y contrario a la expansión de los derechos civiles, sexuales y sociales”, resumió para Efe la antropóloga feminista Alejandra Ballón.

El análisis electoral primario confirma esta situación de dominio del pensamiento conservador entre los candidatos, que no distingue ni entre posiciones políticas económicas ni en el género de sus portavoces.

Tanto Pedro Castillo, el candidato más votado por el partido de extrema izquierda Perú Libre, como su potencial rival en el balotaje, Keiko Fujimori, son socialmente partidarios de la "mano dura", contrarios al aborto, a la educación con enfoque de género, a los derechos civiles para la comunidad LGTBI+ y profesan una explícita religiosidad.

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También Hernando de Soto, un hombre blanco, rico y mayor es ciertamente un conservador social, así como Rafael López Aliaga, que no solo es muy conservador sino que además es abiertamente hostil a cualquier tendencia progresista.

De los 130 diputados del Congreso salido de esta votación, tan solo 12 mantendrían posturas progresistas en lo social. El resto serían conservadores.

Un país conservador

“¿Si han ganado los conservadores en temas morales? Sí. Sin duda, Perú es un país mayoritariamente conservador en cuanto a temas de identidad sexual, matrimonio homosexual. Incluso el movimiento feminista, que entró como una ola en toda América Latina, en Perú dejó poco. Los candidatos pueden tener posiciones a favor o en contra del mercado, pero coinciden en su agenda conservadora”, dice el politólogo Carlos Meléndez.

De hecho, el país no solo es conservador, sino que además se ha corrido hacia la derecha política en los últimos tiempos, según revela un estudio hecho por el Grupo de Análisis Político 50+1 dirigido por Meléndez.

En una escala que va del 1 al 10, el 1 siendo la postura más conservadora, Perú se identifica en un 3,9. Cuatro de los cinco candidatos más votados el domingo en Perú están por debajo de esa línea.

Esta situación también se puede leer como un fracaso de las posiciones más progresistas, representadas electoralmente por el partido Juntos por el Perú (izquierda) de Verónika Mendoza y el Partido Morado (centro liberal), que han quedado muy lejos y sumados no llegarían al 11 % de los sufragios.

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"Veo aquí también una derrota del movimiento progresista. No tuvieron candidatos capaces de atraer a un electorado que no necesariamente compartiera su agenda de temas sociales, pero que podía ser moderado al respecto. En un país conservador como Perú, las luchas sociales son largas y tienen que ser inteligentes para atraer los moderados. Eso no se puede hacer con dinámicas de polarización", razonó.

Para Ballón, este fracaso electoral "progresista" ha sido fruto más bien de las "jugadas" de la derecha mediática y políticas tradicionales que "inflan a un candidato extremo para neutralizar a la izquierda moderada", en este caso representada por Mendoza, sólo que en este caso pareciera "que se les fue de las manos con Castillo".

"Ahora las derechas tienen un extremo muy fuerte a la izquierda, pero tienen coincidencias. Por ejemplo, la educación con enfoque de género es algo que no les gusta. Esto va a ser sin duda muy difícil para los colectivos LGTB", vaticinó.

Historia y reacción

Para ambos analistas, este conservadurismo social extendido tiene su origen en la gran presencia y el tutelaje histórico de la Iglesia católica en el país, el avance de otras iglesias evangélicas y el machismo tradicional de las culturas andinas.

"Las iglesias tienen prestigio. Sus escándalos de abusos o corrupción no calan en la opinión pública. Y no solo es la religiosidad de la gente, es que están presentes como institución. Son poderosas y han sedimentado valores tradicionales", indicó Meléndez.

Además, el avance de posturas feministas y su mayor visibilidad política y social en todo el mundo también pueden haber generado "una reacción conservadora", que por primera vez en Perú tuvo un candidato vocal como Rafael López Aliaga, que ha expresado públicamente un rechazo "que antes siempre estuvo por detrás".

“El país es profundamente machista y conservador. Se entiende la religiosidad de manera muy política, no hay separación entre poderes y fe, y se usan mucho conceptos ‘morales’ en la esfera pública. Hay aquí una situación, una herencia que no termina de despegase”, dice Ballón. (I)