Los científicos han estado atentos durante muchos años observando el infinito ante la posible caída de alguna roca, asteroide o similar, que pueda amenazar la vida en la Tierra. Sin embargo, en los actuales momentos ya no solo tendrán que estar atentos este tipo de objetos, sino también a otros creados por el mismo ser humano.

Son los restos del cohete chino Long March 5B los que ponen bajo contexto un nuevo problema para la humanidad, a corto y largo plazo: la basura espacial. El cohete en cuestión viaja sin control a una velocidad de 28.000 km/h y está previsto que entre en la atmósfera la noche del sábado al domingo.

Según los expertos, los restos no representan mayor riesgo y se espera que caigan en una zona no poblada o en el océano.

Pero aparte de este cohete, la Agencia Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés) estima que existen unos 750.000 objetos de más de 1 centímetro sin utilidad orbitando a enorme velocidad, 56.000 kilómetros por hora. Estos no representan un riesgo para la integridad de los seres humanos en la Tierra, pero su impacto contra un satélite o una estación espacial podría causar graves daños.

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Jyri Kuusela, experto en el Proyecto Basura Espacial de la ESA, indica que la composición de los objetos artificiales que orbitan la Tierra es aproximadamente la siguiente

  • Naves operativas 7%
  • Naves obsoletas 22%
  • Restos de cohetes 17%
  • Objetos relacionados con las misiones 13%
  • Otros fragmentos 41%

El número de desechos, su masa combinada y el área total que ocupan ha crecido sin parar desde el comienzo de la era espacial. Esta tendencia se ha visto avivada por el gran número de naves y etapas de cohetes que se han desintegrado en órbita.

Josef Aschbacher, director de la ESA, dijo en abril del 2020 que el problema de “la basura espacial es uno de los temas más urgentes en relación con nuestro futuro en el espacio”.

La ESA detalla que el área total que ocupa la basura espacial es importante, ya que está directamente relacionada con el número de colisiones que se esperan en el futuro. Según están las cosas, se prevé que las colisiones entre desechos espaciales y satélites en funcionamiento pasen a ser la fuente principal de generación de residuos, superando a las explosiones.

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Una de las soluciones está en remover objetos inservibles del espacio -para lo que la ESA tiene una misión planificada para 2025- y eso es algo que no es fácil, según advirtió entonces Luisa Innocenti, encargada del programa de la ESA de limpieza del espacio.

En 2018, la Asamblea General de las Naciones Unidas, que considera la basura espacial como “un tema de preocupación para todas las naciones”, expresó su inquietud por “la fragilidad” del entorno espacial y el impacto de los desechos espaciales.

Simonetta Di Pippo, directora de la Oficina de Naciones Unidas para el Espacio Exterior (Unoosa), explicó en 2019 que a medida que aumenta el número de actores y objetos lanzados al espacio, “el problema se está convirtiendo en una preocupación mayor para la comunidad internacional”.

La ESA indica que durante las últimas dos décadas se ha producido en el espacio una media de 12 fragmentaciones accidentales al año, una tendencia que está en aumento. Estos eventos de fragmentación describen momentos en los que se generan desechos por colisiones, explosiones, problemas eléctricos o el simple desprendimiento de objetos debido las condiciones del espacio. (I)