Tras pasar 355 días en la Estación Espacial Internacional (EEI), el astronauta estadounidense Mark Vande Hei y los cosmonautas rusos Antón Shkáplerov y Piotr Dubrov llegó el miércoles a la Tierra a bordo de la Soyuz MS-19.

“Aterrizaron. ¡Bienvenidos de vuelta, Antón y Piotr!”, se podía leer en la pantalla del Centro ruso de Control de Vuelos, que añadía en inglés: “¡Bienvenido de vuelta, Mark!”.

Retorno que marca hitos

Se trató de un retorno que marca varios hitos: uno de ellos es el récord de permanencia de un astronauta de los EE.UU.: Vande Hei ha estado en el espacio 355 días seguidos, 15 más que el anterior récord de un estadounidense.

Durante su estancia en la EEI, la plataforma espacial llevó a cabo 5.680 órbitas alrededor de la Tierra, un recorrido de más de 300 millones de kilómetros.

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Sin embargo, quizás el hito más simbólico en las actuales circunstancias es que se trata del último astronauta estadounidense en volar a la EEI a bordo de una nave rusa, ya que los siguientes inquilinos de la NASA llegaron a la plataforma orbital a bordo de naves Crew Dragon, desarrolladas por la compañía estadounidense SpaceX.

Además, también retornó en una Soyuz pese a que medios occidentales, entre ellos Fox News, barajaron la posibilidad de que Roscosmos, la agencia espacial rusa, se negase a traerlo de vuelta en represalia a las severas e inéditas sanciones impuestas a Rusia tras el inicio de su “operación militar especial” en Ucrania.

La agencia espacial rusa se apresuró inmediatamente a desmentir estas suposiciones y afirmó que "Roscosmos nunca ha permitido que nadie dude de su confiabilidad como socio".

El cosmonauta ruso Pyotr Dubrov se somete a un control médico poco después del aterrizaje de la cápsula espacial Soyuz MS-19 en un área remota en las afueras de Dzhezkazgan (Zhezkazgan), Kazajstán, el 30 de marzo de 2022. (Foto de Irina SPEKTOR / Agencia Espacial Rusa Roscosmos / AFP) Foto: AFP

Aunque Washington y Moscú continúan negociando la posibilidad de "vuelos cruzados" y no la descartan del todo, esta se torna cada vez más remota, al igual que la de muchos otros proyectos conjuntos, a medida que resuenan los cañones y arden las ciudades en Ucrania.

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Es por ello que el aterrizaje de Vande Hei podría convertirse en el símbolo del fin de todo el abanico de la cooperación internacional en el espacio y, más aún, del punto final de la EEI.

EEI con los días contados

Ante la espiral de las sanciones occidentales, que han afectado a empresas del sector espacial ruso, Roscosmos ha dejado claro que Rusia podría retirarse de este proyecto internacional, lo cual sería equivalente a su fin.

"El 31 de marzo es el último día que tienen la NASA, la Agencia Espacial Europea (ESA) y la Agencia Espacial Canadiense (CSA) para responder a nuestro requerimiento de que levanten las sanciones contra dos de nuestras empresas", señaló el director general de Roscosmos, Dmitri Rogozin.

La respuesta solicitada por Rogozin definirá la decisión rusa sobre su disposición a prolongar la vida de la plataforma orbital internacional hasta 2030, al igual que sobre la reanudación de los vuelos conjuntos con la NASA.

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De momento, Rusia tiene previsto participar en la EEI hasta 2024, con la intención de lanzar después su propia estación.

En opinión de Roscosmos, en la estación, que fue puesta en órbita en 1998 y fue proyectada para tener una vida útil de 15 años, habría que inyectar “una enorme cantidad de dinero” para repararla y evitar que se desintegre “en pedazos” antes de 2030.

Mientras, en la estación continúan trabajando los cosmonautas rusos Oleg Artémiev, Denís Matvéev y Serguéi Kórsakov, los astronautas de la NASA Thomas Marshburn, Raja Chari y Kayla Barron, y el astronauta de la Agencia Espacial Europea Matthias Maurer.

La EEI, que lleva más de dos décadas al servicio de la humanidad y es quizás uno de los mayores frutos de la cooperación espacial internacional al implicar a cinco agencias de 15 países, podría terminar convirtiéndose en una víctima colateral más del conflicto en Ucrania. (I)