Las críticas a la marcha del orgullo LGBTI + (lesbianas, gais, bisexuales, transexuales, intersexuales y el resto de la diversidad sexo-genérica) en redes sociales reflejan el nivel de confrontación que existe en torno a esta población en el país.

Los actos de desnudez que rayan en la obscenidad, como indican algunos de los comentarios, sintetizan uno de los cuestionamientos más frecuentes, pero su razón de ser es una señal de protesta ante lo que debería realmente importarnos como sociedad, coinciden activistas y psicólogos.

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“Lo de los desnudos lo entiendo muy bien, hay cosas que se nos escapan de las manos en el desfile, pero todo recae en una sola cosa: la reivindicación de las luchas sociales y de los cuerpos. Los desnudos no solamente nacen y salen en una marcha LGBTI +, las mujeres lo hacen porque es un momento de protesta, tengo mi cuerpo, no lo puedo hacer durante todo el año como yo quisiera hacer por el miedo al que dirán y al ataque, entonces aprovecho esta oportunidad, es un mensaje que se da a la sociedad”, afirma Mario Alarcón, presidente de la Fundación Alianza Igualitaria.

Municipalidad de Guayaquil niega el permiso para la marcha del Orgullo LGBTI en el centro y sugiere que se haga en parque Samanes

Se refiere a las acciones de los grupos feministas en sus marchas, como las mujeres que muestran sus senos.

Un criterio similar tiene la psicóloga Noemí Rivas, quien lamenta la decisión de la administración de Aquiles Alvarez de no otorgar el permiso municipal para que la marcha recorra el centro de Guayaquil, lo que considera contraproducente porque implica un retroceso en derechos.

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“A la sociedad le corresponde un poco conocer de dónde nace el tema de las marchas y eso quizás puede dar una visión más amplia de lo que significan, de repente nos quedamos en los términos del disfraz. Allí los medios de comunicación tienen todo un reto de continuar informando la razón de ser, de dónde nace esta necesidad de visibilizar una comunidad históricamente discriminada, violentada. En ese sentido nace con un poco de escándalo, con una necesidad de hacer un poco de bulla, de ruido, que era absolutamente necesario en ese momento histórico”.

El día y el mes del orgullo LGBTI + tiene como antecedente la rebelión contra la homofobia en Estados Unidos durante los disturbios ocurridos la madrugada del 28 de junio de 1969.

El hecho se suscitó en el pub Stonewall Inn, ubicado en el barrio neoyorquino de Greenwich Village, cuando se dio una reacción ante las redadas que hacía la policía de esa ciudad. Un año después se organizó una marcha en recuerdo de lo ocurrido y así siguió en el resto de ciudades de Estados Unidos y del mundo.

El Municipio de Guayaquil ha propuesto –a los grupos activistas– como escenario el parque Samanes argumentando congestionamiento de tránsito en el centro de la ciudad.

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Rivas indica que es importante que se debata sobre las verdaderas razones de la posición municipal. “Poner el tema sobre la mesa, incluso en términos de discusión, de opiniones diversas, es tan necesario porque allí es donde se construyen cambios. Si lo estamos evitando todo el tiempo y retrocediendo espacios ganados con mucho esfuerzo para no sostener precisamente esos diálogos incómodos, pues no avanzamos como sociedad”.

El psicólogo Cristian Arias tiene una postura más conservadora respecto a estas formas de visibilizar a la población LGBTI +. Reconoce el “derecho que tienen como comunidad de hacer visible su causa, motivación, historia, protesta, considerando que ha sido un grupo segregado y vulnerado a lo largo de la historia”.

Pero considera que debe existir un equilibrio entre el derecho del ciudadano de hacer uso libre de un espacio y el de los que no están de acuerdo con la forma como se utiliza. “Ese derecho termina donde comienza el derecho de la otra persona a no estar de acuerdo”.

“Me parece que la postura de Alvarez es una de buscar un espacio que respete ambos derechos. El de la comunidad LGBTI a tener un espacio porque las calles son un lugar de libre de tránsito a vista de todo el mundo. Es buscar un lugar donde estas personas puedan hacer uso de su libre expresión y todo aquel que simpatice con la causa o el estilo de vida LGBTI es libre de acudir a la manifestación. Si yo tengo la postura de que no me agrada se me está respetando el derecho de qué bueno, ese día si tenía pensado ir a parque Samanes, pues no voy, entonces es una postura media para respetar ambos derechos”.

Sin embargo, esta alternativa es vista por los activistas como un intento de marginar y silenciar al grupo LGBTI +.

Alarcón, por ejemplo, apela al derecho de reunión, asociación y de protesta que tiene toda la población, según la Constitución. “Tenemos que poder hacerlo tanto como lo hace la comunidad montuvia, las feministas, los correístas, todos tenemos el derecho de utilizar la avenida 9 de Octubre, que es un ícono para la comunidad y las organizaciones sociales”.

Organizadores del Orgullo LGBTI anuncian que marcharán en el centro de Guayaquil ‘con o sin permisos’ del Municipio

Parte de vivir en comunidad implica a nivel psicológico, dice Arias, apegarse a un conjunto de normas, reglas y procesos. “Puedo visibilizar, pero tampoco puedo obligar a una persona a que vea algo que no desea ver. Si yo quiero visibilizar, pues, podría de pronto la Alcaldía crear un protocolo o una serie de lineamientos que ellos tienen que respetar, la causa o la motivación es visibilizar, perfecto, pero para visibilizar ¿es necesario o relevante desnudarse?”, plantea el especialista.

Si la finalidad es visibilizar, pues hay otros medios, propone Arias, como plataformas digitales, redes sociales, una producción audiovisual, colocar puntos informativos para explicar lo que es la comunidad LGBTI su historia, sus derechos.

Lo que sí recalca es que el derecho a no estar de acuerdo con estas personas, pues no justifica la reacción violenta en redes sociales. “Puedo no estar de acuerdo con el cómo estas personas expresan su orientación, su libertad, su preferencia, pero ese derecho que tengo, no justifica que yo los violente, ese es el equilibrio. Si no estoy a favor, pues no voy a la marcha y ese día no salgo de mi casa, hasta allí está bien, pero de ahí a escribir frases violentas, con eso ya caemos inclusive en el terreno judicial del delito de odio”.

¿Se podrían evitar en la marcha ciertas formas en un afán de evolucionar y mostrar las distintas caras de la población LGBTI +?

La especialista considera que la marcha ha ido mutando de forma favorable, por lo que convoca cada vez a más familias que brindan apoyo. “Ellos quieren mostrar estas diversas caras de la comunidad, están los padres, hermanos, amigos de los que son parte de esta población tratando de apoyar y visibilizar, no solo desde la denuncia, sino también en un compartir. Entonces en ese sentido si de repente toca revisar algunos temas, hay que mutar con los cambios que se dan”.

Dentro del mismo grupo LGBTI + surgen estas críticas de que la marcha, tal como se hace en Guayaquil, no los representa.

Estas divisiones, indica Rivas, son derivadas en parte por el desconocimiento de las luchas que cada uno de los que conforman esta comunidad puedan tener y de las necesidades de visibilizar sus propios estilos y formas. “Si toca revisar el tema de las marchas y entender el contexto y la realidad sociocultural que vivimos, sin dejar la esencia de lo que significan, si toca leer un poco estas evoluciones, pero para eso tienen que seguir dándose, no se pueden quitar para que continúen mutando”.

La marcha es una oportunidad de mostrar y educar a las personas sobre la diversidad sexo-genérica, pero de pronto, indica Arias, termina distorsionando lo que se quiere visibilizar. “En lugar de ser un motivo de resistencia, viene bien que los propios directivos de la comunidad se cuestionen puerta adentro cómo es posible que nuestras propias personas, quienes se identifiquen como tal, muchos de ellos no están de acuerdo con los excesos y desnudos”.

Alarcón, por su parte, reconoce ciertas acciones que hieren susceptibilidades y se termina afectando de alguna u otra manera a la otra parte de la población. “Lo que hacemos es siempre indicarle a las organizaciones que forman parte del desfile que traten de marchar bajo un tema, pero hay cosas que se nos escapan. Cada organización tiene un tema de lucha, de protesta, pero hay quienes acuden de forma independiente, ante ello qué podemos hacer”, se pregunta.

Ahora, agrega Rivas, al que le incomoda ese tipo de expresiones de desnudez debe también revisar el porqué ya que la necesidad de denuncia y de escándalo sigue existiendo. “Las personas se escandalizan y toma un poco hechos o situaciones puntuales y a veces hasta aisladas con la intención de desdibujar el evento, es una visión sesgada, dejan a un lado toda la algarabía y la parte positiva”.

Un estudio del programa Prevención de Violencia contra las Mujeres (PreViMujer) de la Agencia de Cooperación Técnica Alemana GIZ cuantificó el nivel de violencia que enfrenta la población LGBTI+ que sigue la educación superior en Ecuador.

El resultado muestra que cuatro de cada diez estudiantes que son parte de la población LGBTI + han sido discriminados o violentados por profesores o personal administrativo de las universidades.

A las personas trans son a las que peor les va si siguen la educación superior. Las mujeres y las personas de la comunidad cuando son violentadas y discriminadas pierden 29 días de productividad, calculó este estudio. “Y no solo porque no van a clases sino que se obstruye sus proyectos de vida”, afirma Michelle Aucancela, activista de derechos humanos en una entrevista a radio Pichincha.

¿Qué significado tiene cada una de las letras de las siglas LGBTI a las que algunos añaden Q y +?

El estudio indica que tres de cada diez estudiantes LGBTI + fueron golpeados físicamente por parte de algún integrante de la comunidad universitaria, casi la mitad de los estudiantes admitieron vivir violencia por parte de hombres y tres de cada diez fueron acosados por otros con comentarios o mensajes ofensivos,

El rango de edad de las personas encuestadas es de 18 a 25 años. El problema es que la violencia está normalizada, según Aucancela, quien afirma que aún es importante visibilizar a los miembros del grupo LGBTI+ tomándose cualquier tipo de espacio.

“Es importante incomodar a la gente y decir: Si a ustedes les incomoda que nuestras cuerpas estén al aire sobre un carro alegórico o con un cartel, pues a nosotros nos incomoda como las mujeres trans son asesinadas, eso nos incomoda. Si a ustedes les incomoda que salgamos por esta ruta (respecto a que Alvarez negó el permiso para que la marcha se haga en el centro de Guayaquil), pues a nosotros nos incomoda que nos maten y que nuestras vidas estén en peligro”, agrega la activista.

El hacer ruido con estas acciones, que algunos pueden catalogar de obscenas o que atentan contra el pudor, son para cuestionarnos lo que nos escandaliza, argumenta Rivas: “Nos escandaliza más ver unos pechos desnudos, pero no nos escandaliza tanto que esa misma mujer que ahora está mostrando su cuerpo fue violentada o su madre o la vecina, con realidades marcadas por la violencia”.

El grupo de trans al final es el más valiente a la hora de mostrarse. “No me quieres ver, aquí estoy, existo, no puedes negar mi existencia. Desde el punto de vista psicológico representa una liberación de la persona y de liberar a la sociedad de tabúes, de mitos y prejuicios”.

Durante los primeros catorce años esta marcha anual se hizo sin el permiso oficial del gobierno local en Guayaquil, en el periodo 2000-2013. Recién a partir del 2014 se contó con este aval municipal hasta la edición del 2019.

Luego llegó la pandemia y no se dio en 2020 y 2021. La marcha como tal con el mismo recorrido céntrico (Malecón y 9 de Octubre) se retomó el año pasado, cuando se volvió a contar con el permiso de la autoridad municipal bajo la administración de Cynthia Viteri.

Una de las preocupaciones es la exposición de los menores de edad a escenas que pueden atentar contra el pudor.

Rivas recomienda a los padres que escuchen las inquietudes que se generan en sus hijos, no solo en una marcha, sino en el cine, la televisión, en el entorno bajo otros contextos. “No hay que dar por sentado que habrá una mirada escandalizada o asustada del otro, tengo que estar abierto a escuchar, ver la reacción y responder con calma a esas inquietudes, sino tengo las repuestas pues investigarlas”.

Hay la práctica de invitar a las matinés a personajes del reguetón que se presentan con muy poca ropa y eso es normalizado, indica. “En ese contexto es inapropiada una exposición precoz innecesaria. Si tengo un niño de 4, 5 o de 10 años expuesto a un show en la que hay una hipersexualización, pues no hay que someterlo a eso”,

A nivel cinematográfico se dio una escena LGBTI en una película de Disney que generó polémica. “Todo esto refleja una realidad que es la carencia de educación sexual que existe, es más rápido la represión, la censura y decir no voy a hablar con mis hijos de esto, eso es lo más rápido e inmediato, pero eso no quiere decir que sea lo correcto, ya que es lo contrario, hay que sentarse con ellos y explicarles”, afirma Arias.

No es lo mismo una escena de violencia, de atento contra el pudor, agrega, de una demostración de afecto, son dos cosas totalmente diferentes. “No es lo mismo una escena de una persona feminista que se saca los senos en plena 9 de Octubre o de una persona semidesnuda en una marcha LGBTI que dos mujeres dándose un beso en un restaurante, hay líneas. Ambas cuestiones ponen sobre la mesa la importancia de trabajar en el vínculo con los hijos”.

El tema es que se desconoce como educar sexualmente. “Al padre que debe hablar de sexualidad con sus hijos nunca le hablaron de ello. Y de allí viene lo religioso, educativo, los colectivos que ya rayan en una postura fanática e intransigente como el de ‘con mis hijos no te metas’ de resistirse a la educación sexual, cuando ese es el camino”, expresa. (I)