Los casos de hospitalizaciones por melanoma maligno u otros tumores de piel aumentan en Ecuador. En 2012 se registraban 965 atenciones con internación debido a esa causa, de las que 25 personas fallecieron.

El número ascendió a 1.311 en 2019, de los que 44 fallecieron. Las cifras del 2020 evidencian una disminución, pero se debe a que los hospitales se concentraron en el COVID-19 e incluso algunos cerraron durante el confinamiento por la pandemia, por lo que no es un año comparable.

Las muertos totales por tumores malignos en la piel también suben, al igual que la tasa de mortalidad desde la década del noventa. En 1997 se registraron 77 fallecimientos, número que se elevó a 275 durante el año 2020.

La exposición al sol y el ingreso de más rayos ultravioleta, nocivos para todas las formas de vida en el planeta y que llegan a la superficie terrestre, son uno de los factores que influyen en la incidencia del cáncer de piel.

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La capa de ozono es un escudo de gas que rodea y protege a la Tierra de los rayos ultravioleta provenientes del Sol, pero sustancias que se producen y usan a partir de 1928, y sobre todo tras la Segunda Guerra Mundial, la han debilitado.

Los científicos advirtieron del agotamiento de la capa de ozono durante la década del setenta del siglo XX.

Gladys Rincón Polo, coordinadora de maestría en Cambio Climático de la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol), afirma que hay que tomarse en serio las precauciones de guarecerse del sol. “En países como Australia se ve a los menores con sombreros, y lo mismo en el altiplano boliviano. Por el movimiento y rotación de la Tierra, los rayos ultravioleta pegan más fuerte en el hemisferio sur, pese a que la mayor parte de las sustancias agotadoras de la capa de ozono son emitidas por los países desarrollados del hemisferio norte”, indica.

El 16 de septiembre se conmemoró el Día Internacional para la Preservación de la Capa de Ozono, establecido por la Organización de Naciones Unidas (ONU) porque ese día del año 1987 se firmó el Protocolo de Montreal (en Canadá), considerado el tratado ambiental más exitoso de la historia.

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Desde entonces, todos los países del mundo se comprometieron a reducir la producción y el uso de las sustancias agotadoras de la capa de ozono (SAO), incluido Ecuador. El proceso avanza con distintas enmiendas, en las que se ha sumado la prohibición de ciertos componentes químicos y controlando los plazos que tienen las naciones para erradicar o bajar su utilización.

Las medidas han tenido resultados positivos. La ONU reconoce que la capa de ozono está en recuperación desde el año 2000, pero el proceso total tardará unos 40 años más, hasta el 2060.

Hay condiciones climáticas que inciden en la formación temporal de agujeros en los polos, pero estos se disipan. El organismo ha indicado que la situación sería peor si se siguieran utilizando las sustancias agotadoras de la capa de ozono al mismo ritmo que se hacía tras la II Guerra Mundial.

Las sustancias agotadoras de la capa de ozono (SAO) incluyen los clorofluorocarbonos (CFC), que se utilizan en sistemas de refrigeración, aires acondicionados, espumas aislantes y solventes.

Las medidas han tenido resultados positivos. Los agujeros que se forman con determinadas condiciones climáticas serían peores de no estar vigente el Protocolo de Montreal, indica la ONU.

Rincón indica que se han identificado 196 productos químicos como SAO, cada uno con un potencial de afectación específico. “Son sustancias químicas sintéticas con potencial para reaccionar con el ozono de la estratosfera por reacciones fotoquímicas en cadena, y pueden permanecer en la atmósfera por un periodo que va de 100 a 400 años”.

El impacto también afecta, a más de la salud humana, el crecimiento de las plantas; genera daños en etapas tempranas del desarrollo de peces, camarones, cangrejos y anfibios; disminuye la capacidad reproductiva y deteriora el desarrollo larvario, entre otras consecuencias, indica Rincón.

Hay más casos graves de cáncer de piel que requieren hospitalizaciones

La dermatóloga Tania Cazar ha evidenciado en su consulta particular un incremento de los casos de cáncer de piel en el país desde el 2016. “Atendía y diagnosticaba entre cinco y diez personas al año con melanoma (maligno); ahora se registra hasta el triple, sobre todo en una fundación para la que trabajo”, afirma.

La especialista recomienda el uso de sombreros de ala ancha y de protectores solares durante el periodo del día de 09:00 a 16:00 si se expone al sol, más aún entre las 12:00 y 14:00.

“La piel tiene memoria, los años que determinan cómo se comportará, son los primeros 20 años. Un niño menor de seis meses no debe ser expuesto al sol, no hay que llevarlo a la playa, y después usar protector solar específico para niños. Colocar antes de salir al sol y de ahí cada tres o cuatro horas. Hay que enseñar a que se cuiden la piel desde pequeños. Las repercusiones si se hace lo contrario se empiezan a ver a los 30 o 40 años con lesiones por acumulación de radiación ultravioleta”, indica.

Un indicio es un cambio de color en cierta parte de la piel. “Aumenta una o dos tonalidades más y se torna rojiza al mínimo roce. También empieza a picar y se ven pequeños parches rojos o pigmentados sobre todo en las partes más expuestas al sol que son las prominencias, como la nariz, los pómulos, las orejas, alrededor de la boca”.

SI bien los mayores emisores de SAO son los países desarrollados del hemisferio norte, los más afectados son los de la latitud sur del planeta por cuestiones de los movimientos de rotación de la tierra, indica Rincón.

Sin embargo, el territorio del Ecuador está en los dos hemisferios justo atravesado por la línea equinoccial. “Estamos en la línea ecuatorial, la capa de ozono está más fina en el sur, pero nosotros por estar en la línea media tenemos más acercamiento a los rayos ultravioleta los 365 días del año, de forma permanente”, dice Cazar.

Esto implica largos periodos en los que la piel no descansa, agrega la dermatóloga. “Acá no hay tiempo para que descanse la piel. La incidencia del cáncer de piel es mayor en los fototipos de piel I y II, mientras más blanca sea la piel, más sensibilidad tendrá a los rayos ultravioleta y a sus efectos dañinos”.

El más grave es el melanoma maligno porque puede producir la muerte. Los tumores son benignos y malignos. Los primeros son las más benévolos.

Hay que tener cuidado con los lunares que pueden crecer como efectos de los rayos ultravioleta y hacerse más oscuros, pero no necesariamente se vuelven malignos.

El melanoma y el carcinoma basocelular y espinocelular son los malignos. El primero es el más agresivo porque da metástasis principalmente en el cerebro o a cualquier órgano interno. “Todo depende del momento del diagnóstico”, dice Cazar.

El segundo difícilmente se convierte en metástasis, pero puede invadir tejidos y carcomer la piel por lo que hay casos en los que se quedan sin nariz u órbita ocular. “Hay que hacer insertos porque al dejarlo avanzar ya se empieza a comer el hueso y la grasa”.

El tercero puede generar metástasis en menor proporción que un melanoma y es muy abordable con cirugía.

Las regiones del país donde la incidencia es mayor es a lo largo del callejón interandino. Los que tienen piel blanca, cabello pelirrojo o rubio, ojos claros deben ir al dermatólogo por lo menos una vez al año, más si aparecen las llamadas pecas que son sinónimo de exposición al sol.

Igual los que tienen más de 50 lunares negros o café oscuros para chequearlos y observar que estén en situación normal.

Otro consejo es el uso de telas oscuras y una sombrilla o paraguas, lo mismo que se hace cuando llueve, pero en este caso para protegerse del sol.

El uso de gafas para evitar el melanoma en el iris y la catarata, otro de los efectos de los rayos UV.

¿Cómo cuidar la capa de ozono?

Comprar artefactos para el hogar y focos ahorradores.

Evitar comprar espráis o aerosoles que estén compuestos por CFC.

Realizar mantenimiento constante del aire acondicionado de la casa y vehículo (en caso de utilizarlos).

Disminuir el uso de productos de limpieza, pinturas y barnices que contengan disolventes. Tratar de utilizar pinturas y barnices solubles en agua.

Cuando los SAO alcanzan la parte superior de la atmósfera, se exponen a la luz del sol, provocando la liberación de átomos de cloro (Cl-), los cuales son muy reactivos y afines con los átomos de oxígeno del ozono, lo que rompe sus moléculas.

Un átomo de cloro libre puede destruir más de cien mil moléculas de ozono según la Agencia para la Protección del Medio Ambiente de EE. UU., indica el sitio web del Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica.

Las moléculas de oxígeno contenidas en el aire que respiramos están compuestas por dos átomos de oxígeno solamente (O2). (I)