Una de cada cinco niñas en Ecuador teme por su seguridad a causa de mentiras difundidas en línea. Ese dato es parte de un estudio mundial y se difundió a propósito del Día Internacional de la Niña, que se conmemora el 11 de octubre de 2021.

El documento agrega que una de cada tres niñas afirma que la información falsa en internet está afectando su salud mental dado que les provoca estrés, preocupación y ansiedad.

El estudio, titulado “Entre la Verdad y la Mentira”, fue desarrollado por la organización humanitaria Plan Internacional que analiza cómo la información errónea y la desinformación en línea afectan la vida, el aprendizaje y el liderazgo de las niñas y mujeres jóvenes.

Revela que la alta exposición a rumores e información falsa en internet las afecta de manera negativa porque, entre otras razones, son bombardeadas con mentiras y estereotipos sobre sus cuerpos y los roles que ‘deben’ cumplir.

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Los datos se extrajeron de una encuesta realizada a más de 26.000 mujeres jóvenes de 33 países, entre ellos, Ecuador.

“La desinformación y la información errónea alimentan los prejuicios y alteran el accionar de las niñas. Pueden provocar daños físicos, censura y amenazas a la libertad de expresión”, indica el estudio.

Para combatir este problema es necesario alentar a los usuarios de internet a verificar los datos que se les presentan, desarrollar el pensamiento crítico y cuestionar la fiabilidad de la información antes de creerla y compartirla.

Bhagyashri Dengle, directora ejecutiva de la región Asia-Pacífico y de política y prácticas de Plan International, afirma que “Internet puede ser una herramienta poderosa para promover la igualdad de género: permitir a las niñas alcanzar su máximo potencial y perseguir sus ambiciones de ser líderes y ciudadanas activas”. Y que “limitar a las niñas y las mujeres en cuanto al acceso a internet y el desarrollo de las capacidades de navegar por ella, también las limitará en casi todos los demás aspectos de su vida”.

La información en línea es clave, ya que las niñas y las mujeres jóvenes suelen depender de esta especialmente sobre ciertos temas como sexo y sexualidad, derechos de las niñas y feminismo, que no se debaten abiertamente en sus hogares o en la escuela, por lo que la información falsa tiene graves consecuencias para su salud, su futuro y su capacidad de participar en la vida política y cívica, añade el informe.

Tania Orbe, docente de la Universidad San Francisco de Quito y experta en redes sociales, asegura que el paradigma cultural reinante dictamina que las mujeres estén más expuestas a la discriminación y a la vulneración de derechos. “Todo esto coincide con la semana en que Facebook, WhatsApp e Instagram colapsaron y su exgerente de producto denuncia corrupción y la vulnerabilidad a la que exponen a los niños. Hay que estudiar mucho más los efectos del uso de las redes sociales” en los menores de edad.

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El estudio de PI destaca como fundamental “aprender a navegar por este océano de verdades a medias, prejuicios y mentiras absolutas para poder encontrar información útil y verídica”.

La especialista Orbe asegura que urge una campaña permanente de alfabetización digital. “Al principio es una responsabilidad del hogar, la educación debe partir desde los padres, al igual que en la escuela y la sociedad. Hay una presión de tener una cuenta, un celular, un número y si no estás allí no te ves representado”.

PI da cuenta de los gobiernos y de quienes se benefician económicamente de las redes sociales y la conectividad de internet como responsables de prevenir y contrarrestar la información errónea y la desinformación.

El psicólogo Andrés Carrera asevera que una manera de prevenir una experiencia virtual negativa de las niñas de hasta 12 años de edad es evaluando los vínculos que tienen con sus cuidadores. “Poder conocer con qué personas se está relacionando y desde este vínculo de confianza evaluar en qué contexto se ha dado la exposición; en qué vínculos relacionales peligrosos se están colocando estas niñas y, en su defecto, poder guiar su manera de estar en las redes y en todo lo virtual. La idea no es prohibir el uso de redes, sino motivar y acompañar usos de redes funcionales”.

Preferir chatear que hablar

Las conversaciones virtuales se acentuaron durante el confinamiento en las casas debido a la pandemia del COVID-19.

Los adolescentes prefieren comunicarse por mensajes que hablar físicamente, incluso si hay la posibilidad por la reapertura de las clases presenciales. Hay una retracción automática derivada del confinamiento, dice Orbe.

Al estar más en línea aumenta la probabilidad de exponerse a información falsa o distorsionada. “Nos sentimos más seguros cuando escribimos y publicamos en redes sociales, pero no hay esa seguridad cuando hablamos frente a la gente”.

La dependencia es tal que durante el apagón de tres de las redes con más usuarios se dieron ataques de ira, añade.

La situación es grave y no se ha dimensionado la afectación en la salud mental por el abuso del uso de las redes sociales. “Los más jóvenes de 25 años para abajo son los más vulnerables porque todavía están construyendo su personalidad, que se crea asociada al entorno que hoy es más virtual que real, entonces hay una vida paralela por lo que hay más riesgos de trastornos mentales y el peor escenario podría ser el suicidio.

La recomendación es no prohibir que los menores de edad estén en línea siempre con el control parental para regular el acceso a contenidos apropiados. “Tenemos adolescentes que dejan de comer o de ir al baño porque están en videojuegos o en citas virtuales, que ya no miran a sus familias cuando comen en la mesa. Esto debe ser tratado como una patología y el primer paso es hablarlo, discutirlo porque hace tiempo que las redes sociales dejaron de ser un fenómeno de entretenimiento”, manifiesta Orbe.

La redes sociales son una de las herramientas para difundir las denominadas noticias falsas.

El psicólogo Samuel Merlano asegura que esto afecta a las niñas y niños, ya que tienen un bajo nivel de madurez y no tienen las herramientas para entender, discernir, diferenciar entre la verdad y la mentira. “A esto se suma que muchos padres dejan a sus hijos solos con acceso a la tecnología sin control”.

Un ejemplo del impacto de las denominadas como noticias falsas se da en Estados Unidos, donde el 50 % de su población aún no se decide a colocarse la vacuna para prevenir el COVID-19. “Esto es por las mentiras que se transmiten y prefieren no vacunarse”, dice Merlano.

Las mentiras en línea pueden provocar trastornos como depresión, insomnio, pesadillas, terror nocturno, ansiedad y pueden generar un aislamiento, indica el especialista.

“La prevención se debe hacer a partir de los seis años, etapa en la que los niños son muy manipulables y pueden ser afectados por programas infantiles”. (I)