El software ha permeado la vida cotidiana de los ecuatorianos. Los programas de computadora son utilizados por empresas para llevar inventarios, facturar y automatizar muchos de sus procesos; los profesores de todos los niveles educativos lo utilizan para subir notas de sus alumnos al sistema; conductores se guían con aplicaciones como Google Maps y Waze, y niños se divierten todos los días con videojuegos, ya sea con sus teléfonos o con consolas.

Según un estudio llevado a cabo por la Cámara de Innovación y Tecnología Ecuatoriana, la industria del software muestra un crecimiento anual del 17 % desde 2010. El reporte, además, señala que datos de la Superintendencia de Compañías (Supercías) señalan que las 350 empresas más importantes del sector registraron ventas cercanas a los $ 863 millones en 2020 y $ 948 millones en 2021.

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El estudio, además, tomó datos de la Supercías para calcular el tamaño del mercado de servicios digitales tecnológicos para 2022. Contabilizaron 2.512 empresas dedicadas a programación y publicación de programas informáticos, además de servicios de información.

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El desarrollo de videojuegos es una industria naciente en el país

El profesor de Animación Digital de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil (UCSG) y vicepresidente de la Asociación de Desarrolladores de Videojuegos Ecuatorianos, Milton Sancán, por ejemplo, lleva años desarrollando los juegos The Last Conquerors y Mahu en su empresa de desarrollo de videojuegos, Ronin Flame.

The Last Conquerors es un shooter sobre rieles, o sea, el jugador controla a un personaje que dispara contra enemigos, pero este siempre va hacia adelante, solo es posible moverlo de lado a lado. Mahu, en cambio, tiene un enfoque más educativo, pues centra a un niño de la época precolombina, de la cultura Manteño-Huancavilca.

Desarrollar un videojuego, que es un tipo de software, puede tomar años y cientos de miles de dólares, pues, a diferencia de un sistema de firma digital de documentos, por ejemplo, un videojuego conjuga narrativa, voces, animaciones, diseño de sonido y otros aspectos artísticos que, según Sancán, son los que más tiempo consumieron durante el desarrollo de The Last Conquerors.

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Sin embargo, Ronin Flame es un desarrollador de juegos independiente, o sea, no son realizados por un estudio grande, por lo cual los proyectos suelen ser de menor escala.

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“Un juego independiente puede tener entre dos y tres años de desarrollo, aunque hay juegos que se han demorado hasta siete años”, indica. “Estamos hablando de un costo de producción de unos $ 50.000 por año más o menos”.

En el caso de Mahu, la UCSG invirtió alrededor de $ 46.000 para su desarrollo.

Un videojuego suele llamar la atención del público, continúa, más por su estética que por la precisión de sus mecánicas.

Desarrollar software de uso práctico, como los usados por compañías, por ejemplo, tiene enfoques distintos.

Estos son los pasos que siguen los programadores para desarrollar ‘software’

Daniel Guamán, director de la carrera de Tecnologías de la Información de la Universidad Técnica Particular de Loja, detalla los pasos para desarrollar software: primero, se debe analizar y entender el contexto del problema que se busca resolver, qué buscan las personas o las organizaciones a las que beneficiaría el software. Luego se diseña y se determina qué se necesita para la siguiente fase, la construcción, utilizando herramientas y lenguajes de programación, por ejemplo.

Posteriormente se realizan pruebas para encontrar fallas y afinar detalles antes de implementarlo. La última fase es la de actualización, en la que se lanzan nuevas versiones y se le da mantenimiento. El tiempo que toma desarrollar algo depende del tamaño del proyecto, el tamaño del equipo de trabajo y la metodología utilizada.

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Guamán pone de ejemplo un proyecto de software para automatización de procesos para una empresa de cárnicos en Loja, en el cual trabajó Armando Cabrera, director del Departamento de Ciencias de Computación de la UTPL. El proyecto les tomó seis meses.

Las empresas de ‘software’ buscan profesionales con habilidades blandas y técnicas

Otra faceta importante para la industria es la formación académica que se les da a los desarrolladores en las instituciones educativas en Ecuador. David Salazar, CEO de grupo Viamática, expone que hay un déficit de 9.000 programadores en el país. “Increíblemente, a pesar de la oferta académica, no da abasto”, explica el CEO.

Explica que han tenido que capacitar a nuevos empleados, pues muchos “llegan con deficiencias” al salir de la universidad “por falta de experiencia o por ciertos conceptos que les faltan desarrollar y que hemos tenido que fortalecer”.

Para contratar a un programador, en Viamática no se fijan solo en el aspecto tecnológico, explica Salazar. También es importante complementar eso con una “capacidad de análisis”.

“Nosotros incluso tenemos pruebas que miden la parte del análisis, además del expertise en la parte de programación. La prueba dura cuatro horas. La persona con una capacidad de análisis moderada o elevada debería tomarle de dos a tres horas completarla”, expone.

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Incluso, añade, se les da una segunda oportunidad a aquellos que no les haya ido bien en la prueba de ingreso.

El otro factor es el desarrollo de las habilidades blandas: el trabajo en equipo, la inteligencia emocional y la comunicación. Para eso también le realizan pruebas de habilidades blandas, donde le plantean un caso hipotético: “Si estás en tal situación y debes dirigirte a alguien de otro equipo para solucionarlo, ¿cómo te expresarías?”, explica Salazar. Si no saben comunicarse efectivamente, agrega, se los corrige.

Guamán, por su parte, reconoce la importancia de estas habilidades blandas, así como de saber múltiples idiomas.

Sobre el déficit de profesionales, Guamán cree que en ocasiones los desarrolladores en formación no pueden cumplir los requisitos de experiencia o de habilidades técnicas que piden las empresas, pues las universidades “siempre están en un proceso de formación técnica y de habilidades blandas”.

“Hemos notado desde la academia que los estudiantes que manejan dos o tres idiomas, combinado con habilidades técnicas y blandas, ya no están trabajando aquí, sino para empresas multinacionales”, indica.

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El mercado internacional también representa una oportunidad. La firma ecuatoriana BuenTrip realiza un mapeo periódico de startups (emprendimientos) tecnológicos de ecuatorianos, radicados dentro o fuera del país. Los dueños de los negocios pueden llenar un formulario para que su emprendimiento salga en el registro.

En total, BuenTrip contabiliza 319 startups de ecuatorianos: 286 de ellos están basados dentro del país, más de la mitad en Quito solamente. Guayaquil, Cuenca y Loja son las únicas ciudades con más de diez.

Treinta emprendimientos, en cambio, están distribuidos en distintos países alrededor del mundo: Estados Unidos, Inglaterra, Argentina, España, Canadá, Luxemburgo, Países Bajos, Chile, Brasil y México.

Aunque la industria tecnológica del país ha crecido en la última década, Sancán cree que el sector de los videojuegos, por ejemplo, se beneficiaría de mayor apoyo estatal.

“El año pasado, de los diez cupos para fondos concursables (estatales) para videojuegos, solo se entregó un cupo (...). Es difícil de entender”, dice. (I)