El latido rápido del corazón y estar sereno en el momento de guiar una aeronave que atraviesa una emergencia es una de las experiencias que ha vivido Max Gordillo durante sus 28 años como controlador de tráfico aéreo de la Dirección General de Aviación Civil, en Guayaquil.
Con esta labor ha logrado sacar adelante a su familia, pero también ha estado físicamente ausente en festividades como cumpleaños, Navidad y Fin de Año. Y este diciembre de 2023 no será la excepción.
De hecho, cuando Gordillo brindó esta entrevista a este Diario (14 de diciembre) era el cumpleaños de su hija menor y ese día estaba de turno. También lo estará el 24 y 25 de diciembre, es decir, en Nochebuena y Navidad.
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Esta será la séptima ocasión que trabajará en esa festividad durante la noche. Por llamada con su esposa e hijas, de 11 y 16 años, se dirán: ¡Feliz Navidad!
“He estado casi la tercera parte (de los 28 años trabajando) en festividades porque usualmente trabajo el 1 de enero, de ahí la Navidad es la segunda festividad que trabajo, antes nos daban festividades como el cumpleaños, pero si le permitían tomarse el día libre, después, por una política de gobierno, se eliminó, así que también trabajamos los cumpleaños”, cuenta el hombre de 47 años.
A Gordillo le encantaría cenar y compartir abrazos en familia este domingo, pero es consciente de que los recursos económicos son necesarios. Dice que siempre habrá el momento y el espacio para festejar junto con su esposa e hijas.
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“Cuando uno trabaja en el aeropuerto no sabe lo que significa una festividad porque nunca coincide que tengamos dos feriados seguidos, es decir, las fiestas de diciembre y carnaval, es muy poco probable que alguien tenga todos esos días”, afirma.
Tampoco ha estado presente en el Día de la Madre, Día del Padre, con eso suman más de diez las festividades en ausencia. “Mis hijas desde que son pequeñas han sabido que, por el trabajo, no voy a poder y les he explicado. Y siempre dando gracias a Dios por tener trabajo, recibir un sueldo y con eso compartir en la Navidad”, expresa.
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Control de más de 500 aviones
La jornada de Gordillo es de doce horas, que incluye una hora de descanso y dos de trabajo. Esto porque requieren de una mayor concentración para controlar más de 500 aeronaves, entre aviones, helicópteros, avionetas, que ingresan y salen del espacio aéreo ecuatoriano.
El sitio donde labora es una oficina amplia pero oscura, necesario para observar a las aeronaves en el radar, que en realidad se ven como puntos en el monitor. Gordillo siempre está acompañado de otro trabajador y dialogan sobre las directrices de la propia labor.
Aunque el sitio es cerrado, asegura no sentir claustrofobia. Dice que ya está acostumbrado, pero que en la pandemia de COVID-19 sí fue diferente: “Cada uno con su mascarilla en su posición y todo, y sí había cierto grado de afectación psicológica en ese sentido”.
El hombre, a través de los audífonos y manejando los equipos, ha gestionado emergencias como aterrizajes inesperados porque un pasajero tuvo un ataque cardiaco en un vuelo de Nueva York a Lima y pidió ayuda en Ecuador; otros casos como falla en los motores o la erupción del volcán Sangay y solicitan cambio de ruta.
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“Cuando hay un problema de salud, en inglés las palabras son comunes y trato de resolverlo. Eso suele ser un problema mayor, la barrera del idioma”, menciona Gordillo, quien tiene conocimientos del inglés técnico.
En este país latinoamericano no se celebra la Navidad
Sin embargo, las emergencias no solo han sido de ese estilo. Gordillo estuvo de turno cuando hubo el cruce de balas tras el intento de asalto a un vehículo blindado en la terminal de carga del aeropuerto de Guayaquil: “Escucho como una explosión de fuegos artificiales, pero yo dije que no parecía. Después, el guardia vino asustado y dijo que era una balacera. Nosotros solo escuchamos”.
Día a día
Gordillo se levanta a las 05:00 para alistarse e ir al trabajo. Al entrar a la oficina, deja guardado su celular en un casillero y marca el ingreso. Ellos, por su trabajo, no tienen autorización para manipular aparatos electrónicos mientras trabajan.
Cuando llega su hora de descanso se comunica con su familia, mira las redes sociales. Luego, almuerza y continúa con esa rutina hasta su salida.
Las eventualidades no solo son de su trabajo sino también familiares. Recuerda cuando una de sus hijas se lastimó en la cara, pidió permiso al supervisor y fue al colegio. Su puesto fue reemplazado por otro trabajador hasta que retornara: “Por la delicadeza del trabajo, como tenemos tantas tantas vidas en juego, entonces no quieren que la gente se distraiga y ponen ese filtro que son los supervisores”.
¿Cómo es trabajar una Navidad?
Por lo general a Gordillo le ha tocado trabajar en las noches. Son cinco personas en el turno de doce horas, con la misma cantidad de vuelos. Asegura que igual el trabajo es pesado.
“Uno tiene que estar despierto y pendiente de todas las aeronaves y de las instrucciones durante la noche”, indica Gordillo, pero comenta que no todo es cansancio, también se pasan buenos momentos.
“Pasar en el trabajo es chévere, a mí me gusta porque todos los pilotos siempre nos desean ¡Feliz Navidad! en español, inglés, y todo el mundo es más parcero. Te dicen: “Agradecemos siempre el servicio que nos dan”, entonces esa parte es muy bonita”, relata el padre de familia.
Gordillo no olvida cuando estuvo a punto de viajar a Canadá y sus hijas tenían menos edad. Él no quería ir y siente que eso se le cumplió. Este y otros momentos le hacen su “corazón pequeño”.
“Uno quisiera estar siempre en las fiestas, los niños siempre están más apegados y esa interacción con la familia es importante”, comenta.
La mañana del lunes, Gordillo abrirá los regalos cuando llegue del trabajo, literalmente estará como Papá Noel colocando los obsequios: “A veces uno tiene que ceder un poco para disfrutar después. Por eso es el siguiente día”.
En tanto, cuando ha estado franco en la Navidad se reúne con su familia o viajan a la playa.
¿Es complejo ser controlador aéreo?
Gordillo cuenta que la parte difícil es acostumbrarse a dar instrucciones a personas que tienen más años siendo pilotos. Él ingresó a sus 18 años y se sintió un poco incómodo al inicio dar directrices.
“Es bastante fuerte el hecho de que una persona de 18, 19 años esté dando instrucciones a compañeros de la Fuerza Aérea que tienen 40, 50 años siendo pilotos, han tenido más formación, entonces, en esa parte de ahí fue un poco complicado. De ahí la parte espacial no fue tan complicado porque mi colegio era técnico, pues nos hacían practicar lo que es perspectivas, proyecciones y eso ayuda bastante para imaginar el espacio aire, cómo se mueven”, señala Gordillo. (I)
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