Estamos a días de cumplir un año desde que se decretó la cuarentena obligatoria para tratar de reducir el impacto del COVID-19 en territorio ecuatoriano. El paso del virus ha sido devastador tanto en lo económico como en lo social.

Ahora la esperanza está centrada en vacunar a la mayoría de la población. Sin embargo, esta opción, por ahora, se ve muy lejana, ya que, hasta el pasado 9 de marzo, apenas 68.244 ecuatorianos habían recibido la primera dosis de la vacuna, según cifras oficiales.

Lograr la inmunidad de rebaño a través de la vacunación de al menos el 70% de la población es esencial para que los países se levanten en lo social y económico, asegura la doctora Graciela Morales, líder de Asuntos Científicos y Médicos para Mercados Emergentes de la división de vacunas de Pfizer. La mayoría de dosis que han llegado a Ecuador son la producidas por la farmacéutica estadounidense y su socio alemán BioNTech.

El impacto positivo en el “mundo real” del medicamento ya se está evidenciando en países como Israel (que conseguiría la inmunidad de rebaño en algo más de un mes), donde ya se registra una reducción en la tasa de infecciones, de casos asintomáticos y de hospitalizaciones, asegura la experta.

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Ahora que se está confirmando la eficacia de las vacunas contra el COVID-19, ¿en qué concentrará sus esfuerzos Pfizer?

Estamos trabajando en la entrega de las dosis para que la vacuna llegue a quienes la necesiten. Además, estamos realizando estudios adicionales para responder muchas preguntas que se están haciendo. Estamos en estudios pediátricos, en mujeres embarazadas (para saber si estas poblaciones pueden acceder al medicamento sin riesgo).

También estamos analizando si se necesita una tercera dosis para las variantes de virus que están circulando y si a las personas previamente vacunadas se las puede inyectar (la tercera dosis) con una diferencia de seis o doce meses para reforzar así la inmunidad.

Esta semana salió una publicación (científica) de la actividad in vitro de la vacuna contra las cepas de Reino Unido, Sudáfrica y la brasileña. Afortunadamente, la vacuna tiene actividad de neutralización para estas variantes.

Antes de la aparición de la vacuna se hablaba de “lograr” una inmunidad de rebaño con un porcentaje alto de la población contagiada, ahora se habla de conseguirla inmunizando a la mayoría de los ciudadanos, ¿por qué es más importante lo segundo?

En la medida en que un país logre vacunar a la mayoría de su población podrá interrumpir la transmisión del virus. Esperar a que todas las personas se enfermen para que estén protegidas por inmunidad natural tiene consecuencias epidemiológicas catastróficas, y ya vimos la severidad del virus, no hay sistema de salud que aguante.

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Por eso se buscaron herramientas preventivas a corto plazo para vacunar masivamente a la población y evitar más casos. Esto nos permitirá reducir el uso de áreas como cuidados intensivos, hospitalización y mortalidad en adultos mayores.

Retrasar un proceso de vacunación conlleva un costo humano, político, económico y social en cada uno de los países con experiencias dolorosas.

Ya tenemos la vacuna. Ahora necesitamos que la gente quiera recibirla; pero, lastimosamente, continúan las noticias falsas sobre su seguridad que atemorizan a la población. Incluso hay grupos que llaman a no inocularse. ¿Cómo generar confianza?

Ustedes (medios de comunicación) tienen un rol importantísimo para educar a la población al respecto. Explicar que desarrollar una vacuna a corto plazo lo que demuestra es compromiso de todos los sectores que interactúan en el desarrollo de productos de investigación.

Si bien (la vacuna) se hizo con un enfoque prioritario, también se hizo con base en una experiencia de muchos años. En particular, la tecnología que ha desarrollado Pfizer y BioNTech ha sido estudiada por muchos años. BioNTech ha estudiado el ARN por 20 años, y en 2018 las dos compañías firmaron un acuerdo de cooperación para analizar vacunas de influenza. Con la aparición del COVID-19, las compañías reorientaron sus prioridades.

Además, paralelamente, se hicieron las inversiones en manufactura que tradicionalmente se realizan de forma gradual porque son muy importantes, pero la preocupación estaba en encontrar una solución a corto plazo.

También las entidades regulatorias aprobaron rápidamente la vacuna. Los países decidieron sus mecanismos de revisión de forma ágil. Por lo regular tardamos más de un año en obtener la aprobación de un dosier (científico). Todos los requisitos de seguridad se han cumplido.

Si bien vacunarse es una oportunidad personal, también es una responsabilidad colectiva. Sin embargo, la gente se pregunta: si la vacuna no evitará que pueda contagiar a otros, ¿por qué voy a vacunarme?

Estamos en estudios todavía. Es parte de la información que llegará pronto. Actualmente estamos discutiendo, con la evidencia disponible, si una persona que ya se vacunó puede transmitir el virus.

Sin embargo, los resultados de la fase 3, que son muy claros, demuestran que una persona inoculada tiene el mínimo riesgo de enfermarse una vez que recibe su dos dosis (en el caso del medicamento de Pfizer). La eficacia es del 95 %.

En Israel ya podemos observar datos de reducción de la tasa de infecciones, de casos asintomáticos, de hospitalizaciones y esperamos que se siga repitiendo en los países de la región (Latinoamérica).

La ciudadanía también se pregunta cómo se logró una vacuna para el COVID-19 en tan solo un año y para enfermedades como el VIH o el cáncer no la han encontrado durante décadas de estudio...

Hay diferencias en el comportamiento de las enfermedades. Además, las características del SARS-CoV-2 se conocieron de forma rápida, entendimos cuál es su mecanismo de acción, cómo logra infectar a las personas, entendimos su genética y se encontró la tecnología ideal para hacer un modelo de vacunación.

Además, no podemos comparar el COVID-19 con enfermedades oncológicas. Cada una de las patologías tienen aspectos particulares que hacen posibles que puedan ser o no controladas con herramientas preventivas.

En tanto, el virus del sida es muy diferente al SARS-CoV-2. Tiene diferentes subtipos, serotipos. Crear una vacuna que pueda darle (contrarrestar) a todos los serotipos del sida es muy complicado. Actualmente hay vacunas que se están desarrollando, pero por la exigencia y la rigurosidad científica para alcanzar eficacias adecuadas se está tardando.

Asimismo, lo que marcó la pauta (con la pandemia) es la dimensión del problema, que fue mundial. Tenemos más de 100 millones de casos en solo un año.

El mensaje a la población es que hay que educarse muy bien y entender que no para todas las enfermedades se podrán tener vacunas en el menor tiempo posible.

En Ecuador ha habido retrasos para aplicar la segunda dosis de la vacuna de Pfizer y muchos médicos se han quejado de aquello. Si yo tengo acceso a la primera dosis de Pfizer, pero ya no accedo a la segunda y, en su lugar, me ofrecen una de Sinovac o Astrazeneca, por ejemplo, ¿las puedo combinar para obtener la inmunidad?

No hay estudios en este momento. Todas las vacunas desarrollaron sus programas de investigación para probar su eficacia en sus esquemas propios. Actualmente, todos los organismos regulatorios han optado por no recomendar la intercambiabilidad, porque no hay datos o evidencia de que funcione.

En estos momentos la recomendación a las personas es que terminen su esquema con la vacuna con la que comenzaron. Sin embargo, ya hay países (Reino Unido) que están optando por desarrollar estudios y lograr evidencia sobre si es posible intercambiar las dosis. (I)

Graciela Morales es médica de profesión con especialización en salud pública y epidemiología. Actualmente es la líder de Asuntos Científicos y Médicos para Mercados Emergentes de la división de vacunas de Pfizer. Foto: Cortesía