Johanna disfruta de estar sola. Le gusta ver televisión o leer un libro cuando sale de su trabajo. Llega a su casa, asegura la puerta, prepara la merienda y va a descansar.

Los fines de semana evita salir, aunque a veces se reúne con amigos y en otras ocasiones inventa un pretexto. “Es que mis fines de semana son para mí. Escucho música, salgo a comprar. Yo no me siento mal; me gusta la soledad”, cuenta la joven de 28 años.

Johanna experimenta una soledad deseada, aquella con la que se siente completa e identificada. Sin embargo, existe la soledad no deseada. Se produce cuando las personas no tienen la cantidad o calidad esperada de relaciones sociales.

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Esta soledad es contextual, de acuerdo a la psicóloga y docente de la Universidad Casa Grande, Diana Donoso. “Esta soledad es la que causa malestar y dolor. Hay un miedo a estar solo y la persona se enfrenta a sus temores, experiencias y a problemas emocionales”, cuenta Donoso, quien agrega que las causas son múltiples como una depresión por pérdida de un familiar o desde la ansiedad provocada por una ruptura amorosa.

Con esto concuerda Carlos Pérez, psicólogo clínico y presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Psicología en Emergencias y señala que la soledad es un estado de ánimo generado de una sintomatología.

“Como es la depresión, en ese sentido, el miedo al abandono puede ser llevado como parte de los rasgos de personalidad. También pueden ser visto en algunos contextos como en los trastornos donde sienten que deben conservar a una persona y generan una dependencia y tienen miedo al abandono y a sentirse solos”, explica Pérez.

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Y esto va mezclado con la incertidumbre, apunta el doctor en psicología clínica, Samuel Merlano, quien añade que otros escenarios que llevan a una soledad no deseada puede ser un accidente de tránsito.

“Es un experiencia traumática, de mucho dolor. Pasa llorando todo el tiempo y la persona se siente agobiada. Se siente con mucha incertidumbre en el futuro, de la vida, entonces hace que esta soledad sea muy agresiva y que requieran de ayuda psicológica ya que siente que no puede más con la soledad”, asegura el experto.

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En Ecuador no hay un análisis científico preciso sobre la soledad. Pero, en países como España las mujeres están más expuestas a ese estado de ánimo, según un estudio social de 40dB publicado por diario El País.

Además, los jóvenes menores de 24 años se sienten más solos y representan el 36,9 %; seguidos de las personas entre 25 y 35 años con el 32,9 % y mayores de 64 años son el 12,9 %.

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Esta soledad también es muy sentida por las personas que están desempleadas, que representan el 33 %; los estudiantes, con el 27,4 %; y los trabajadores, con el 22,1 %. Todas estas personas dedican más horas a las redes sociales.

La realidad del país europeo mostrada en el estudio no es distante de Ecuador, dice la psicóloga clínica Paola Córdova, quien explica que, si bien antes se veía esta soledad no deseada más en mujeres, también hay casos en hombres. “Han aumentado las consultas a adultos (hombres) y niños”, señala.

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“Se ve más en la adolescencia, es donde más se marca”, dice y añade que esto puede ser muy variado: “Ya he tenido niños de 8, 9 y 10 años que prefieren escabullirse en su soledad y no comunicar lo que está pasando a sus padres como para dar una alerta y hacer algo”.

Para Donoso son momentos evolutivos que deben enfrentarse. “Para el adolescente, el tener amigos es la parte más importante de su vida porque comienzan a interactuar con otras personas más allá de sus casas. En adultos mayores pueden sufrir abandono de la familia y se enfrentan a la soledad”, expresa Donoso.

El presupuesto asignado para la salud mental en el país es apenas del 2 %, según datos de la Comisión del Derecho a la Salud y Deporte de la Asamblea Nacional. Y en el área de psicología hay un registro de 1.550 profesionales en 2020, detalla el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INEC). Más del 80 % está en el sector público.

Los expertos indican que, durante la pandemia, se elevaron las consultas por ansiedad y depresión donde se generó esta soledad no deseada. Actualmente, reciben pacientes con estos diagnósticos, cuyas sesiones son de una hora y el tratamiento puede durar días o algunos años. Si el caso es más complejo y requiere de medicación pasa a un psiquiatra.

Los costos de cada consulta varían, de acuerdo a cada especialista. Hay citas en $ 25, $ 30, $ 40, $ 50, $ 60 y hasta $ 80. Lo aconsejable son sesiones una vez por semana. Pero, también hay opciones gratuitas para quienes tienen un problema y no cuentan con recursos.

Orgaepsi es una institución sin fines de lucro que brinda atención psicológica gratuita de lunes a viernes de 07:00 a 16:00 y fines de semana de 17:00 a 20:00. Esta ayuda es virtual.

Iván Villarreal, titular de Orgaepsi, dice que cualquier persona puede ingresar a www.orgaepsi.com, dar clic en ´Hospital virtual´ y entrar a una sala de Zoom. Decir sus datos personales y continuar a la cita.

“Hemos visto que la mayoría de casos se refieren como sintomatología leve y moderada, que no ponen en riesgo la vida de la persona. Se ha visto ansiedad, estrés, problemas de una ruptura amorosa. También el trastorno psicoalimentario cuando una persona que llegaba a estar tan mal, solo deja de comer”, explica Villarreal.

Por eso Merlano aclara que las sesiones no son regulares, es decir, que no son iguales para todos, pero sí hay una gran concentración en las emociones. “Durante ese tiempo el paciente va a empezar a redefinir su vida y trabajar todas sus emociones y cabe recalcar que no todos lo que viven en soledad están sintiendo lo mismo. En ese momento se da herramientas psicológicas y emocionales para que su parte positiva vaya floreciendo hasta que se dé de alta”, comenta Merlano.

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Pérez, por ejemplo, utiliza una terapia cognitivo-conductual, racional-emotiva, de reestructuración cognitiva y de activación conductual.

“Estas van a manejar el tema de creencias de como los seres humanos utilizamos en primera parte el pensamiento antes que la conducta. Todo esto se debe a un pensamiento que puede estar presente en la persona que está siendo distorsionada y que le está haciendo sufrir porque no siempre el tema es el miedo a perder a alguien que lo lleva a la soledad sino el que puedan hacerle daño. Mucha gente con trastornos obsesivos compulsivos, que genera aislamiento, teme que le pueda pasar algo”, argumenta Pérez.

Córdova aconseja a las personas que están pasando por esta situación acudir a un especialista para que lo ayude a reencontrarse consigo mismo. “Entender que el tiempo con uno mismo es algo maravilloso. Uno cuando termina una relación queda roto y la reconstrucción va a lograrse con ayuda terapéutica y decir: ‘me duele todo lo que me duele y voy haciendo mi proceso de duelo y voy a amarlo cada minuto porque de esto voy a salir más fuerte’. Hay que vivir el día a día sin irnos hacia atrás porque nos genera mucha depresión y sin irnos mucho al futuro porque nos genera ansiedad”, apunta. (I)