Tatiana Castillo, guayaquileña de 46 años, se casó en el 2006 con un ciudadano estadounidense. Incluso habían iniciado trámites para darle la ciudadanía estadounidense como esposa.

Los efectos del matrimonio la persiguen hasta ahora, casi dos décadas después. Poco después de casarse con ella, el extranjero volvió a Estados Unidos y fueron perdiendo contacto. “Nunca me ha concretado nada sobre ayudarme con la firma para poder divorciarnos”, indica.

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Tatiana se enteró por amigos en común que él se volvió a casar en Estados Unidos. Ella, en cambio, no pudo hacerlo cuando quiso, pues está imposibilitada de anular la unión o divorciarse.

“No encuentro la forma de divorciarme. A todo lo que he acudido me dicen que necesito una firma para poder oficializar el divorcio. Imagínese, ¿de dónde saco yo una firma”, explica.

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Ha intentado comunicarse con él en varias ocasiones, pero sin suerte. “Manera de que él hable conmigo directamente no tengo”, subraya. Su ‘esposo’ ni siquiera tiene familiares en Ecuador.

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Su estado civil también le representa un problema en trámites: quiso comprar una casa, pero la propiedad también hubiera salido a nombre de su expareja.

En Ecuador, a menos que se solicite lo contrario mediante capitulaciones matrimoniales (separación de bienes), los bienes adquiridos mientras dure la sociedad conyugal se reparten en partes iguales en el momento de su disolución.

El pasado 28 de noviembre, el Consejo de la Judicatura (CJ) anunció la simplificación del trámite de divorcio por mutuo acuerdo. Ahora requiere un solo formulario lleno por pareja (ya sea por disolución de matrimonio o de unión de hecho) y documentos de identificación, aunque requiere más papeleo en el caso de que la pareja tenga hijos menores de edad.

La decisión del CJ le dio esperanza a Tatiana de que tal vez podría consumar su divorcio por este medio, pero el divorcio de mutuo acuerdo requiere el consentimiento de ambas partes.

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“Necesitamos una solución para personas como yo, que tenemos tanto tiempo; no he de ser la única (...). Si pusieron en dos horas un divorcio de mutuo acuerdo, que lo hagan para gente que no aparece y que nunca va a volver, que se lo pueda hacer hasta más rápido”, expresa.

El abandono, una causal de divorcio

El Código Civil detalla nueve causales de divorcio, entre ellas el abandono injustificado de la pareja por más de seis meses. Margoth Chiriboga, abogada de la firma Lex Valor, señala que en el caso de Tatiana procedería iniciar un juicio por divorcio por la causal de abandono, que se puede presentar de forma unilateral.

Un problema de esta opción, continúa, es el proceso de citación del demandado. Esto significa que el juez le hace saber a la contraparte que hay una demanda en su contra para que tenga tiempo de asegurarse una debida defensa.

Si la otra persona está en otro país, Chiriboga expone que se debe iniciar un trámite entre los dos países, y el consulado presente en el país donde está el demandado se encarga de citarlo.

En caso de no saber dónde se encuentra la otra persona, el juez busca una dirección que manejen entidades públicas. Aunque este proceso demore, la mayoría de casos avanza, dice.

Tatiana también tiene el problema de la vigencia de su sociedad conyugal con su expareja. Chiriboga señala que esta se puede disolver por acuerdo o en juicio, e incluso seguir casados.

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“Si el esposo (de Tatiana) se fue y ellos adquirieron bienes, sí se genera un problema, porque los bienes le pertenecen a esa sociedad conyugal de los dos. Ya cuando esté disuelta podría acudir a un proceso, voluntario o judicial, de liquidación: repartirse los bienes”, indica Chiriboga. “Hay opciones judiciales. Obviamente, estas ausencias y lejanías demoran los procesos, pero finalmente la norma está diseñada para que tarde o temprano los temas se cierren”.

La separación de bienes puede ahorrar dolores de cabeza

Isaac, de 48 años, no quisiera volver a casarse. Contrajo nupcias con su ahora exesposa, con la que tuvo dos hijos, a sus 21 años. Cuando se divorciaron, tuvieron que repartir los bienes que adquirieron mientras duró la sociedad conyugal sobre la marcha.

El ahora divorciado cuenta que durante su matrimonio él pagaba la mayor parte de las cuentas, ya que ella decía que había aportado con la vivienda. “Entonces mi sueldo se me iba en los gastos, servicios básicos, educación de los hijos, comida; y ella, en cambio, sí podía disponer más de su salario”.

Se dividieron el dinero proveniente de la venta de sus autos. Él se llevó su cama, y pusieron a nombre de su hija un terreno en Playas que habían adquirido. Ahora es gerente de una farmacéutica, y expresa que en el caso de que decida volver a casarse, usaría la figura de las capitulaciones matrimoniales para evitar un nuevo reparto de bienes adquiridos en la duración de la sociedad conyugal.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) contó 55.345 matrimonios en 2022, 1.576 instancias menos que en 2021. Los matrimonios ecuatorianos, además, duran un promedio de 16 años. También hubo 24.595 divorcios, un 9,4 % más que los 22.488 registrados en 2021.

Isaac y su exesposa estuvieron juntos por 15 años, solo un año menos que los 16 que duran los casamientos ecuatorianos en promedio. Esta cifra ha ido subiendo desde 1997, cuando los ecuatorianos duraban un promedio de 12 años casados antes de divorciarse.

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Además, el INEC detalla que antes los ecuatorianos se casaban más jóvenes: los hombres a los 27 y las mujeres a los 24, en promedio, en 1997, comparado con la tendencia en 2022, que demuestra que los hombres tienden a casarse a los 35 y las mujeres a los 32. (I)