Los obstáculos de la vida pueden hacer que una persona deje de lado su propósito y se conduzca en algo que no lo edifica. Pero Joaquín Baños, de 17 años, demuestra lo contrario. A pesar de las adversidades, mantiene su fortaleza.

Nació en la isla Trinitaria, en el sur de Guayaquil. A los 3 años perdió a su madre a causa de cáncer de mama. Desde entonces la crianza recayó en sus abuelos: Bélgica Plúas y Luis Humberto.

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Para Joaquín, ellos son sus pilares. “Mis abuelitos y mi familia han actuado siempre como mis padres y me han cuidado en lo que más han podido”, dice.

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Cuando tenía 13 años empezó a integrarse a espacios estudiantiles en una escuela del mismo barrio. Floreció su gusto por liderar grupos.

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El sistema educativo le incomodaba

Al llegar al colegio, en su primer año, se sintió incómodo. “No por los docentes, compañeros, infraestructura”, señala, sino por el sistema “masificado”.

Notó mucho talento en jóvenes, pero que no eran escuchados, que no había esa oportunidad para crear. Y en ese instante Joaquín se hizo una promesa: no se quedaría quieto.

“Empecé proponiendo al colegio hacer capacitaciones, charlas y eventos que nos permitan motivar a los estudiantes. Que entendieran que la educación pública no es para débiles, es la oportunidad de darle a alguien que por el destino no nos podemos costear educación de calidad”, indica.

Joaquín junto a su abuelita. Foto: Cortesía.

Y en ese trayecto supo de la iniciativa Jóvenes Embajadores 2024, del Gobierno de los Estados Unidos, un programa para jóvenes líderes que impacten en sus comunidades y con la posibilidad de aplicar a un intercambio cultural.

Fue así que Joaquín logró ir a ese país con todo pagado, estuvo entre doce seleccionados y aprendió más sobre liderazgo. “Conocí a muchas personas, organizaciones y aprendí mucho de la calidad educativa de los Estados Unidos”, apunta.

Retornó con convicción clara

Cuando pisó Ecuador no era el mismo. Su idea no era solo un proyecto sino construir un movimiento mundial. “Regresé a mi comunidad muy motivado, lleno de ideas y pasión. Me reuní con un grupo de compañeros y les dije: ‘Hagamos el grupo Jóvenes Intelectuales’. Trabajamos en la implementación y lo culminamos con éxito”, cuenta.

Pero Joaquín no se sentía del todo satisfecho. “Decidí extender este proyecto a otras unidades educativas, el cual cambió a Sociedad Internacional de Jóvenes Intelectuales”.

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Luego de un año de sesiones y de la primera escuela de liderazgo en el sistema fiscal, llegó una nueva oportunidad: el movimiento UWC (United World Colleges), que reúne a colegios de más de 150 nacionalidades.

“Decidí aplicar. No fue fácil, luego de esperar las respuestas, me hicieron una llamada y la recibí con mucho miedo”, relata. En esa conversación se enteró de que fue becado al 100 % para estudiar en el United World College of South East Asia (UWCSEA) en Singapur por dos años. Esto le abre el paso para instruirse en cualquier universidad del mundo.

Me puse a llorar mucho, les avisé de inmediato a mis abuelitos y lloramos juntos porque sabíamos cuánto vale una oportunidad única como aquella”, dice.

Una cirugía puede impedir su viaje

Inició con los trámites, pero cuando se hizo los chequeos médicos el doctor le advirtió de una eventualidad que en Singapur no podía solucionar.

Joaquín tiene pendiente una cirugía maxilofacial desde hace tres años por un quiste. Y las piezas no están completas y requiere de una intervención. “No podía viajar porque representa un riesgo altísimo. Si la pieza llega a moverse en Singapur, era una situación inimaginable”, señala.

La cirugía tiene un costo de entre $ 400 y $ 600, sin contar citas médicas, exámenes. Además de gastos necesarios para ir a Singapur, como traducción de documentos, papeles notariados, visa y transporte antes del viaje.

“Para mí es muy difícil poder recaudar dinero porque aún soy menor de edad y mis abuelitos son de la tercera edad y hacen mucho con conseguir el pan de cada día. Estoy muy orgulloso y agradecido infinitamente porque ha sido gracias a ellos lo que estoy logrando día a día”, asegura.

Quiere ser presidente

El viaje es en agosto y su abuelo labora como zapatero, pero ese ingreso no alcanza. “Ellos me dijeron que siempre hay personas buenas que me podrán ayudar”, dice Joaquín, quien sueña con ser presidente de la República para así retribuir su formación actual y la colaboración que recibe.

“Desde que tengo uso de razón hago las cosas con la ilusión de mejorar la educación de mi país. Sé que es complicado. Me estoy preparando para en unos años convertirme en el presidente de la República, es algo tan loco, pero estoy seguro de que lo lograré, no por ideologías sino por mi causa”, argumenta.

  • Si usted desea ayudar a Joaquín puede hacerlo a través de esta campaña de recaudación: https://donorbox.org/joaquin
  • O a la cuenta bancaria 1070961875, a nombre de Martha Fernández. (I)