Mónica Solano afirma que tener un huerto orgánico le da paz, además de ser la alegría de su familia, quienes son los más emocionados al momento de servirse una de sus cosechas, especialmente la berenjena. La propietaria de La huerta de Moni, un emprendimiento de Guayaquil, cuenta que su relación con las plantas nació hace tres años en momentos de cambios y pérdidas, producto de la pandemia.

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Es sincera al decir que al inicio fue prueba y error, pero nunca se dio por vencida hasta que tuvo su primera cosecha. “El huerto me enseñó que uno puede aprender constantemente, que uno puede rehacerse”, expresa la mujer, de 52 años.

Estos cultivos caseros también pueden ser una herramienta para la educación ambiental de los niños y jóvenes. Les permite experimentar en el huerto, tocar la tierra, reconocer las plantas y comer las hortalizas que ellos mismos han cultivado.

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¿Qué se necesita para hacer un huerto en casa?

Mónica Solano durante una enseñanza en su huerto. Foto: Cortesía de La Huerta de Mónica

Recipientes en los que plantar (cada siembra necesita su propio macetero con un adecuado drenaje), palas, tijeras, guantes, regaderas, rastrillos, semillas de frutas, hortalizas o verduras y abono son los materiales que se necesitan para crear un huerto.

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Miguel Donoso, ingeniero agrónomo, explica que los huertos pueden ser instalados en ventanas, balcones, terrazas o patios utilizando recipientes para el cultivo.

Aunque, según el experto, algunas personas no les agrada la idea de colocarlos en terrazas por la preocupación de la humedad.

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¿Qué se puede sembrar? Entre los principales vegetales que se pueden sembrar en la región Costa: tomate, pimiento, cebolla, rábano, pepino y lechuga.

El especialista explica que no se pueden sembrar en el mismo espacio el tomate y pimiento. “Debe existir una barrera porque ambas tienen plagas y enfermedades similares, lo ideal es que haya un metro de ancho entre estos vegetales”, recomienda.

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Donoso aconseja que se coloque una planta de albahaca en los extremos porque cuando florece, su flor blanca atraen a las abejas, favoreciendo a la polinización en caso de sandía, melón y pepino.

Tiempo

En relación al tiempo de cosecha, los plazos son distintos. Donoso expone que para el rábano son 30 días; lechuga y pepino, entre 50 a 55 días; tomate y pimiento son 90 días; mientras que para la cebolla, es de 100 a 120 días.

En ese sentido, Donoso sugiere que la siembra sea programada con el vegetal que va primero. “Cuando el tomate o pimiento tengan 60 días se puede sembrar el rábano para que coincida en la cosecha”.

Respecto al riego, debido al clima que presenta Guayaquil, debe regarse pasando un día. El primer riego deber ser intenso porque el suelo del huerto necesita humedad, este debe ser escarvado para que toda la tierra del huerto sea humedecida, apunta Donoso.

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No es tan recomendable sembrar en tiempos de lluvia porque el exceso de humedad en el sembrío trae bacterias, hongos y la planta se estresa. “Con esa humedad se va a podrir el vegetal”, dice Donoso.

Beneficios de un huerto en casa

Mónica Solano brinda capacitaciones para quienes quieran aprender sobre huertos. Foto: Cortesía de La Huerta de Mónica

Por siete años, Solano no podía consumir pepino o rábano porque le causaba daño, pero desde que ella los sembró, pudo volver a probar estos alimentos que tanto le gusta. “Mi alimentación ha mejorado muchísimo desde que tengo el huerto. Siempre digo que el mejor crossfit es el que hago con el huerto”, manifiesta la madre de la familia que decide el menú del día en base a la siembra.

¿Cómo evitar desperdiciar alimentos en el hogar?

Por esta razón, Donoso asegura que el objetivo de crear huertos es fomentar una alimentación saludable, además de tener otras implicaciones positivas en el estado de ánimo y la integración familiar: “Los huertos contribuyen a reducir el estrés en las personas”.

Entre los otros beneficios, Solano reconoce un notable ahorro de dinero porque cada persona podrá tener a su alcance hierbas como la albahaca, hierbita, perejil; frutas como maracuyá; legumbres como el tomate o lechuga. Además, que algunas plantas medicinales. “Un huerto es una farmacia”, afirma Solano.

También disminuye el desperdicio de alimentos porque solo extrae la cantidad que va a necesitar para sus comidas.

Solano reconoce que es una gran alternativa en época de lluvia, en el que la venta de productos alimenticios es escaza, en especial por el pronto fenómeno del niño. Para conservar su huerto es importante buscar una zona para protegerlo de la lluvia, o hacerle un techado.

En el caso de huertos realizados en terrazas o azoteas puede llegar a significar un ahorro energético de la vivienda, reduciendo la temperatura y permitiendo un ahorro en climatización, de acuerdo al manual de huertos sostenibles de la Universidad de Alicante, en España. (I)