Belén Cabezas, sentada y esposada de manos y pies, cuenta cómo fue detenida por agentes federales estadounidenses al salir de una corte en el estado de Texas, donde tramitaba su solicitud de asilo, en agosto de 2025.
“El juez dispuso mi estadía en los Estados Unidos. Al bajar en el ascensor, el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) me esperaba. ICE me detuvo, me torturó en el piso, me subió a una camioneta y me trasladó a una comisaría”, recuenta Belén, ecuatoriana oriunda de Riobamba que accedió a contar su experiencia de forma performática como parte de la exposición “Domicilio desconocido”, disponible hasta el 21 de febrero en el Museo Nahim Isaías.
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La muestra, ideada por estudiantes de titulación y profesores de la Universidad Casa Grande (UCG), busca resaltar historias como la de Belén, centrando el desarraigo que sufren deportados, desplazados internos y migrantes en general durante sus procesos de movilidad humana.
Mientras habla de los tratos “inhumanos” que padeció, Belén le muestra al público la tarjeta de identificación que le entregaron en el Centro de Procesamiento del Condado de Otero, en el estado de Nuevo México, uno de los sitios donde ICE alberga a sus detenidos. Eventualmente fue deportada.
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“Bajé de un avión esposada, con esta ropa (...). ICE nunca me devolvió mi pasaporte, mi cédula, pertenencias que ellos tenían en su poder. Al llegar nos recibió la Policía de migración. En mi caso fue muy vergonzoso; para nadie es agradable llegar a un aeropuerto así de esta manera y que la gente te observe, te tache. Pero esa era mi realidad”, señala Belén.
Un ejercicio de empatía
El resto de la exposición también da cuenta de la realidad de los ecuatorianos detenidos y deportados en Estados Unidos. Un ejemplo es una recreación del kit de alimentos que les entrega el Gobierno ecuatoriano cuando regresan al país.
La muestra también incluye testimonios audiovisuales de migrantes venezolanos radicados en Ecuador y experiencias de desplazados internos en Guayaquil, en particular un grupo de jóvenes de Socio Vivienda que tuvieron que abandonar su barrio tras una masacre en marzo de 2025.
Héctor Bujanda, decano de la UCG y uno de los tutores del proyecto, explica que uno de los objetivos de la exposición es despertar empatía en los visitantes. Originalmente el proyecto solo iba a contemplar a migrantes venezolanos, pero los docentes identificaron la necesidad de incluir los fenómenos de deportación desde Estados Unidos y de desplazamiento interno.
En el contexto ecuatoriano, país donde los migrantes venezolanos enfrentan discriminación económica y social, la inclusión de sus experiencias en contraste con las de los ecuatorianos deportados desde Estados Unidos resulta clave: los ecuatorianos también pueden ser ese otro discriminado por su origen o estatus migratorio.
“Esa es la intención final. Los deportados vienen a ser expulsados. Mira lo que significa que te expulsen: regresan con la vergüenza, con el atropello, con tu dignidad en cero, porque te han maltratado como si fueras un delincuente. Fue asombroso conseguir a alguien como Belén (...). Ella tiene todos los papelitos, todas las evidencias de su caso. Todo eso pertenece a la ‘historia universal de la infamia’. Así verán los historiadores del futuro cómo fue el trato de los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos”, indica Bujanda.
El hilo que conecta las historias de desplazados, migrantes y deportados es la experiencia de perder un hogar, según Bujanda; aunque, en el caso de estos últimos, el desarraigo es doble, pues decidieron dejar su país de origen en favor de uno con mejores posibilidades económicas solo para ser expulsados, obligándolos a “empezar de cero” de nuevo.
Una parte de la muestra que intenta comunicar esta conexión entre las historias es seguir los pasos de estas personas, representados por impresiones en forma de huellas regadas en el piso, que contienen datos sobre la migración, como la fracción mínima de refugiados que logran reubicarse en países seguros cada año o las 7.130 víctimas migratorias registradas en julio de 2024.
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Los zapatos desgastados de los migrantes, además, cuelgan del techo, casi con la intención de obstruir el paso a los visitantes, recordándoles el camino peligroso que toman los que deciden dejar sus barrios o países de origen.
Además de generar empatía en los visitantes, el proceso de investigación y creación de la exposición tuvo un efecto similar en los estudiantes.
“Al principio de la investigación hicimos un taller con la Batucada Popular para conocer a los jóvenes que fueron desplazados de Socio Vivienda. Me llamó mucho la atención que ellos son más jóvenes incluso que yo. Me pareció muy fuerte. Es un día a día muy distinto al mío”, dice Nathaly Briones, estudiante de Marketing de 23 años. “Queremos que todos estos testimonios queden plasmados y la gente pueda ver más allá de las noticias y que se sientan en los zapatos de estas personas”.
Bujanda y Nahiara Morán, también docente de la UCG, fueron los guías del proyecto. Daniel Olmedo cumplió la tarea de asesor museográfico, mientras que los estudiantes Luisa Nieto, Paula Pala, Luis Alulema, Nathaly Briones, Luis Gaspar y Valeria López se encargaron de tareas de diseño gráfico, marketing y publicidad. (I)